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Domingo, 24 de enero de 2021

“Visitar librerías o ver películas en una sala de cine es una hermosa militancia”

El problema del alquiler de vivienda, especialmente en las grandes ciudades, es el punto de partida de un cortometraje que busca el Goya y cuyo coguionista es el salmantino David Manjón 
El salmantino David Manjón

“La idea de escribir este guión, ambientado en determinadas viviendas de alquiler de las grandes ciudades, surge de nuestras propias experiencias y de las que nos contaban otros amigos y amigas: incomunicación con compañeros de piso, caseros usureros e invasivos...”. Así lo explica el salmantino David Manjón, coguionista del cortometraje ‘Gastos incluidos’, dirigido por Javier Macipe y protagonizado por Ramón Barea, que acaba de ser seleccionado para competir en la 35 edición de los Premios Goya, que el 6 de marzo de 2021 reconocerá los mejores trabajos de corta duración en animación, documental y ficción. El corto plantea la extraña situación contractual de estar obligado a ignorar al compañero de piso. En su carrera hacia el Goya, ‘Gastos incluidos’ ya ha conseguido numerosos premios en festivales y ha sido seleccionado en festivales de cine de Egipto, Serbia, Francia, Canadá, Estados Unidos, Argentina, Chile, Bulgaria, Suiza o Reino Unido.

Para situar a nuestros lectores, ¿cómo surgió la oportunidad de embarcarse en el proyecto de 'Gastos incluidos' y qué ha sido lo más complicado a la hora de escribir el guion y darle vida con este corto?

Conocí a Javier Macipe, el director y coguionista del cortometraje, en Córdoba, a los 19 años, cuando ambos fuimos residentes de la décima promoción de la Fundación Antonio Gala para jóvenes creadores; en aquel momento yo estaba trabajando en una novela y él en un largometraje. Desde entonces somos amigos y hemos compartido mucho tiempo en Madrid. La idea de escribir este guión, ambientado en determinadas viviendas de alquiler de las grandes ciudades, surge de nuestras propias experiencias y de las que nos contaban otros amigos y amigas en la barra del bar: incomunicación con compañeros de piso, caseros usureros e invasivos, apartamentos turísticos… Lo más interesante fue levantar con todo ese material una ficción para cine y hacerlo trabajando en común.

Hay quien lo ha comparado con un capítulo de ‘Black mirror’, ¿qué te parece? (Aunque aquellos que han vivido de alquiler saben que la realidad puede superar a la ficción). 


(Risas). En ‘Gastos incluidos’ hay una empresa inmobiliaria, una de esas apps de la llamada ‘economía colaborativa’, que impone a los inquilinos de sus viviendas una cláusula según la cual queda prohibido establecer cualquier tipo de relación con sus compañeros de piso: han de actuar como si viviesen solos. Con esa premisa tan extrema entiendo la comparación con ‘Black mirror’, de la que algunos episodios me gustaron (estoy pensando en 'Hang the DJ'). Sin embargo me chirría un poco el pesimismo antropológico de muchos relatos distópicos, me pasó hace poco con ‘El colapso’. Me parece más interesante que la ficción contribuya a la imaginación política, como ocurre en algunas novelas de Belén Gopegui.

A la hora de llevar a la pantalla un guion entiendo que los actores son claves, ¿Barea y Cabrera hasta qué punto se han metido en la piel de los protagonistas que habíamos plasmado sobre el papel?

Como guionista no me corresponden a mí las tareas de dirección de actores pero sé que el trabajo de ambos ha sido diferente: Ramón no conocía demasiado sobre su personaje, que ya desde el guion se muestra ambiguo; además Ramón tenía poco tiempo libre entre dos rodajes para venir a Madrid al de ‘Gastos incluidos’, con lo que aparte de su magnífico trabajo ofreció a todos una lección de amor por su oficio. En el caso de Roberto su trabajo consistió más en un desaprendizaje, una búsqueda de las ilusiones de Joaquín, el personaje principal de ‘Gastos incluidos’.

Pregunta obligada, ¿como espectadores, la mejor manera de apoyar la cultura en estos momentos es ir al cine?

A menudo las campañas de apoyo al consumo en determinados sectores son un privilegio que muchas personas no se pueden permitir; no obstante, creo que visitar librerías o ver películas en comunidad en una sala de cine es una hermosa militancia y una actividad más segura para la salud pública que otras que nos son impuestas.