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Miércoles, 27 de enero de 2021

El despertar de un sueño

 

No hay discusión: el artista se marcha, pero nos deja, para siempre, el legado de su arte.

Mientras Virgilio Blázquez “Capucho” perfilaba con su guitarrista los últimos flecos de la grabación de su segundo “compact disc”, yo saboreaba los primeros tarantos, con que abre su profunda y limpia selección de cante “Jondo” de su primera publicación.

Sabía que Virgilio cantaba y que lo pegaba bastante bien, pero quedé bastante impresionado, al observar la fuerza de su voz, la facilidad con que interpreta los distintos ritmos y la verdad de su cante. No se concibe, como Virgilio “Capucho”, a  su edad, pudo presentar su cante con esa seguridad y limpieza con que lo interpreta;  pero todo es posible cuando alguien vive para una ilusión, se cuida,  aparca el tabaco y el vaso de vino lo usa para templar las cuerdas de su voz y para compartirlo con los amigos.

Quedan muy lejos aquellos domingos, en que su amigo José “Belloto” reunía a varios muchachos del pueblo en la trasera de la iglesia para escuchar a Virgilio. Tenía entonces diez años. Y siguió cantando en los corros que se formaban, después de misa, en las tabernas de Pedro y del Moreno. Y siguió cantando mientras abría el surco de la besana del señor Juan Bautista. Y siguió cantando mientras desataba los vellones, recogía el menudo y vareaba la lana en la plazuela del pueblo y, ya más tarde, en el almacén de su tienda. Hoy, cuando toda la colchonería ha sido invadida por el colchón “flex”, solo queda, como recuerdo de antaño, en un rincón oscuro, la romana que le hizo, ex proceso, Julián, el ferretero de la calle Toro y el despertar de un sueño.

 Dicen que el hombre se jubila, para que pueda realizar todo aquello que no pudo hacer en sus años de faena. Y para Virgilio, su sueño, su gran ilusión, ha despertado. Y lo ha logrado. Él quería dejar a sus hijos, nietos y amigos de verdad la impronta de su cante del bueno, sin trampa, a pelo, como lo hacen los grandes, y ahí queda esculpida en la cinta metálica de sus “compacts”.

La afición al cante le viene de largo, sus bisabuelos, abuelos y toda la familia “Capucho” cantaban y cantan bien. Me decía que su padre tenía una gran voz y un gran pulmón. Y, de este combinado familiar, emana, sin duda, la profundidad y la verdad de sus seguidillas y tarantos.