La corona

Parece que el tema del rey emérito se vuelve a poner de moda y no precisamente son buenas noticias. ¡Cómo pasa el tiempo! Hace ya casi 45 años que el régimen político del Estado español pasó de ser una dictadura a reconocerse, a reconocernos, como una Monarquía parlamentaria tras el preceptivo referéndum y después de ser publicada la Constitución en el Boletín Oficial del estado de fecha 29 de diciembre de 1978, aunque ya teníamos rey hacia 3 años. En 1975 los Borbones regresaban a España, un país en el que iniciaron su reinado en 1700, sólo interrumpido en algunos períodos[1] que en total suman 53 años.

Juan Carlos I tomó el relevo a su abuelo Alfonso XIII tras la dictadura del General Franco. Si el dictador accedió a la Jefatura del Estado por la fuerza de la armas, el rey llegaba a ella por “designio divino”. Juan Carlos I vino a dar continuidad a un régimen que fue fruto de un golpe de estado. Su abuelo había apoyado el que, en septiembre de 1923, diera el entonces capitán general de Cataluña Miguel Primo de Rivera. De casta le viene al galgo.

Muchos son, somos, lo que creemos que las monarquías son instancias de poder que ya debieran estar superadas por las democracias modernas y lo que se dice de la Corona española en la Constitución de 78 pone de manifiesto claramente algunos de sus aspectos más anacrónicos.

Artículo 57.

  1. La Corona de España es hereditaria en los sucesores de S. M. Don Juan Carlos I de Borbón, legítimo heredero de la dinastía histórica. La sucesión en el trono seguirá el orden regular de primogenitura y representación, siendo preferida siempre la línea anterior a las posteriores; en la misma línea, el grado más próximo al más remoto; en el mismo grado, el varón a la mujer, y en el mismo sexo, la persona de más edad a la de menos.

Pero el caso es que en el artículo 1 queda meridianamente claro que: La forma política del Estado español es la Monarquía parlamentaria.

El barón de Montesquieu filósofo y jurista francés del siglo XVIII y autor de la célebre obra El espíritu de las leyes, escribió: La libertad es el derecho a hacer lo que las leyes permiten. Por supuesto no estoy cuestionando el derecho a la disidencia, la libertad de opinión es un derecho constitucional, pero siempre teniendo presente la máxima kantiana: Obra de tal modo que la máxima que guie tu conducta pueda convertirse en ley universal. Repito: Obra de tal modo que la máxima que guie tu conducta pueda convertirse en ley universal. Si optáramos por no cumplirla ley, deberíamos aceptar que nadie lo hiciera y esto imposibilitaría cualquier tipo de convivencia social.

Hoy se pone en tela de juicio la monarquía, y está bien hacerlo, pero en una gran mayoría de los casos, por lo que leo y escucho, las críticas se centran más sobre el monarca, en un determinado monarca. Si queremos eliminar la monarquía como forma de estado se deberá cambiar la Constitución y no puede hacerse sin seguir las normas existentes para lo que es necesario obtener una amplia mayoría de los ciudadanos. El reproche a un determinado monarca, a una persona en particular, queda a la libre opinión de casa uno, pero es muy importante tener clara la diferencia entre las instituciones y sus miembros.

No podemos eliminar el Poder Judicial porque de él formen parte jueces corruptos, ni suprimir o expulsar del país a una determinada religión porque algunos de sus miembros sean unos pervertidos. De igual modo no se puede “pasar por la guillotina” a toda la clase política porque algunos de sus integrantes sean ladrones o disolver el Ejercito o las Fuerzas de Orden Público porque en su seno existan personas que se extralimiten en sus funciones. Los casos particulares deben ser corregidos haciendo caer sobre ellos todo el peso de la ley, pero toda generalización es injusta y una injusticia nunca produce resultados justos. En palabras de Martin Luther King: La injusticia, allí donde se halle, es una amenaza para la Justicia en su conjunto.

Si queremos cambiar las cosas, incluso las leyes, hagámoslo, pero siempre respetando aquellos acuerdos que nosotros mismos nos hemos dado para convivir como sociedad. No estoy defendiendo la monarquía, sólo apelo al respeto a la ley que todos debemos asunmir en un país democrátrico. Como afirmó Winston Churchill, el que fuera Primer Ministro del Reino Unido: La democracia es el peor sistema de gobierno diseñado por el hombre. Con excepción de todos los demás.

 


[1] La ocupación napoleónica (1808-1813),​ el Sexenio Revolucionario (1868-1874), la Segunda República (1931-1939) y la dictadura del general Franco (1939-1975).