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Lunes, 25 de enero de 2021

Sin discrepancia 

Buenos días amigo. ¿Puedo preguntarte hoy yo primero?

Buenos días amigo. Está usted en su perfecto derecho, Señor Manuel.

¡Hombre! Es que te veo muy cabizbajo y meditabundo, empachoso, afogonado, quejinoso y si me apuras; que no sabes cómo hacer el camino que inicias. Y si lo haces a pie o andando para la vuelta.

Pare, pare ¿Es usted adivino? Porque efectivamente ando con la “flojera” otoñal. No sé si estoy todo eso que usted dice; pero por lo menos confuso, creo que bastante.

¡Cuenta… cuenta! Y desahógate hombre.

Pues verá usted. Me envía un-whatsApp-, desde Madrid-, nuestro querido primo-Luis Eloy- que es un seguidor de siempre de esta-OPINIÓN-, que cuento los martes. Y me dice lo siguiente: “Bonito artículo. Buen reportaje. Estarás contento con el reconocimiento que tienes. Y referente al –léxico-, hacía tiempo que no tenía que recurrir al-Diccionario-, para saber el significado de algunas palabras”.

Por otra parte; recibo otro-whatsApp-, desde-Huelva-, enviado por-Malupe Fuentes- que me comenta referente al mismo-Artículo- de-OPINIÓN-: “Excelente. Qué bien narrado y que-léxico tan auténtico”.

Cómo comprenderá usted, me puse muy contento por estas apreciaciones-SIN DISCREPANCIA-respecto al-léxico- que manejo a menudo en las expresiones y escritos… ¿Tal vez algo empachoso?... pregunto. Aunque debo aclarar a estas personas singulares-Eloy y Mabel-, que ello ha sido posible y fruto de mis experiencias con gentes especiales con las que me he topado en un largo camino que comenzó cuando era joven, casi un niño. Y que se incrementó en tantas-Entrevistas- realizadas en-Prensa, Radio, Televisión y Libros, durante tantos años.

Entonces… ¿Por qué? esa “flojera” otoñal. Cuando has comprobado que los amigos seguidores te hacen alabanzas sin- DISCREPANCIA-: “Diferente desigualdad que resulta de la comparación de las cosas entre sí”.

Pues señor Manuel. Pues que pienso, tal vez sin fundamento, pero con tristeza en que muchas de esas personas a las que entrevisté ya han muerto. Y también con la duda de si escribo de y sobre cosas; que solo gentes ya de una edad puedan comprender.

¡Pues mira! En eso te puedo dar la razón; ya que muchas expresiones que manifiestas, o se han perdido o se van a perder sin duda alguna pues solamente los que somos mayores las recordamos. Pero estoy seguro que tendrás algunas vivencias interesantes a este respecto.

Seguro que sí. Pero antes quiero hacer un pequeño homenaje a una persona singular con la que tuve el placer de poder hablar largo y tendido de lo humano y lo divino. Pues de ambos entendía con mucho fundamento. Don Julián Fuentes Riesco-(q.e.p.d). Médico Cirujano y gran persona y padre de-Malupe-(Que me envió el-whatsApp-desde Huelva). Cuanto me hubiera gustado el hablar con él de esta Pandemia- actual que nos está asolando. Pero hoy contaré una anécdota, de las muchas que tuvo en su larga actividad de-Cirujano Taurino-, y en la vida diaria profesional. “Una vez en Sorihuela, un enfermo mayor con una hernia estrangulada se negó acérrimo a ser operado y tuvimos que hacerlo allí mismo en una habitación que daba a la calle para que los faros de nuestro coche nos diera luz para poder operar”. Ha sido un placer-Don Julián-, el haber vuelto a tener contacto con usted; aunque sea a la enorme distancia a la que ahora se encuentra y el tiempo transcurrido…

Sintetizando mucho; dado que lo que voy a escribir a continuación es la mitad de la mitad de lo ocurrido, quiero decirles a mis amigos-Malupe y Eloy, (del que por cierto hoy es su cumpleaños ¡Felicidades!), que han ponderado y sentido empatía por el –léxico-de lo escrito, que: “La querencia por esta manera de expresión antigua en vocabulario distinto al habitual se inicio tempranamente y tuve los escenarios apropiados para ello en los lugares en que mi padre ejerció de médico. Así a los 6 años de edad, me acercaba hasta el tejar del señor Salustiano en el pueblo de Villaflores (ver foto), donde la gente se reunía los días en que  “enrojaban” el horno para cocer las tejas y ladrillos. Pues era creencia que cuando salía el humo de la combustión y se daba vueltas alrededor aspirando dicho humo… ¡Se curaba la Tosferina! enfermedad habitual entonces. Siempre me quedé con la intriga de si ello sería verdad, hasta que pasados muchos años le hice una-Entrevista-al-Señor Emiliano- que filosófico y un tanto taimado después de hablarme largamente de  los “mercales” para los ladrillos, de la “agarradilla” para las tejas y el “rasero” y el “galápago” a la pregunta: De verdad… ¿Se curaba la-TOSFERINA? Me dijo: ¡Hombre!... Curar… curar no sé; pero mal no iba.

La segunda parada era en el otro tejar del pueblo, el del señor-Francisco Casado-, que además era el Alcalde. Pero era el señor –Benito-  la “voz contante” y de él aprendí, como se “enrojaba” el horno, que era un “chirri”, como era la “remontada” del fuego y más tarde como a “brazaos” se metían las tejas en la tenada. Puedo asegurar que allí no solo aprendí “palabros” dispersos; si no que también supe de lo sabroso que era el tocino con pan de dos días, el chorizo de matanza frito y la cebolla cruda picante. ¡Puras delicias gastronómicas!

La próxima semana, escribiremos de lo mismo… pero diferente. En –EL CERRO Y POVEDA DE LAS CINTAS-, lugares en los que fuimos nómadas circunstanciales también.

Y ahora señor Manuel; usted y yo (ver foto), -SIN DISCREPANCIA-, “ni jactancia ni alabancia” ninguna, vamos a brindar pues no lo hemos merecido, con nuestro clásico-vermú-con anchoas y ricos productos por la-Primera Parte- de este artículo de hoy. Pues no sabe usted lo difícil que es el ponerse delante de un folio en blanco y ¡llenarlo! Y que sea ¡además! ameno, distendido y amable.

¡Te creo! Y más para ti que no manejas –Internet-  y otras “zarandajas” electrónicas y todo tienes que hacerlo a “dolor vivo”; solamente con la ayuda de la memoria, experiencia y los recuerdos… muchos recuerdos. PUES ESO.