Viernes, 4 de diciembre de 2020

Goya pintó y dibujó nuestras miserias

“La fantasía, aislada de la razón, sólo produce monstruos imposibles. Unida a ella, en cambio, es la madre del arte y fuente se sus deseos” (Francisco de Goya)

Con sus dibujos y estampas, Francisco de Goya alcanzó en sus últimos años la libertad creativa para volcar en ellos sus inquietudes y su visión de lo que le rodeaba, pero también son la manifestación vital de un anciano decepcionado con su época. 

Entre el pintor de corte de finales del siglo XVIII al creador de las Pinturas negras, Goya transitó por una convulsión personal y artística que plasmó a lo largo de sus últimos años en cientos de dibujos y estampas. El artista predilecto de Carlos IV que decidió continuar en la corte a las órdenes del usurpador José I Bonaparte tras la invasión francesa de España, pagó cara la decisión tras la vuelta de los Borbones en la figura de Fernando VII. En 1815 Goya fue víctima de la represión fernandina por partida cuádruple: fue apartado de la corte, la aristocracia le dio la espalda, sufrió una consecuente bajada de sus ingresos y parte de sus amigos y apoyos se marcharon al exilio, represaliados. A ello se añadía su estado de salud, que le llevó a obsesionarse con la vejez, la enfermedad y la muerte.

Los dibujos y estampas de Goya son un fiel reflejo de esta convulsión. Sin embargo, y a pesar de que seguramente su estado de ánimo se vio afectado, nada muestra que el abatimiento se trasladara a estas creaciones. Lo que sí se reflejó fue la libertad de creación en la que derivó inmediatamente la falta de encargos. Goya reflejó en sus dibujos no solo lo que le interesaba o le inquietaba, sino también la realidad que lo rodeaba. A partir de esta experiencia, la obra del artista, parte de lo vivido, para transformarse y expresar conceptos trascendentes donde lo particular se convierte en universal y el hecho puntual, en motivo genérico. La dosis de fantasía aplicada a los dibujos es filtrada por el tamiz del pensamiento, lo que genera imágenes de tal fuerza que se convierten en iconos de la locura y la irracionalidad humanas. La presencia de desfavorecidos, de la violencia contra la mujer o de las consecuencias de la guerra así lo ratifican.

Los pensamientos, la sensibilidad, las creencias, las preocupaciones del pintor aragonés se muestran en sus dibujos de manera implícita en cada escena que representa, en cada personaje marginal que lleva al papel. El genio ante la necesidad de crear, pero también retratando el mundo que le rodea, levantando la alfombra y sacando lo sucio y lo criticable. El genio que es Goya comienza como otros tantos artistas: copiando de los maestros y viajando a Roma para empaparse de la Antigüedad. De los primeros dirá, que aprende de Rembrandt, sobre todo la técnica del aguafuerte, que será la que utilice durante la mayoría de su carrera; y de Velázquez, al que conoce en sus visitas al Palacio Real de Madrid, donde copia sus obras para aprender a retratar y a dibujar con lo esencial, ya que Velázquez no dibujaba pero pintaba con lo mínimo, dan idea de la costumbre de Goya de documentarlo todo. El pintor ya se ocupa de uno de los temas fundamentales de su trayectoria: la mujer, a veces como sufridora; otras, marcada por su sensualidad. Avanza ya el tema de la prostitución y sus consecuencias: son escenas de la vida cotidiana que ha vivido pero que no toma del natural, sino que representa los recuerdos que le han quedado.

Hay un cambio técnico: el artista utiliza hojas de un formato mayor y emplea la tinta de hollín en aguadas que le permiten obtener una gran variedad de tonalidades, desde el gris claro al negro profundo. Goya representó todo lo que le preocupaba: pobres, condenados por la Inquisición, lisiados, frailes secularizados a la fuerza, locos… En definitiva, personajes marginales que resultaban los más desfavorecidos por las consecuencias de los acontecimientos políticos, sociales y económicos. El pintor se centra en el mundo femenino: con majas de paseo, celestinas y caballeros que las galantean, aunque aparecen ya las disputas, las riñas y los celos,  cuerpos de algunas figuras para describir el mal, la ignorancia, el drama, las máscaras, los flagelantes y las brujas, así como para hacer una decidida sátira contra el clero y, la degeneración moral asociada a la fealdad.

                Fermín González salamancartvaldia.es                  blog taurinerías