Martes, 24 de noviembre de 2020

La ética y Arguineguín

La Filosofía, y la Ética especialmente, son más necesarias hoy que nunca. Y no solo en los planes de enseñanza, sino principalmente en la gestión política de la convivencia y en el contenido moral de las decisiones colectivas. Más de dos mil personas se hacinan en el puerto español de Arguineguín, sometidas a unas condiciones de vida indignas, sin que las autoridades hayan sido capaces sino de intentar evadirse de la responsabilidad de la situación mediante alambicadas interpretaciones de competencias, límites del Derecho, ámbitos y otras excusas que han vuelto a revelar la incapacidad de las sociedades de la opulencia para enfrentar el inmenso problema de la acogida y gestión de la emigración.

Hoy que la Filosofía atraviesa en España un difícil momento a causa del proyecto de supresión de la Ética en los planes de enseñanza, sería útil dirigir la muy justificada indignación de pensadores, filósofos, profesores, docentes y educadores (y articulistas en prensa), hacia el análisis de los hilos conductores de lo que es, en realidad y no solo en planes educativos, la Ética. Sería bueno poner de nuevo la vista en el contenido de lo que debe ser una conciencia moral moderna que explique, y dé respuesta, a un tema tan importante como la emigración, sus causas y consecuencias, su naturaleza y la gestión de su inocultable realidad. Y no solo porque ahora, en Arguineguín, se repita la tragedia que desde hace décadas viene sucediéndose en todo el mundo.

Hegel afirmaba que toda moral universal es un engaño, pero en Moria y Kara Tepe, en la isla griega de Lesbos; en Calais, en la costa francesa, frente a Inglaterra; en Jabalia, en Palestina o en el keniano Dadaab entre decenas más, la existencia de enormes campos de refugiados exigen un rasgo de moral universal de acogida y de justicia, porque miles de personas con una existencia cotidiana inmersa en el sufrimiento constante, la enfermedad, la miseria, el hambre y la violencia (y la corrosiva desesperanza), esperan que las ampulosas declaraciones humanitarias y de moralidad universal de los países de la llamada “comunidad internacional”, a pesar de Hegel, se conviertan en hechos concretos que abran la puerta a la justicia (tal vez sea el momento de reivindicar, ya que hablamos de Ética, a John Rawls y su tan vilipendiada Teoría de la justicia, frente a las insuficiencias del utilitarismo que nos hace tan inhumanos, no vaya a ser que caigamos nosotros, tan defensores de la Ética solo como asignatura y consejos de buena educación a los jóvenes, en el barato posibilismo de la ética adaptativa que busca argumentar la indiferencia, y solo porque ahora “existe” Arguineguín).

Hace no demasiado tiempo, los hacinamientos humanos en  Lampedusa, los barcos llenos de personas vivas y muertas repudiados por los puertos europeos, las inmensas tragedias en Lesbos, Ruanda, Siria o Chechenia, o el rechazo, humillación y maltrato a inmigrantes africanos, sirios, palestinos, rohinyás o latinoamericanos, parecieron despertar un mayor nivel solidario, sobre todo porque existían nombres (Salvini, Putin, Bolsonaro, Trump... ) con los que anestesiar la conciencia. Sartre pensaba que ningún valor moral es objetivo, pero hoy, cuando la tragedia sucede en esta tierra, Arguineguín, se torna muy objetiva la realidad, y muy triste la respuesta, porque aquellas voces supuestamente solidarias para lo que sucedía fuera de las propias fronteras, van enmudeciendo cuando el problema se plantea aquí, al tiempo que se proponen las “soluciones” posibilistas que apuntan decisiones “prácticas”, una suerte de manu militari que, a pesar de Sartre y su distancia, amenaza con hacer saltar las costuras (y la sinceridad) del discurso humanitario en este país.

Hablar de Ética, de Filosofía y de Valores hoy en (y con) Arguineguín, debiera ponernos en contacto con una reflexión moral que no puede quedar en grandes ideas, ni siquiera en una concepción solo útil de la Justicia, sino que tiene que ser capaz de decirnos algo orientativo sobre los problemas de la inmigración, de los seres humanos en cualquier situación y en cualquier época, de una fundamentación filosófica de la moral; es decir, sobre lo que está sucediendo en el mundo con los movimientos migratorios de desplazados, refugiados, perseguidos, hambrientos o, simplemente, seres humanos que no son nosotros. Lo universal, el género humano, y lo particular, nosotros, se manifiestan hoy en toda su crudeza en lugares como Arguineguín cuando se unen los conceptos de ‘igualdad’ y de ‘identidad humana’ o, mucho más concretamente, de vivir y de sobrevivir. Ética, sí: en toda su extensión.