Lombardi, el jugador de la Unión que no aguantó la burbuja del fútbol

Un futbolista que renunciaba a ganar ingentes cantidades de dinero en el olimpo del fútbol y a la carismática selección albiceleste, para ganarse un sitio en la sombra.

Gustavo Lombardi jugó en Primera división con la Unión Deportiva Salamanca la temporada 97-98 en una estupenda plantilla con Giovannella, Taira, Pauleta, Brito, Lanna, Popescu, Sito, Vellisca, Edu Alonso o el propio Stelea, entre otros. Primero con Goiko como entrenador, al que sucedió Txetxu Rojo. Aún recordamos la goleada al Valencia, 6-0, o la remontada al Barcelona, 4-3 en un memorable partido.

El jugador argentino, internacional en varias categorías ‘sub’, había militado en el River Plate, probando en el fútbol inglés, para volver otras tres temporadas a River y terminar su periplo español en el Alavés. Un futbolista competente y un tipo sencillo y educado al que le daba corte que lo conocieran por la calle porque no llevaba nada bien ser popular.

El que había sido un brillante lateral derecho de la Unión nos sorprendió un día anunciando su retirada del fútbol. Lo curioso fue que tan sólo tenía 27 años y más sorprendente que seis meses antes había conseguido el privilegio vestir la camiseta de la selección argentina. Siempre he recordado de memoria el titular de la entrevista para Salamanca actualidad  que realizamos en la admirada Plaza de Anaya, junto a las majestuosas catedrales, orgullo de los salmantinos. Nuestro protagonista lo tenía claro: “Nunca me acostumbré a la pérdida de anonimato que provoca el fútbol”.

El caso era insólito. Un futbolista que renunciaba a ganar ingentes cantidades de dinero en el olimpo del fútbol y a la carismática selección albiceleste, para ganarse un sitio en la sombra. “La mayoría de los profesionales aman el fútbol y lo ponen por encima de casi todo. Yo no. Me gustaba, pero no era lo más importante de mi vida”.

Lombardi tenía que “relegar un montón de cosas más importantes” y eso le generaba “una contradicción” y le molestaba de una forma evidente… “Empecé a sentir rechazo. Soy consciente de que para rendir bien necesitaba estar al cien por cien; no soy como otros que al cincuenta por ciento siguen siendo importantes. Y no estaba para ese esfuerzo mental”.

Tributo a la fama, cámaras, autógrafos, pérdida de privacidad…  No todos lo asumen de buen grado. Deportistas, artistas, grandes estrellas… Claudio Barragán contó en el Salamanca que el futbolista que había conocido con más paciencia era Julen Guerrero, al coincidir en la Selección, pues al parecer el centrocampista del Athletic, que había renunciado a ofertas de los mejores equipos de Europa por jugar de por vida en su tierra, aguantaba largas colas de aficionados que reclamaban su firma.

La última vez que jugó la selección española en el Helmántico, partido contra Lituania, en la rueda de prensa posterior al partido algunos jugadores me llamaron la atención por su cortesía con los medios de comunicación. Fernando Llorente, David Silva, Adúriz y Cazorla sobre todo, fueron cordiales especialmente, sin prisas. Algunas de las estrellas ni aparecieron. Un periodista que seguía a la Selección me comentó que Pujol y Piqué no actuaban precisamente con la sencillez de muchos de sus compañeros y en numerosas ocasiones no realizaban declaraciones.

Pero la historia de Gustavo Lombardi me sigue sorprendiendo: “Jugar con la selección absoluta de mi país supuso para mí una alegría enorme, fue impresionante, una selección con tato carisma, un equipo de superestrellas”. A pesar de todo eligió pasar a la sombra… “La gente piensa que se entrena dos horas tres días y luego te vas a casa. A veces es así, pero influye en tu vida personal, porque todo el mundo te conoce. Y en España no tanto, pero yo viví experiencias bastante difíciles en Argentina, donde la gente es mucho más fanática y en las derrotas no te respeta. Entonces en el fútbol, si te gusta esa vida a la vista de todos, te adaptas, y si no, te tienes que quedar en tu casa. Todas esas cosas me hacían pensar que no iba a ser el típico futbolista que se retira a los 35 años, sino que me iría antes”.

El ex unionista me reconoció que después de dejar el fútbol había recuperado la plenitud. “Primero estoy liberado y luego soy feliz por estar libre, y no me arrepiento, lo echaba de menos y me planteé muchas veces volver y tuve oportunidades, pero no me interesaba lo que tenía que hacer para el regreso”.

Gustavo Lombardi no se acostumbró a la burbuja que envuelve al deporte rey. Me confió que cuando estaba aquí siempre dijo que iba a volver a Salamanca –“hice muy buenos amigos, gente que me trató muy bien, luego la ciudad me encantaba, su ambiente, tranquila, preciosa…”, explicaba radiante. Y adquirió el popular café Canaletto en la calle Azafranal, pensando también en su familia, que había aprendido a amar a nuestra ciudad cuando venía a verlo en el Helmántico. Hoy es periodista deportivo y comentarista en su país, donde se recuerda esta historia, que tuvo emocionantes episodios en Salamanca.