Sábado, 28 de noviembre de 2020

Compuestos y sin hospital nuevo aún

Los años siguen pasando y, desgraciadamente, Salamanca sigue sin contar con el hospital nuevo, que debería haberse inaugurado hace ya más de un lustro. Y es que, aunque se encuentra ya prácticamente acabado, lo cierto es que seguimos sin poder contar con sus instalaciones, algo que nos habría venido como anillo al dedo para afrontar tanto la primera como la segunda oleada de la pandemia del coronavirus.

De hecho, en la provincia hemos visto cómo no sólo no se ha puesto en marcha el nuevo hospital en Salamanca, sino que al hospital Virgen del Castañar de Béjar se le suprimieron en el inicio de la pandemia todos los servicios hospitalarios sin que se le hayan devuelto, y otro tanto se puede decir del Centro de Especialidades de Ciudad Rodrigo, a lo que habría que sumar que en el noroeste salmantino seguimos sin contar con una ambulancia de emergencias.

Todos estos hechos conjugados tienen como consecuencia que se dé una mayor concentración de pacientes en el Hospital Universitario de Salamanca, al tener que acudir desde toda la provincia al mismo tras vaciarse de numerosos servicios sanitarios las cabeceras comarcales, aumentando con ello también la posibilidad de contagio en las comarcas, al haber un mayor flujo de personal por dicha concentración de servicios, pudiendo haber contribuido este hecho al repunte de casos de covid dado en la última semana en Béjar o Peñaranda de Bracamonte.

Entretanto, parecería lógico que la Junta de Castilla y León hubiese dado el impulso definitivo en los últimos meses al hospital nuevo de Salamanca, de cara a haber podido contar con él en un otoño en el que se sabía de antemano que habría una segunda oleada de coronavirus tras habernos dado cierta ‘suelta’ en verano. No obstante, todo ha seguido al ‘ralentí’ y ya casi finalizado 2020 seguimos en las mismas que hace un año, dos, cuatro, seis,… compuestos y sin hospital nuevo en Salamanca.

Curiosamente, en lo que sí ha decidido el gobierno autonómico invertir varios millones en el último mes ha sido en recuperar el viejo hospital Río Hortega de Valladolid, de cara a llevar allí pacientes covid de toda la comunidad autónoma ante el colapso de los hospitales existentes en la actualidad. Sin embargo, no parecen haberse planteado la posibilidad de poner a punto el hospital nuevo de Salamanca para ponerlo en marcha y, llegado el caso, que pudiese desarrollar esa función, como también podría desarrollarla parcialmente el hospital Virgen del Castañar de Béjar, al que le hace falta una inversión de mejora como agua de mayo, y que podría prestar una ayuda vital en una situación sanitaria como la actual. Pese a ello, el camino tomado por la Junta para con el centro hospitalario bejarano ha sido vaciarlo de servicios y personal, dejando un hospital ‘fantasma’.

Por otro lado, en lo que concierne al hospital nuevo de Salamanca, llama la atención el hecho de que, desde que se iniciaron los trámites para su construcción, la Junta ha inaugurado ya dos hospitales de nueva construcción, el nuevo hospital Río Hortega de Valladolid (en 2008), y el Hospital Universitario de Burgos (en 2012), mientras en Salamanca todo el proceso para llegar a tal punto ha seguido (y sigue) a paso de tortuga.

De hecho, en la construcción de los nuevos hospitales burgalés y vallisoletano la Junta empleó prácticamente la mitad del tiempo que lleva ya consumido para construir el nuevo de Salamanca, que va camino de la década y media en erigirse, frente a los siete que tardaron en construirse dichos hospitales nuevos en Burgos y Valladolid. Para colmo, las sábanas viejas del antiguo hospital burgalés General Yagüe acabaron en el Complejo Hospitalario de Salamanca, dado que la Junta decidió dotar de material nuevo en este ámbito al recién inaugurado Hospital Universitario de Burgos, derivando el viejo a Salamanca, hecho por el cual podemos observar la existencia en Salamanca de sábanas con serigrafía alusiva a dicho hospital castellano.

Una comparativa en los plazos que evidencia la desastrosa gestión que viene sufriendo Salamanca en materia sanitaria desde las instituciones de la comunidad autónoma, como mostraría también el hecho de que en verano la Junta no hubiese dotado de reactivo suficiente para realizar las PCR necesarias en Salamanca, que acabó derivando en que, por un lado, centenares de pruebas quedasen sin realizarse en tierras salmantinas (pese a ser obligatorias por los protocolos fijados por el Estado), y por otro, que 6.000 pruebas salmantinas fuesen trasladadas a Segovia. Y es que la Junta de Castilla y León había dotado de una cantidad de reactivos al hospital segoviano que superaba con creces sus necesidades para realizar PCRs.

Tras todo ello, ahora, el último capítulo de maltrato a Salamanca en materia sanitaria se da con el ‘decretazo’ de la Junta para blindar legalmente que médicos especialistas en Medicina Interna de hospitales como los de Salamanca o Zamora puedan ser obligados a trasladarse a prestar sus servicios en Valladolid, en vez de hacerlo en las provincias y centros donde vienen desarrollando su tarea.

Y todo ello porque, precisamente, un internista salmantino decidió desoír las órdenes de la Junta y no trasladarse a Valladolid, estimando que legalmente no tenía obligación de dejar de prestar sus servicios en el hospital de Salamanca para hacerlo en Valladolid. Ante ello, la Junta se sacó de la manga un decreto mediante el cual se atribuye la potestad de modificar las condiciones laborales del personal sanitario cuando y como quiera, lo que ha desembocado en protestas por parte de nuestros sanitarios.

Visto lo visto, no es extrañar que una veintena de sanitarios decidiesen no renovar su contrato en el hospital salmantino hace un mes, denunciando las condiciones de precariedad laboral que les ofrecía la Junta para renovar. Otra más en la larga lista de desastres del “modelo de éxito” que según palabras de Mañueco es el proyecto autonómico de Castilla y León. Palabras que contrastan con la realidad de numerosos índices socioeconómicos, así como con el hecho de que actualmente seamos la comunidad autónoma con peores datos de incidencia en coronavirus de España y con una ocupación de camas UCI que supera holgadamente también la media nacional. Cuidémonos todos y seamos cautos ante el virus, por la cuenta que nos trae.