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Lunes, 25 de enero de 2021

Mundo Rural

A la hora de situar la trashumancia dentro de un escenario global, es importante analizar los puntos en común que tiene con respecto a otras formas de ganadería extensiva. Estas formas de uso del territorio están más extendidas en las llamadas “tierras marginales”: las zonas áridas, más extendidas, pero también las montañosas o subárticas.

En todas encontramos grandes contrastes climáticos entre estaciones, ya sea en términos de temperatura  o  de  precipitación,  que  afectan  a  la  productividad  vegetal  (inestabilidad temporal), pero también grandes variaciones de productividad causadas por diferencias orográficas o de substrato (inestabilidad espacial).

El ganado mostró, desde los comienzos de la ganadería en el Neolítico, tener la ventaja de la movilidad para responder a esa inestabilidad temporal y espacial . Dependiendo de cuán predecible sea el ambiente variable en el que se encuentren, los pastores adoptan diferentes grados de movilidad.

El nomadismo se aplica en áreas especialmente marginales, donde el pastor se especializa en averiguar (“leyendo” el ambiente que lo rodea o usando redes sociales de información) dónde va a haber un pico de recursos que resulte aprovechable. La trashumancia, por el contrario, aparece en ambientes de contrastes climáticos marcados, pero predecibles.