Domingo, 29 de noviembre de 2020
Ciudad Rodrigo al día

Los vatios de la vergüenza

Rubén Juy señala que “este año no me implantan el espíritu navideño ni forrando la catedral con guirnaldas”

Paseando uno de estos días por Salamanca, a esas horas de la tarde donde ya se puede decir que es de noche, me detuve en la Plaza Mayor a observar el enorme monumento luminoso que, como todos los años, el Ayuntamiento ha colocado en el epicentro charro.

De primeras, me pareció hasta bonito ver esa iluminación tan navideña junto a decenas de personas inmortalizando momentos con sus teléfonos móviles. Luego, afortunadamente, mi cerebro corrigió ese pensamiento y me devolvió de bruces contra la cruda realidad que vivimos.

Realmente, ¿es necesario gastar ese dinero en iluminación? Entiendo que una imagen así genera nostalgia y espíritu navideño, e, incluso, si posas de forma adecuada, puedes conseguir unas fotos de postureo aptas para cualquier perfil en redes sociales.

Pero, más allá de todo eso, ¿este año es para ser emotivos o para ser eficaces?

Me meto en la piel de esos empresarios que han tenido que cerrar sus negocios y se me cae el mundo a los pies. ¿De qué sirven esas luces para ellos? ¿Van a sosegar sus mentes intranquilas? ¿Les van a devolver los miles de euros perdidos en estos meses? ¿Generarán las suficientes ganancias como para poder vivir? Rotundamente: NO

Entonces, ¿por qué leches no se destina el dinero empleado para este negocio navideño en otros fines? Yo entiendo que es importantísimo implementar a la población, de forma subliminal, que la navidad ya ha llegado y que es hora de realizar sus compras. Bien, lo comparto y mucho más en una situación como la que estamos viviendo, donde esas compras van a venir genial a nuestros comercios, pero, en un mundo tan adelantando como el actual, ¿no hay otros medios para aflorar esos sentimientos en las personas?


Igual yo soy excesivamente rancio, pero este año no me implantan el espíritu navideño ni forrando la catedral con guirnaldas, os lo puedo asegurar. Con más de cuarenta mil muertes oficiales por coronavirus en España y más de un millón en todo el mundo, me parece vergonzoso que estemos por estos derroteros.

De verdad, seamos serios. Estas navidades van a ser muy duras para muchas familias, y me atrevo a decir que a ninguna de ellas les va a aliviar ver la plaza llena de color. Es un año negro, oscuro, donde la luz llega en forma de ayudas económicas o sanitarias y no en burdas luces de esperanza. ¿Esperanza de qué?

Todos conocemos a alguien que tiene su pequeño negocio y que lo está pasando realmente mal en estos tiempos: hijos, padres, tíos, hermanos y, en ocasiones, hasta nosotros mismos. Os pido que penséis lo bien que vendrían esos fondos públicos si se utilizaran, de alguna forma, para apoyar a los sectores que más están sufriendo en esta pandemia.

Si alguien me dice que eso es muy difícil, no me vale. Tenemos políticos, en teoría, repito, en teoría, muy “calificados” y “preparados” para lidiar con estos problemas y acostumbrados a solventar situaciones complicadísimas.

Llenar las calles con luces navideñas, este año, es similar a mirar para otro lado cuando, delante de tus narices, está ocurriendo una injusticia. No te hace culpable directo, pero sí moral al haber ignorado el problema. Pero ya sabéis, “ande yo caliente...”

Nos leemos el próximo domingo por aquí, o, cuando queráis, en Instagram.

@rubenjuy