Domingo, 29 de noviembre de 2020

José Fuentes Esteve,  el alquimista del Grabado

Autor de la exposición ‘José Fuentes 2002-2020’ que acoge la sala de exposiciones de la Diputación de Salamanca hasta mañana, una selección de la obra más reciente de este artista y catedrático de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Salamanca

La hermosa sala de La Salina recibe el regalo inesperado de la antológica de un artista internacionalmente reconocido en el mundo del grabado. La obra de José Fuentes, Pepe Fuentes, sorprende, maravilla, admira y deja al espectador suspendido en la técnica inspirada, en el discurso complejo, en la belleza que nos interpela cuando la materia, la sola materia, adquiere volumen ante nuestros ojos, hace tacto de la mirada y nos preguntamos por la alquimia de su genio.

Tiene José Fuentes la serenidad, la humildad de todos los grandes. Esta cercanía atenta, generosa, propia del profesor que es, que según Carmen Borrego, alumna del maestro, “no se guarda nada”, ni los secretos de su innovadora técnica, ni la cultura infinita de un alquimista que ha convertido el estudio en el laboratorio de esas ideas que se manifiestan a través de procesos insólitos. Sonriendo en medio de una exposición que recorre del 2002 al 2020 su fecunda obra, nos regala su tiempo y su talento un grande con mayúsculas. Aunque el sombrero lo lleva él, nos lo quitamos aquellos que tenemos el privilegio de oírle. “No me llames de usted”.

Charo Alonso: ¿Por qué esta división de las obras en “Series”?

Yo todos los proyectos artísticos los concibo en series, las series tienen dos aspectos, el temático y el proceso técnico que en cada una es diferente. De este modo el resultado es distinto y curioso y eso constituye una de las características de mi obra.

Ch.A.: Es cierto que son muy diferentes.

En esta exposición hay trece series, trece proyectos temáticos resueltos con  trece medios técnicos distintos, muy complejos que resumen 18 años de trabajo creativo. En todos los procesos de creación hay una parte de investigación que sorprende al espectador con nuevas técnicas y otra de contenidos que si bien han sido tratados por otros artistas, con estas nuevas técnicas y mi visión personal adquieren una dimensión artística diferente.

Ch.A.: ¿Y de dónde parten esos temas?

Yo me alimento de todo, el proceso creativo mío tiene su origen en reflexiones de nuestro entorno, y en algunas series, en la mirada hacia el pasado. En relación al aspecto técnico, el origen de lo que vemos aquí es la técnica de grabado tradicional que viene de Durero o de Rembrandt. El siglo XX aporta una serie de medios nuevos que han permitido, por supuesto, cambiar y enriquecer el lenguaje plástico con innovaciones increíbles.

Ch.A.: Ese grabado que tiene insertadas piezas de madera, de taracera… es increíble (la serie Algunos Ángeles). Uno cree que lo ha visto todo… ¿Se acaba alguna vez la sorpresa?

Creo que no, no veo el final, cada experiencia, normalmente, hace que encuentre una respuesta que me abre una nueva ventana hacia otro nuevo proyecto. A pesar de la diferencia que vemos entre las series, hay una unidad, una cohesión. Y una investigación. En esta exposición podemos ver procesos inéditos que además de la proyección en mi obra personal, los he transmitido en mis clases, las que doy en la Facultad y en los cursos extraoficiales.

Ch.A.: Eres maestro de grabado de Carmen Borrego, ¿es buena? Yo no sé mucho de grabado y cuando he leído lo de “obra múltiple” pensaba que se refería a múltiples técnicas en la obra. Ya veis qué poco sé.

Carmen es buena, y lo de la obra múltiple tiene su origen en el grabado, es decir, en la creación de una matriz que es lo que permite repetir y repetir la obra. Este principio lo he respetado de forma rigurosa, y es uno de los nexos que une mi obra. En ella nos encontramos en este caso con matrices más tradicionales como los procesos de serigrafía y en otros, con matrices intangibles, documentos digitales que no tienen una identidad palpable. Otras obras están realizadas en un molde de resina sintética sobre la que se ha aplicado pulpa de papel.

Ch.A.: ¡Qué diversidad de técnicas!

Podemos hablar de técnicas en la exposición haciendo tres bloques: Por un lado, las serigrafías con un proceso personal que he ideado, la serigrafía al carborundo. Hay otro bloque que es la pulpa de papel, que conocí en el año 2002 y me fascinó, fue como si hubiera tenido una iluminación, como si se hubiera abierto una puerta nueva. Es novedosa porque la obra no se realiza sobre un papel que te dan ya hecho, sino que tú elaboras el soporte, y lo puedes adaptar a las formas de la matriz, y además, eso se une a la infinidad de formas de tratar la pulpa de papel.

Ch.A.: ¡Suena a técnica infantil eso de la pulpa de papel!

En el año 2002 me encontré en un rastro un libro titulado “Pase un fin de semana en familia haciendo pulpa de papel”. Me dije, si se puede hacer esto en familia, cómo no lo puedo hacer yo, e hice mis primeras pruebas. Allí vi una puerta bestial que no he cerrado aún. Ahora combino la pulpa de papel con la imagen digital, que se ha asociado tradicionalmente a la fotografía o al mundo de la publicidad, trabajo con una tablet y es un medio donde mancha y modelado de dibujo se funden para alimentarse de dibujo de academia y modernidad.

Carmen Borrego:  Que sepas que Pepe no duerme, trabaja tanto que, cuando se pone, no puede parar.

Y acabo teniendo que ir a un fisio porque termino teniendo dolores cervicales de trabajar tantas horas con tensión y concentración. Pero de cada serie saco una lección, le dedico mucho tiempo, intentos, ensayos que se rompen, que se tiran… Pero todo eso no cuenta, para mí lo que cuenta es que el 80% de mi vida está aquí.

 C.B.: ¿En tu obra hay algo espontáneo? ¿Algo que no planificas y dejas así, como surge?

Hay una serie aquí (Besos Prohibidos), en la que hago montones de dibujos con pluma de caña de bambú y tinta negra, de esos dibujos de los que que tengo cientos, voy seleccionando y acaban apareciendo 30 0 40. Estos dibujos, que tienen toda la frescura de algo que se hace así sin más, son escaneados, impresos en un soporte, luego son tallados, se aplica la pulpa de papel, se entinta la matriz tallada, y se pasa por el tórculo… lo que era un dibujo sencillo ha sufrido una transformación, se ha convertido en otra imagen y ese cambio es algo inquietante. Lo que eran líneas de una pluma adquieren volumen y color, es una transformación sorprendente, solo yo sé el final, solo yo sé que aquello puede tener un resultado que sea sugerente. Ese es un aspecto muy importante.

Ch.A.: ¿Y cuándo sabes que ese trabajo ya ha terminado, que el resultado es satisfactorio?

Yo trabajo concentrado al 100%, en una idea trabajo todo un año creando imágenes y cuando ya he aplicado tantas horas tengo esa impresión de agotamiento con la que ya no puedes hacer nada más y tengo la sensación de que me repito. Entonces necesito abordar otros temas y establecer un proceso técnico diferente. Abres otra ventana y vuelve a entrar aire fresco y estímulos y lo anterior queda en el olvido.

Ch.A.: Esta es una sala muy hermosa ¿Has quedado contento con el montaje?

Sí, sí. Es una buena prueba de mi trabajo, aunque hay tres series hechas en el periodo del confinamiento que no se muestran, primero porque no hay espacio, y segundo, porque habrá otros momentos para hacerlo. Una Serie es el “Bosque de Euclides”, que tiene una historia que se remonta al año 1998, cuando de una imagen hago una serie con un árbol. Esa obra generó una serie de árboles que hice en sus tiempos con unas pruebas y que quedó olvidada. Entonces, en este periodo de confinamiento, encuentro esta serie y empiezo a pensar en esa idea que antes no me había atrapado.

C.B.: Seguro que volviste porque no podías ver el bosque…

En los árboles aparecen formas geométricas, encuentro los registros más exquisitos de precisión y me voy a Euclides y descubro que Euclides publica una serie de libros que llamaría Elementos, que es la segunda publicación más traducida en la historia después de la biblia. Fascinado por la geometría plana, Euclides hace hallazgos fantásticos que van a ser referencias ineludibles en los siguientes siglos. Y surge una serie en la que me veo rodeado de árboles ¿Por qué te comento esto? Las ideas a veces vienen enlazadas con temas tratados anteriormente, y que los retomas porque tienen una gran sugerencia. La naturaleza es la clave de todo. Toda esta parte de autorreflexión me sirve para entenderme a mí mismo. 


Ch.A.: Viendo estas obras expuestas con una técnica tan nueva, tan increíble me pregunto si el público no va más allá de eso, de admirarse con la técnica.

Ese es el gran debate interno mío, que lo novedoso de la técnica provoque fascinación por eso, por la técnica, y no por la narrativa que quiero contar.

Ch.A.: Ahora me estás explicando todo, pero quizás el espectador que no lea la información sobre esa obra, no acabe de entenderlo.

Todo tiene una carga, un significado, lo que tienes delante es como la punta de un iceberg y el espectador necesita una explicación que le ayude. O no. Por ejemplo, en algunas obras abordo la desacralización de las iglesias que se han usado para montar una cafetería o una librería. Cojo esa reflexión y tomo el símbolo de la cruz y lo desacralizo convirtiéndolo en dos formas perpendiculares y en torno a ellas hago el discurso, sin contenido simbólico. Al espectador se le da la forma, pero no puede evitar asociarlo a toda la carga simbólica de la cruz, que tenemos tan metida en las entrañas.

Ch.A.:  Te alimentas de la actualidad, hay una serie sobre las concertinas.

Las concertinas son un elemento que se puso en cuestionamiento, lo que hago es que ideo una narración en la que planteo que hay una sociedad en la que los poderosos descubren que están rodeados por vallas, pero en vez de pensar que éstas les protegen del exterior, piensan lo contrario: que detrás de las vallas hay un mundo mejor. Cuando las cruzan descubren un mundo opaco, triste, las propias personas están hechas de concertinas. En la exposición hay una serie de temas que tienen una carga de sentido que es parte de lo que a mí me ha motivado a buscar. Cuando tengo una idea no puedo renunciar a materializarla.

C.B.: Todos los hallazgos técnicos que son suyos, originales, nos los enseña. Tiene una gran generosidad, Pepe, no se queda con nada.

Ch.A.: Hallazgos muy complejos, os oigo hablar de técnicas, procesos y pienso en que sois como químicos, como alquimistas en un laboratorio, no como artistas.

En el proceso de creación hay una parte de investigación, normalmente los artistas usamos materiales y hay distintos grados de profundizar en los medios, cuando eres capaz de superar los grados básicos encuentras recursos inexplorados. En la obra hay una apariencia que te cautiva porque es poco común. Y eso es parte del encanto, la creación tiene que tener ese componente de sorpresa. La creación tiene que ser valentía, ese es el riesgo que tiene que correr el artista. Eso es lo que rige todo el proceso, desde la construcción, la composición, el estudio del medio técnico y al lado, la sensibilidad que hay para contar las cosas.

Ch.A.: Cosas a veces muy dolorosas, o perturbadoras…

Tú puedes contar las cosas más terribles de forma estética, el espectador, en vez de sentir rechazo, empezará a pensar en ellas. Mira, en este cuadro (de la Serie Bood), el personaje se está bebiendo su propia sangre esperando que le convierta en alguien más poderoso, pero no, lo descompone, lo fragmenta. El tema de la sangre, de la autoflagelación provoca rechazo, pero si lo haces desde una forma estética, te preguntas qué está sucediendo y lo acoges como parte de una reflexión.

Ch.A.: Si el artista lo muestra haciéndose daño, como en una performance para mí ya no es arte.

Si el medio hubiera sido una fotografía hubiera sido distinto, insoportable, porque la fotografía tiene la crudeza de lo documental, que es parte de su naturaleza. La interpretación artística te permite contar de una forma más atractiva lo más terrible. Sabes que el placer y el dolor, cuando se aproximan, se intensifican el uno al otro, y esto me sirvió como punto de partida para una serie (Sublime Dolor), en la que hay un capítulo sobre las escarificaciones. Ves la obra y es inquietante, pero no te produce rechazo. Estas obras se expusieron en Fuendetodos y una mujer del pueblo se interesó por una de ellas y me sorprendió. A veces no es necesaria la cultura o el conocimiento para que una obra penetre en el espectador.

Ch.A.: La madre de uno de mis amigos colecciona sólo obra gráfica ¿Por qué ese gusto por esta manifestación?

Los coleccionistas de obra gráfica lo son porque les gusta el propio lenguaje de la gráfica, porque les gusta el papel como soporte, y también porque el coleccionista puede tener un Tápies por un precio asequible. Es arte, pero con un precio razonable. Una pintura se va de precio y el coleccionista de obra gráfica puede rodearse de obras de grandes firmas. Se dice de ARCO que los grandes negocios se hacen en la trastienda, con los grabados de los autores. A la gente a la que le ha gustado un artista comprar un grabado le supone que no se van a casa con las ganas de haber comprado una obra de esa autor.

Ch.A.: Yo la obra que compraría es la de la portada del catálogo, parece una escayola. ¡Ese volumen que sale de la pieza!

Pertenece a la serie “Eternidad”. Están modelados en plástilina los bajorrelieves, sacado el molde con resina sintética y el positivo con pulpa. Aquí son masas finísimas de pulpa, lo que me permite hacer detalles y parece que estás delante de escayola, no piensas que lo que ves es algo tan sutil como pulpa de papel. Es una reflexión acerca del tema de la eternidad, parto de la idea de que la muerte del individuo es el enfrentamiento ante un gran muro infranqueable que se abre a un portal porque el que se accede al más allá, y allí los individuos se convierten en animales, siguiendo la tradición de las filosofías orientales. Pero el proceso de transformación sigue desapareciendo, literalmente la materia simbolizando la fusión total con el Cosmos.

Ch.A.: Mirándolas se queda uno sin palabras.

Son seres que tienen partes de animal y persona, y partes que son agujeros que simbolizan que estos seres se convierten en nada, o en el todo, en parte del universo del que supuestamente han partido. En las imágenes está todo el proceso del contenido, la carne, la muerte, el color blanco, símbolo de ese lugar distinto. La técnica, desde el punto de vista plástico, es insólita, hay relieve en positivo, parte de caligrafía directa, partes en forma de negativo, transformaciones, y perforaciones, todo eso está ahí. Cuando las estaba haciendo, las veía sobresalir, porque la riqueza de tonos es tan grande que no necesitaba nada. Con esa sencillez, con la luz, es suficiente para expresar toda la fuerza y el sentido simbólico de la obra.

Ch.A.: Aparte de la sorpresa por lo que ves, la admiración por la técnica, necesitas esta explicación para ver más allá, por suerte está todo magníficamente explicado.

Ese es el objetivo, el espectador tiene la oportunidad de leer lo que he querido explicar, descubrir la carga simbólica y metafórica de lo que está viendo.

Ch.A.: Es una muestra que nos deja admirados…

Son dieciocho años de trabajo de una persona, se ha condensado todo. Es así.

El espectador, admirado, recorre la muestra sorprendiéndose a cada paso. Más allá, cae la tarde de otoño, lo inmutable del proceso que, en Pepe Fuentes, se enriquece, transforma, metamorfosis sorprendente. Y los colores, las formas, las técnicas, la reflexión, el mundo del maestro del grabado gira y nos adsorbe en una espiral de  belleza consciente. Se produce la alquimia, reflexión, creación, estética, originalidad. Y entonces, calladamente, Pepe Fuentes se cala el sombrero. Es la sinestesia de su vuelo.

  • José Fuentes Esteve junto a una de sus obras | Fotos: Carmen Borrego