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Miércoles, 20 de enero de 2021

Tú sigue inventándote UCIs que ya vacuno yo

Esto ya existía y la pandemia simplemente lo ha acentuado. No es cosa de los nuevos políticos, pero en su debe podemos anotar que viven por y para su continuidad, y es tan escaso el haber… No pueden consentir que una pandemia para la que no estábamos preparados, precisamente porque no existen resortes sociales y administrativos que prevean lo que no es imprevisible, venga a estropear lo que les ha costado años conseguir. Años con sus insomnios que en el cuerpo llevan (y en la hemeroteca, que nunca cuenta como bulo), con sus eludibles traiciones a compañeros de partido (que no eludieron), y con sus abrazos para no caerse, a la farola más próxima si hizo falta. De las falsas promesas al votante…, ¿tampoco cuentan como bulo?

A lo largo de los meses, y lo que nos queda, unos y otros, y esto afecta a cada sigla y a cada lugar, ya sean gobierno u oposición, vemos que van colando mensajes efectistas que si por algo se distinguen es por traspasar al oponente el testigo de la culpa y el error. La patata caliente, siempre para el otro. Está también la opción, quizá más arriesgada en estos tiempos en que la situación es difícil de controlar, de intentar vender como acierto lo que puede serlo parcialmente, exagerando méritos y acaparando foco: hospitales de pandemias sin reforzar la atención primaria, medicalizar residencias tarde y mal, cribados sin venir a cuento, ingresos mínimos vitales que no fluyen… Por desgracia, multitud de medios de comunicación contribuyen a la propaganda, haciendo de meras correas de transmisión y lanzando las consignas recibidas. Hay más fanatismo en algunas redacciones, bien menguadas, que en reuniones de partido, sean de planta noble o de taberna. No es ya que hagan noticia de una nota de prensa, por la vía del copiar y pegar, sino que a menudo el argumentario de turno es indistinguible de una línea editorial: ¿periodismo?, ¿entonces tampoco cuenta como bulo?

Ahora nos encontramos en la penúltima batalla del relato, como si viviéramos en medio de una narración en lugar de la vida real, con su virus negado por los negacionistas: es un complot de todos los médicos que mentimos en los certificados de defunción, y esas cosas que se leen, aunque haya miles de muertos por Covid, ¡por!, todavía en el cajón. Para algunos, lo sencillo es negar y achacar el caos al que pille más cerca. Lo mismo con los contagios, aunque resulte francamente difícil localizar la mayoría de ellos. Y si antiguo sonaba el confinamiento, de resonancias medievales, qué decir del estigma asumido por algunos infectados: v.g., esas compañeras de piso tan insolidarias a la hora de afrontar el contagio de una de ellas.

En este momento de la secuencia, decía, toca apuntarse el tanto de la vacunación, que es la parte bonita de la historia, la del hermoso príncipe que viene a dar el beso a la durmiente princesa (¿debo pedir perdón por el macro-machismo?). Uno se llena de responsabilidad al saber que tengo a cargo, junto a mi compañera Belén en la enfermería, nada menos que seis puntos de vacunación de los trece mil que se van a desplegar. Porque la cifra dada se refiere a los centros de salud y consultorios sanitarios locales desperdigados por toda España. Cuatro mil, casi un tercio, los tenemos en las provincias leonesas y castellanas para el cinco por ciento de la población española: aglomeraciones no deberíamos padecer por estos lares tan olvidados.

Mientras tanto, en lo que se aprueba al menos una vacuna, que están subiendo mucho las acciones de los vendedores de piel de oso sin que haya llegado el cazador, otros, ¡qué remedio!, ¡tú la llevas!, se siguen inventando UCIs sin médicos intensivistas ni enfermeros especializados en el manejo de estos pacientes. Estas UCIs inventadas, a las que llaman extendidas porque suena mejor, tienen un porcentaje de ocupación que sirve para irnos orientando en el seguimiento de la pandemia, con lo que manejamos una brújula trucada: ¿no me digan que tampoco esto cuenta como bulo?

En la imagen, el presidente del Gobierno de España visita una planta de fabricación de mascarillas, no sea que alguien piense que va a poner una vacuna, o algo así...