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Miércoles, 27 de enero de 2021

“El alcohol dirigía mi vida, me llevaba por donde quería, estaba encadenado”

Conocemos la historia de J.L.B., salmantino que ha logrado salir del pozo que conlleva la dependencia al alcohol gracias a A.R.S.A (Asociación de Alcohólicos Rehabilitados de Salamanca)

J.L.B. en una entrevista para SALAMANCA AL DÍA | Fotos: Lydia González

“El alcohol lo arrastra todo”. Habla J.L.B., un salmantino que ha vivido durante años siendo adicto al alcohol. Prefiere no dar su nombre completo y ocultar su rostro para mantener su privacidad. Relata el dolor que ha sufrido hasta lograr rehabilitarse en A.R.S.A (Alcohólicos Rehabilitados Salamanca).

Sus palabras reflejan verdad, alza la voz sin complejos, sin miedo, sin tapujos, consciente de que su testimonio puede ayudar a muchas personas se encuentran en una situación similar a la que ha vivido y no saben cómo salir “de ese pozo al que el alcohol te arrastra”.

J.L.B. empezó a coquetear con el alcohol a los 14 años, bebía de forma esporádica y a medida que iba cumpliendo años el alcohol era protagonista en su vida todos los fines de semana. “Cuando eres joven piensas que puedes con todo, y que beber por rutina cada viernes o cada sábado es lo normal. El alcohol para mí con 15 años era común estando de fiesta, en bares, discotecas… el problema es cuando llegué a depender de él para vivir. El cambio es muy rápido, mucho más de lo que la gente cree, en esa fase al principio no te das cuenta pero llegué a necesitarlo a diario. Mis problemas fueron a más, hasta que el alcohol era quién dirigía mi vida, me llevaba por donde quería, estaba encadenado”.

Beber alcohol era su medicina diaria. “Llegó a ser esencial desde que me levantaba hasta que me dormía, estaba presente en todos los aspectos de mi vida. Nada más levantarme de la cama, tenía que beber una o dos copas antes de irme a trabajar, y ya trabajando, o llevaba alcohol escondido o tenía que escaparme para irme al bar para beber. Te puedes imaginar en qué condiciones muchas veces iba a trabajar”, recuerda.

Cuando llegó a esos límites, empezó a tener síntomas que le hicieron despertar sobre la magnitud de su problema: alucinaciones, pérdidas de memoria o temblores permanentes. Vivía solo, y la soledad no ayudaba. Por iniciativa propia, decidió pedir ayuda pues las secuelas ya eran tales que tuvo que permanecer durante varios periodos ingresado en el Hospital Clínico Universitario de Salamanca, concretamente en la planta séptima, en el área de Psiquiatría.

“El alcohol arrasa con todo, mi familia estaba destrozada de verme así, mis amigos… es una enfermedad que se lleva todo por delante”, explica. Lo peor, para él, eran siempre las recaídas. Llegó a dar el paso de ir a diferentes asociaciones, de cumplir con el tratamiento, y lograba dejarlo, llegó a estar hasta 2 años sin beber, pero siempre recaía. “Recaer es lo más duro, física y psicológicamente. No podía ir a un bar, porque mis ojos se iban directamente a las botellas, y el problema que yo tenía es que una sola copa era mi perdición, porque nunca se quedaba en una, siempre seguía bebiendo sin control porque es una enfermedad, ya no dependía de mí. En la última recaída, según me llegaron a decir, y hablo literalmente, me quedé a pocos metros de la tierra. Ahora mismo podía estar muerto, aunque suene muy duro. Llegué a estar muy mal, delirios fortísimos, veía fantasmas a mi alrededor, y esa vez es cuando ya me propuse dejarlo de forma radical y llevo más de 8 años sin beber, lo he conseguido con mucho esfuerzo, y sigo peleando. Esta enfermedad es para toda la vida”, explica.


Esperanza en el futuro

Su vida hoy es otra. “Me ha costado mucho llegar hasta aquí pero he logrado que mi vida haya cambiado radicalmente. Gracias a los profesionales de esta Asociación y a tantas y tantas personas que me han ayudado a lo largo de mi vida he recuperado muchas cosas que por culpa del alcohol había perdido. Ahora disfruto de cada día, en paz conmigo mismo, siendo consciente de todo, con la mente abierta y no como estaba antes que había perdido todas mis capacidades”.

No ha dejado de ir a los bares, ha logrado ir “sin sufrir.” “Mis ojos ya no se van a las botellas, voy como una persona normal y me tomo mi café, mi agua, o un aquarius… ya no me fijo en lo que está bebiendo el de al lado, ver a gente consumiendo alcohol no me genera ansiedad, al revés, hace que me sienta muy orgulloso de mí mismo”.

Un mensaje a los jóvenes

Le preocupa la sociedad actual y el acceso que tienen los adolescentes al alcohol. “La gente joven ahora sale mucho, y no a divertirse, salen directamente a emborracharse, a buscar los efectos del alcohol, y cuando entran en esa dinámica pierden el control, están en su mundo… y a lo largo del tiempo eso puede traer muchas consecuencias que por desgracia vi en mí mismo. Ahora ellos no lo ven porque son muy jóvenes, pero el paso a la dependencia del alcohol es muy corto por eso es importante que los padres se conciencien, que ellos también lo hagan y que no caigan en la dependencia”.

J.L.B. ha visto a muchos amigos perder sus vidas por esa dependencia, y lo más duro, asegura, “es ver que se han muerto solos, entierros vacíos, sin amigos y sin familia”. Por eso, habla claro para concienciar a la sociedad: “Si alguien deja que el alcohol o cualquier otro tipo de sustancia se apoderen de su vida solo van a tener tres opciones: acabar en la cárcel, depender de un psiquiatra de por vida o morir de esto, no hay más vías. Cuando uno ya está ahí, hay que buscar una ayuda y dejarse ayudar para dejar la adicción. A esta asociación llegan personas totalmente derrotadas, nunca hay que juzgarlas, hay que contarles las cosas tal y como son, decirle cual es la realidad, aquí no sirven las mentiras, luego todo depende de la persona. El primer día que yo vine a esta sala me temblaban las manos, pero la profesionalidad de los trabajadores me ha llevado a donde estoy hoy. Siempre hay salida”.