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Martes, 26 de enero de 2021

Gemínidas

Comienza una danza que apenas conocemos. No sabemos cuál es su ritmo, su cadencia, cuándo empezó qué orquesta a tocar ese silencio; no conocemos qué instrumentos no suenan en ese espacio que presuponemos oscuro, vacío, que nos intriga a veces por lo lejano, pregunta constante. Qué batuta dirige el Universo, me interrogo.

Una triza de polvo, pequeña, diminuta, de milésimas de milímetro, o de centímetros, allá la suerte con el tamaño, que se desprende de un cometa, quizás de un asteroide, iba haciendo su camino por las vías del tren que van al Sol, y, de pronto, forma una estela, una partícula que se suelta de la mano, y viaja sola, en ese rumbo ignoto.

Dicen que su padre es un asteroide llamado Faetón, formado por rocas, y que al acercarse al dios Sol deshace parte de su cubierta transformándola en polvo. Y todas esas motitas insignificantes que se originan son sus innumerables hijas, que se ponen de acuerdo para desobedecer dando vueltas por el espacio ingrávido hasta chocar con la atmósfera y formar una estela, luz brillante que vaga sin destino para acabar siendo captada, en una noche oscura y callada, por nuestros ojos, ávidos de belleza.

Faetón nos avisa al oído acerca de sus vástagos traviesos, y nos cuenta que son más de cien, cada 60 segundos, quienes se precipitan sin norte formando una lluvia de estrellas.

Las Gemínidas, que así se llaman, nos visitan cada año en Diciembre, y a mediados se amontonan en el cielo yendo de acá para allá, soñadoras, fugaces, sedientas de topar con nuestras ilusiones y nuestra esperanza de cumplir todos los sueños posibles.

Mientras tanto, está presente la luna nueva. Habrá que buscar un espacio oscuro, despejado, sin edificios que nos impidan verlas. Mirar hacia Géminis, pacientes, recostado cerca de Orión. El cielo, entonces, nos permite ver estrellas con patines invisibles que se deslizan con delicadeza o presura, que titilan y refulgen, regalando un guiño a todas las esperas.

Y de finales a primeros, estrenando otro mes, les seguirán las huellas, locamente, sus primas, las Cuadrántidas.

Extraño viaje, de tantos kilómetros, para colmar de respuestas todas nuestras preguntas. Extraño baile, esta blanca lluvia que detiene el tiempo y acelera el pulso.