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Sábado, 23 de enero de 2021

Goya: pinto y dibujo nuestras miserias (II)

“Las obras de arte se dividen en dos categorías: Las que me gustan y las que no me gustan. No conozco ningún otro criterio” (Anton Chejov)

 Los desastres de la guerra. Es una de las series más realistas. Desde siempre se le ha visto como quien puso sobre el papel o sobre el lienzo los desastres que causaban las guerras. Es reiterativo a conciencia, si representa de manera consecutiva varias montañas de muertos es porque quiere incidir en que era así. Hombres, mujeres, niños y ancianos que luchan, matan y mueren. Víctimas y verdugos. La muerte iguala a todos, representa los cuerpos con naturalismo, algunos parecen estudios del natural, aun así, transmite destrucción.

Goya se libera técnicamente: dibujos nada precisos, tan abocetados que no los mantendrá exactos en la lámina de cobre con la que se reproducirán y se difundirán estas imágenes, por tanto, su forma de ver el mundo. Su sentido crítico está totalmente acentuado en estas piezas, la realidad pasa por el tamiz de su imaginación, interpreta lo que ve y lo que vive. Pero no son una crónica, son pura sátira del complejo tiempo de Fernando VII y de sus vaivenes, que alternaron el absolutismo y su feroz represión con breves periodos de mayor libertad y esperanza, en los que el Rey llegó, incluso, a restablecer temporalmente la Constitución.

 En sus grabados de Tauromaquia que realizo entre (1814-1816) Al contrario de lo que se podría pensar, Goya no es taurino. Representa a hombres, toros y caballos enfrentándose en desigualdad de condiciones. Refleja la muerte trágica, es una alegoría de la violencia totalmente arraigada en España. Cuando, en 1816, se puso a la venta esta serie fue un fracaso comercial. Las composiciones se sitúan en el ámbito crítico y dramático de los Desastres de la guerra, y el artista se hace eco en ellas del debate sobre la legitimidad de la tauromaquia que existía en la sociedad ilustrada. Y, como era el espectáculo favorito de los españoles, y acto social de Reyes y plebeyos, aprovechaba la ocasión, para criticar, los desencuentros entre españoles, validos, borrachos, pendencieros, cómicos, aduladores, toreros de una u otra condición. Implacable crítico de la sociedad, la realidad y la estupidez humana. Su temática al respecto, se puede observar en toda su obra expuesta al mundo…

Con sus dibujos y estampas, Francisco de Goya alcanzó en sus últimos años la libertad creativa para volcar en ellos sus inquietudes y su visión de lo que le rodeaba, pero también son la manifestación vital de un anciano decepcionado con su época, sufrió una consecuente bajada de sus ingresos y parte de sus amigos y apoyos se marcharon al exilio, represaliados. La dosis de fantasía aplicada a los dibujos es filtrada por el tamiz del pensamiento, lo que genera imágenes de tal fuerza que se convierten en iconos de la locura y la irracionalidad humanas. La presencia de desfavorecidos, de la violencia contra la mujer o de las consecuencias de la guerra así lo ratifican.

Al recorrer cronológicamente la obra gráfica de Goya, se observan temas e ideas recurrentes durante toda su carrera, algunas tan avanzadas como la defensa de la mujer. Si algo destaca en ellos es su intensidad emocional: los rostros no solo muestran la fisionomía del retratado, sino que revelan su más íntima personalidad. Una hondura presente en toda su carrera y que, en los dibujos, se observa en sus autorretratos o en los retratos de sus familiares y amigos.

Goya, que vivió una convulsa época histórica, supo lo que era que el pueblo se echara a la calle. La violencia en los dibujos de Goya se muestra de distintas maneras: también para denunciar. Es lo que ocurre cuando muestra las consecuencias de los estragos de la guerra, del bandolerismo, de las corridas de toros, la mala educación, la venganza, la represión o la ignorancia. Todo, de nuevo, producto de la irracionalidad del ser humano.

En la misma línea de defensa de la mujer, la violencia en el matrimonio es otra temática recurrente. De hecho, este es uno de los casos más evidentes de la libertad de Goya en esta época, a partir de criticar determinados comportamientos masculinos que merecen ser reprobados que cosifican a la mujer.

Goya asocia la vejez a incapacidad, incertidumbre, miseria e incluso degradación moral a través del vicio o los pecados capitales, especialmente la avaricia, la lujuria y la vanidad. Otro tipo de ancianos, los desfavorecidos, le ayudan a hablar de la muerte: una opción que irá adquiriendo cada vez más trascendencia hasta convertirse en verdaderas reflexiones sobre el destino del hombre. Y reflexiona sobre un tema hoy de candente actualidad, la eutanasia, o la ayuda al bien morir, que Goya representa en sus dibujos.

Aunque Goya conservó sus dibujos mientras vivió, su muerte supuso la dispersión de muchos de ellos. Donaciones, necesidades económicas de los herederos o subastas justifican la presencia de estas obras en museos y colecciones de todo el mundo. Mejor: así todos hemos disfrutado de su obra inmortal,  que era español y, aragonés.

                Fermín González    salamancartvaldia.es                 blog taurinerías