Están todos catatónicos

ESTÁN TODOS CATATÓNICOS

     Da igual que  les hablen de infectados, de muertos, de que los casos se multiplican, de que vamos cada vez peor. La gente no hace caso de nada. Nadie guarda la distancia, si yo me aparto se vienen hacia mí, actúan como si no pasara nada. Me aparto para no chocar con una mujer y un obrero en una obra bromea: No te arrimes, ja, ja no te arrimes. ¿Tantos muertos y personas jodidas son una  broma?

    Y hacen fiestas en los pisos. Y exigen que funcionen las discotecas. Y se mezclan unos con otros como si hubiera una orgía de cuerpos en todas partes. Y se ríen de todo. Y protestan si se toman medidas. Y no se enteran de nada.

    ¿Será que les da igual todo? ¿Será que no creen en las informaciones? ¿Será que quieren vivir cada instante y después que venga el diluvio? ¿Será que lo toman todo a broma? Cualquiera sabe. Actúan como sordos y ciegos. Algunos miran el móvil y chocan conmigo, otros hablan con toda frivolidad, otros caminan como en tiempos remotos y felices.

     Alguno pensará en aquellos que disfrutan comilonas en medio de las bombas de la guerra mundial, en los que vivían orgías frenéticas en mitad de la peste. Pero esto es mucho más idiota. Porque aquello no tenía remedio, estaba bien aprovechar los últimos segundos, pero esto se podría arreglar si todos nos cuidáramos. Pero no lo hacemos.

      Pienso en “Los indiferentes” de Alberto Moravia, en los años cincuenta. Personajes que son indiferentes a todo, que se dejan llevar, a los que nada interesa. Pero qué vacía la vida cuando nada interesa, aunque existen tantas cosas apasionantes, tanta vida por vivir. Por mi parte preferiría privarme un poco durante un tiempo y acabar con esta plaga de una maldita vez.  Porque existe tanta vida.

ANTONIO COSTA GÓMEZ, ESCRITOR