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Domingo, 24 de enero de 2021

De problema en problemón 

Si nuestras autoridades pensaron que la pandemia iba a frenar o a poner fin a la llegada de pateras a nuestras costas, se equivocaron, como se equivocan siempre que piensan que los ciudadanos, bien por ignorancia impuesta, bien por ausencia de capacidad, se resignan a su mala suerte, y estos días, ante su poeril sorpresa, ven desesperadas cómo Canarias, Baleares, Andalucía y Valencia son invadidas por centenares de inmigrantes que, además de huir de las miserias que ya sufren en sus países, huyen del virus y es normal: si nosotros le tenemos miedo, cómo no van a tenérselo ellos que no pocos se quedan ciegos para siempre por unas simples cataratas, tullidos desde niños por falta de vacunas o morirse de cualquier infección por no tener acceso a un simple antibiótico…

Si el fenómeno de la inmigración, más por falta de medios que de buena voluntad por parte de los ciudadanos al menos, porque somos conscientes de que todos, seamos del país que seamos, tenemos derecho a la salud, a la cultura y a la paz sin tener que salir del nuestro, nos supone de por sí un problema, en las actuales circunstancias se convierte en un problemón. Muchas de las personas llegan enfermas, y si no hay sitio en los hospitales para nosotros, cómo vamos a poder atenderlas a ellas… La buena higiene y la distancia entre unos y otros son los remedios para evitar contagios, pero hacinados en albergues de mala muerte, cómo se va a conseguir que no contribuyan a que el virus no se propague… Algunos, entre ellos no faltan políticos, piensan que prohibiéndoles la entrada, pero se equivocan también: el hambre, las guerras y epidemias como la que nos está tocando vivir, son capaces de saltarse todas las barreras aunque sea lo último que pueda hacerse en la vida.

Ante esta situación de la que nadie sabe como salir, más que una pregunta, surge una respuesta: este  problema, convertido ya en problemón, solo se resolverá cuando en lugar de gastar tanto dinero en ir a la luna y a la búsqueda de planetas que ni siquiera sabemos si existen, se gaste en arreglar la tierra, que es donde tenemos que vivir; mientras tanto, con virus o sin virus, tendremos que seguir sufriendo un problema del que tan mal parados salen los inmigrantes como nosotros.