Libertad confinada

Este gobierno de coalición ha encontrado la fórmula para sortear los obstáculos legales que dificulten su hoja de ruta y la aparición en escena del covid-19 ha sido la excusa perfecta para ponerla en marcha. Para no tener que dar demasiadas explicaciones, y que los demás tampoco tengan facilidades para pedirlas, nada mejor que recortar los derechos que, según el Título II de nuestra Constitución, amparan al ciudadano español. Dicho y hecho ¡Hala! A escudriñar la Carta Magna hasta encontrar un artículo que pueda aplicarse con toda libertad. Eso, eso, hay que encontrar algo que permita ampliar la libertad del gobierno y recortar la de los ciudadanos. Y todo, dentro de la legalidad. ¡Eureka!: Artº 116.2 de la Constitución y Capítulo II de la LO 4/1981. Ya está todo clarísimo. Ordeno y mando. Eso sí, que a nadie se le ocurra hurgar en el artº 116.6 de la Constitución. Los que lo intenten serán unos fachas.

          Desde que Sánchez hizo ese descubrimiento, estamos condenados a recordar aquello que Dante escribió en su Divina Comedia: “¡Españoles, los que habéis tenido la desgracia de convivir con este gobierno, abandonad toda esperanza de recuperar las libertades que teníais antes de sufrirle! ¡No seréis nunca libres ni conoceréis nunca la verdad!”

          El día que Churchill hablaba de la democracia y el lechero, no había nacido el doctor Sánchez. De haberlo conocido, su definición habría sido otra. En esta España de nuestros días, cuando suena la sintonía de Aló Presidente –por supuesto, en prime time-, debes preocuparte. Te espera, en primer lugar, un “peñazo” de una hora y, a continuación, el anuncio de alguna medida que, si es positiva, no se cumplirá y, si es desagradable, te la envolverán en papel de regalo, pero significará un paso atrás en tu situación actual. Así ha sucedido desde que accedió a la Moncloa.

          Con situación tan complicada en el momento de comenzar la actual legislatura, tanto en el ámbito socio político como en el económico, Sánchez estableció prioridades poniendo el acento en asuntos que, sin ser merecedores del olvido, no eran los más apremiantes. La capa de rancio progresismo que le envuelve, unida al populismo marxista de Pablo Iglesias, han servido para colmar las aspiraciones de dos aprendices de dictador con resabios de revancha, dispuestos a encabezar un gobierno de corte frente populista; ese que ha llevado a la ruina y la esclavitud a los pueblos que lo han adoptado. Todo lo anterior, que es de dominio público, parece que no inquieta a demasiados españoles dispuestos a seguir los experimentos del único gobierno social comunista de Europa. Cuando unieron sus fuerzas para hacerse con el poder –a pesar del “teatro” previo de Pedro, no tardaron más de cinco minutos en estar de acuerdo en todo-, se presentó a lista alguien que no estaba invitado: el covid-19. La pareja de estadistas decidió que un bichito tan insignificante no iba a dar al traste con su proyecto. Obnubilados por sus sueños, se olvidaron de lo necesario y adaptaron su hoja de ruta a satisfacer las aspiraciones de un sector de la población –en realidad, las de una izquierda poco moderada-, sin atacar los muchos problemas que afectan gravemente a toda la sociedad. Cuando los dos apóstoles del progresismo, Pedro y Pablo, hablan de gobernar para todos los españoles, quieren decir que el conjunto de españoles del espacio liberal conservador no está comprendido en ese “todos”.

          El excesivo ego de Sánchez ha bastado para acabar con su mínimo capital democrático. Ha pisoteado todos los principios que deben adornar a cualquier gobernante, no digo rigurosamente demócrata, hablo de alguien que debería estar alineado con muchos líderes socialdemócratas del mundo occidental. Por no hablar de otros dirigentes de su mismo partido que nunca cayeron tan bajos como él, ni de los que ostentan puestos de responsabilidad en sus filas y, no comulgando con sus ideas, carecen de la valentía necesaria para no seguir su ejemplo.

          En todo caso, este inconcebible gobierno ya ha dado suficientes muestras de querer implantar una clase de progresismo mendaz que le permita perpetuarse en el poder apoyado en estos principios: el empleo de la mentira, el control de las libertades y la vuelta al revanchismo. Basta tomar nota de sus primeros conatos legislativos. Con una situación sanitaria verdaderamente dramática y una crisis económica que nos ha llevado a encabezar la lista de naciones más perjudicadas, las prisas han llegado para resucitar los errores de nuestra guerra civil, para anular cualquier reforma introducida por gobiernos anteriores –por muy positivas que hayan resultado- o para satisfacer las exigencias de partidos políticos independentistas y filo terroristas.

          En el colmo de la desfachatez, ya no se molestan en negar lo evidente, como hacían en los albores de su mandato: (“El ministro Ábalos no se reunió en Barajas con la venezolana Delcy Rodríguez” ¡Ni lo volverá a hacer!; o “No es cierto que Pablo haya hecho desdecirse a Pedro en más de una ocasión” ¿Será la derecha culpable, de nuevo?)

Ahora se ponen la mascarilla, pero se han quitado la careta; ya legislan a calzón quitado. (“Hemos tenido que negociar con Bildu porque demuestra ser una formación política con más sentido de Estado que el PP” ¡Claro, son hombres de paz! o “El gobierno ha tenido que negociar con ERC porque Madrid rompe la unidad de España” ¿Es que Ayuso, Martínez-Almeida y Aguado están en Alcalá Meco y yo no me he enterado?)

Entre las medidas que propone el gobierno para liquidar el coronavirus y, de paso, acabar con la profunda crisis económica que ahoga a tantos españoles, nuestro gobierno, previo informe de la comisión de expertos, ha tenido a bien ordenar -o lo hará no tardando- las siguientes:

  • Abolir la consideración de vehicular al idioma castellano.
  • Anular el derecho de los padres a elegir centro escolar.
  • Relegar paulatinamente los centros de educación especial.
  • Conceder a los alumnos la posibilidad de pasar curso, a pesar del número de suspensos.
  • Recortar progresivamente el apoyo de los presupuestos a la enseñanza concertada.
  • Apoyar el empleo de la eutanasia.
  • Controlar los alquileres, cobijar la okupación y prohibir los desahucios.
  • Promulgar una Ley de Memoria Democrática Selectiva
  • Compensar uno de los apoyos a los Presupuestos con 20 hectáreas de terrenos estratégicos en San Sebastián (1)
  • Negociar otro a base de acomodar la ley penitenciaria a los condenados por terrorismo.
  • Premiar otro con la promesa de modificar el código en lo referente al delito de sedición, y la de prohibir a la Comunidad de Madrid que baje los impuestos. Los nacionalistas catalanes pretenden que Madrid, además de ser quien más fondos aporta al FCI, suba los impuestos para costear sus caprichos independentistas. (2)
  • Ante el rechazo general al intento de subir el sueldo a los parlamentarios, aprobar una subida de sueldo a los ministros, con un reñido resultado en la votación: SI, 23; NO; 0, ABSTENCIÓN, 0
  • Proponer a Bruselas unos Presupuestos –para tres años, por si acaso- que incumplen la recomendación de controlar el gasto y no aumentar la presión tributaria.

 

Como se ve, con estas medidas, se acabaron los problemas. La excesiva presión que soporta el personal sanitario con los contagiados por coronavirus, la de los españoles pendientes de cobrar los ERTE, la de los desempleados, la de los autónomos, la de los que nunca podrán reabrir sus empresas, la de los que ahora pagan sus impuestos en la Comunidad de Madrid, las graves consecuencias que la inmigración está ocasionando en Canarias. o el conjunto de ciudadanos que debemos ser vacunados siguiendo el plan que ha preparado el comité de expertos, son problemas que se solucionarán automáticamente. Sánchez está empeñado en gobernar con la ayuda de quienes están dispuestos a romper la unidad de España y de los que apoyan estas conductas en el Parlamento Europeo y se queda tan pancho ¡Pobre libertad confinada!

 

  1. La cesión de estos terrenos al Ayuntamiento de San Sebastián no viene a solucionar un problema de escasez de superficie. Es la culminación de la vieja aspiración nacionalista: dar el primer paso para expulsar al Ejército del País Vasco. Lo que nunca concedieron PSOE y PP, lo ha dado el “progresista” Pedro Sánchez, desoyendo el criterio de las Fuerzas Armadas.
  2. Si lo que se pretende es la famosa armonización, llevémosla a todos los ámbitos de la política ¿Por qué no se comienza suprimiendo los beneficios que disfrutan algunas comunidades peninsulares en lo referente al régimen fiscal? o ¿Por qué no se modifica la ley electoral para que determinados partidos políticos puedan alcanzar, por ejemplo, 5 escaños en su demarcación con un número de votos, si en otra distinta, y con los mismos votos, no obtendrían ninguno?