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Viernes, 22 de enero de 2021

La rosa de nadie 

El poeta Paul Celan | ZENDA LIBROS

Paul Celan desmiente con la suya el aserto, de 1951, de Theodor Adorno de que “No se puede escribir poesía después de Auschwitz”. ¿Por qué no? La poesía, cuando es verdadera –como ocurre con la de Celan–, contiene una sacralidad, un misterio, un respecto tan absoluto por el ser humano y el cosmos, que constituye un muro estético y moral de palabras contra toda barbarie, contra toda aniquilación de los seres humanos y de su dignidad.

El poeta judío Paul Celan (Rumanía, 1920 – París, 1970) – que escribiera en lengua alemana del que este año que termina se conmemora el centenario de su nacimiento y el cincuentenario de su suicidio en París, arrojándose al Sena desde el Pont Mirabeau, el mismo que cantara Guillaume Apollinaire– es uno de los poetas contemporáneos fundamentales en cualquier lengua.

Nosotros tuvimos la fortuna de descubrirlo, allá por la mitad de la década de los setenta, cuando terminábamos nuestra licenciatura en la facultad salmantina de letras e iniciábamos el servicio militar en tierras gallegas. Nada menos que en la localidad abulense de Piedrahíta, en un sello editorial inverosímil (Ediciones Sexifirmo) J. F. Elvira-Hernández traducía y editaba dos de los libros más hermosos de Paul Celan: ‘Rejas de lenguaje’ y ‘La rosa de nadie’. El deslumbramiento de tal lectura fue absoluto. Descubríamos a uno de nuestros poetas predilectos.

Después, en 1983, José-Miguel Ullán, en  la colección Poesía/Cátedra que dirigía, rescataba la hermosa traducción realizada por el poeta experimental palentino Felipe Boso (el mismo año de su fallecimiento) de ‘Cambio de aliento’, otro de los libros importantes de Paul Celan.

Nosotros mismos, en “Pavesas. Hojas de poesía”, publicamos, en 1993, en Segovia, ‘Lectura de Paul Celan: Fragmentos’, de nuestro admirado José-Ángel Valente, con versiones valentianas de varios poemas de Celan y unos fragmentos breves del poeta orensano sobre la poesía del propio Celan.

Un libro –‘Cambio de aliento’– con el que dialoga el filósofo alemán Hans-Georg Gadamer en el hermoso libro titulado ‘¿Quién soy yo y quién eres tú?’. Y dialoga en concreto con la sección de ese libro titulada “Cristal de aliento”. “Los poemas de Paul Celan –indica Gadamer– nos llegan… y nosotros no damos con ellos. Él mismo entendía su obra como una “botella arrojada al mar”; siempre hay alguien, este o aquel, que encuentra el envío y lo recoge, convencido de haber recibido un mensaje… pero ¿qué mensaje?”.

Paul Celan es el autor del poema más significativo sobre el campo de exterminio de Auschwitz, “Fuga de la muerte” (“Todesfuge”), de 1948, e incluido en su primer poemario ‘Amapola y memoria’ (1952). Es una endecha suprema, un poema creado contra la inhumanidad del hombre. Celan nunca pudo soportar la tragedia de ver cómo los nazis apresaban a sus padres, para conducirlos a campos de exterminio, donde terminarían muriendo.

Hay, en toda la poesía de Paul Celan, un continuo afán de dirigirse a un interlocutor, de encontrarse con un “tú”. En una suerte de búsqueda de comunión, de vinculación.

No podemos aquí plasmar todo el abanico de posibilidades que tiene el decir lírico de este poeta judío que escribiera en alemán. Solo, sí, decir que leer a Paul Celan es una de las experiencias espirituales más hermosas que podemos realizar hoy.

En ‘La rosa de nadie’ (1963), nos encontramos con este bellísimo “Salmo”, que da la medida de la inspiración celaniana: “Nadie nos volverá a amasar de tierra y barro, / nadie conjurará nuestro polvo. / Nadie. // Loado seas tú, Nadie. / Por tu amor queremos / florecer. / Hacia / ti. // Una nada / éramos, somos, seremos, / floreciendo: / la roda de nada, / la rosa de nadie.”

Si quieren vivir la experiencia a la que aludimos, en nuestro idioma hay una lograda traducción de las ‘Obras completas’ de Paul Celan, en versión de José Luis Reina Palazón y con un prólogo de Carlos Ortega, publicada en el interesantísimo sello de Editorial Trotta.