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Lunes, 18 de enero de 2021

Felicidad Campal, la biblioteca infinita

“Un rigor intelectual envuelto en el calor y color de su persona, una carrera más allá de lo sabido, un salto por encima de los estantes de la biblioteca, de los anaqueles del conocimiento y de la información”
Felicidad Campal en una entrevista para SALAMANCA AL DÍA | Fotos: Carmen Borrego

El DA2 es nuestro espacio privilegiado, sorprendente, novedoso, siempre abierto frente a cualquier confinamiento. Y no hay mejor ubicación para entrevistar a una bibliotecaria que la biblioteca del museo, arte contemporáneo, libro, líneas puras donde alegrarnos por el encuentro y por la existencia de este museo y de esta, de todas las bibliotecas, laberinto gozoso donde perdernos para encontrarnos… Y hoy, encontrarnos con ella.

Hay algo veloz e intenso en Felicidad Campal. Un rigor intelectual envuelto en el calor y color de su persona, una carrera más allá de lo sabido, un salto por encima de los estantes de la biblioteca, de los anaqueles del conocimiento y de la información. Y esa capacidad para la alegría que ilumina cualquier proyecto cultural en el que participe, pasión y generosidad. Celebramos el día de las bibliotecas en un octubre extraño donde la cultura es sinónimo de libertad, y de consuelo… De alegría frente a la adversidad. Felicidad, qué bonito nombre tienes.

¿A los actos culturales siempre vamos los mismos?

¡Sí! ¿Conocéis la canción de Love of Lesbian “Todos los raros fuimos al concierto”…? Siempre se me viene a la cabeza cuando hay un FACYL, un acto y siempre acude la misma gente.

¿Y cómo podríamos resolverlo?

Se supone que Salamanca es una ciudad limpia y culta, eso dicen los camiones de la basura. Hay un amplio sector de la población que todavía no conoce las actividades culturales. No sé cómo resolverlo.

Desde tu trabajo en la biblioteca, en las charlas y cursos defiendes que una biblioteca ha de ser algo democrático, absolutamente para todos.

La biblioteca pública en su nombre lo lleva, es pública, es para todos. Decía Doris Lessing que es la más democrática de las instituciones porque no te piden nada para entrar, ni condición económica, ni social, ni religiosa, ni sexual. Es un espacio libre de acceso donde todos somos iguales, una institución que compra sus recursos para el resto de la gente y donde solo tienes que venir. Y en todas las bibliotecas y más concretamente en la Casa de las Conchas desde hace muchísimos años, hemos hecho de la biblioteca un espacio formativo. La biblioteca es democrática porque no solo permite el acceso a la información, sino que enseñamos a manejarla.

¿Información concreta o digital?

Mira, se habla tanto de la sociedad digital, permanentemente la palabra digital, digital… es como si a mí me llamaran constantemente Felicidad Campal, Felicidad Campal… estamos en una sociedad que es digital, no hace falta decirlo tanto. Es una sociedad digital si los ciudadanos saben manejar su DNI electrónico, su WhatsApp, si leen el periódico, si saben pedir cita por internet y ahora más que nunca. Ya no es que el ciudadano sea digital, es que la sociedad lo es y por eso el ciudadano necesita usar determinada tecnología. En este sentido, la biblioteca es un espacio formativo y de acceso a la información y democratización, así nacieron las bibliotecas a comienzo del siglo XX en Inglaterra, que se abrían los domingos para que los obreros pudieran usarlas. Se habla de la biblioteca como el tercer sector, el tercer espacio que no es tu casa ni tu lugar de trabajo, sino un espacio donde tú te puedes encontrar con gente. Vosotras conocéis la biblioteca. Nuestra biblioteca tiene una característica y es que tiene un suelo de madera.

¡Es verdad!

Eso hace que no haya silencio en la Casa. En el transcurso de las visitas a los estudiantes, se sorprenden y se quejan de eso. ¡Yo ya no oigo el ruido del suelo, ya forma parte de mí! Eso nos anima a sostener esa idea de la biblioteca como espacio de encuentro, no tanto como espacio de estudio. Tenemos que aprender a diferenciar entre silencio y respeto, que son dos cosas muy diferentes, podemos estar hablando de forma normal, cada uno en su momento y cuando le toca, sin dar voces. Yo siempre les digo, si os ponéis a hablar todos a la vez, no nos entendemos, parecéis políticos o los de Sálvame.

Dar a conocer las bibliotecas a colegios e institutos es vital.

Hay una parte de la biblioteca formativa para la ciudadanía, como las visitas de los institutos y colegios previa petición o por el circuito del Ayuntamiento. Y volvemos a lo mismo ¿Por qué los alumnos de 16 o17 años no conocen y no usan la biblioteca? Porque tienen todo lo que necesitan al alcance de su mano en su propia habitación. Casi todos tienen acceso a internet y eso quiere decir que estamos perdiendo clientes porque no nos necesitan. Aunque también hay muchos usuarios que no tienen internet en sus casas y que precisan de ese servicio de la biblioteca. El problema es que mucha gente piensa que la biblioteca es un lugar de estudio y los jóvenes piensan que ellos no necesitan nada de la biblioteca.

Ni siquiera de la biblioteca escolar.

Yo soy muy beligerante a la hora de defender la biblioteca escolar. Sabes debe existir por ley en todo centro escolar, y no solo de existir, sino de recibir un buen mantenimiento. La biblioteca es necesaria como lo es algo que hemos trabajado en unas sesiones con el Ministerio de Educación y Cultura, la enunciación de unas bases para la integración de la competencia informacional en el ámbito escolar. Yo para ese trabajo me leí la ley, que ya sé que no os gusta nada, y en su construcción teórica se hace continuamente referencia a la capacidad de investigar, de citar las fuentes, ir más allá del libro de texto. Y eso no se está haciendo en colegios e institutos.

No es que no nos guste, el espíritu de la ley está muy bien, pero los medios para llevarla a cabo son inexistentes.

Nosotros en ese grupo de trabajo definimos diez medidas, y lo primero era el presupuesto para conexión a internet, para ir más allá de los libros de texto y desarrollar esa capacidad de investigación. Las bibliotecas escolares de Galicia son un buen ejemplo, es la única comunidad que tiene desarrollada esa competencia de manejo de la información con una asignatura, que es lo que nos hace falta a todos para que nadie lo deje bajo la responsabilidad del otro, sino que haya un profesor que se dedique a eso.

A veces no se trata de saber buscar información, sino de aprender a manejar los medios tecnológicos. Pienso también en la gente mayor.

Nosotros en la biblioteca hacemos una inmersión, digamos, en esa necesidad. Damos cursos para usar el WhatsApp, el correo electrónico ¿Y cuál es el perfil de la gente que va? Que eso de hacer el DNI electrónico no es tan fácil y yo me tiro un curso explicándole a la gente cómo hacerlo. Es lo que te decía, ¿Somos ciudadanos digitales por hacer eso? No, somos ciudadanos, punto, porque no hay otra forma de trabajar con la administración.


Yo pensaba que iba a hacer una entrevista a una bibliotecaria y a hablar de libros, de tejuelos…

Mira, en las bibliotecas estamos sufriendo una crisis, o dos, porque el mundo de la información se ha deslocalizado, eso es lo que decía Zygmunt Bauman, la información, como la sociedad, es líquida, está en cualquier parte y no está en ninguna

Es decir, que ya no hay un soporte físico, libros, discos, películas…

Claro, eso pone en duda la existencia de la biblioteca. Después de la pandemia, lo que nos está reclamando la ciudadanía es que le abramos el espacio. Antes decíamos que qué lástima, que no nos podíamos dar un beso ni un abrazo. Y manteniendo las distancias, la gente quiere seguir queriéndose encontrar y sigue queriendo ir al espacio físico y menos mal. Pero independientemente de eso, el mundo de la información sobrepasa el espacio físico de la biblioteca, esto está claro, entonces ¿Qué es lo que nos enseñan ahora en biblioteconomía? Que ya todo tiene que ver con la información, no tiene tanto que ver con catalogar.

¿La información?

Ya no es describir el documento, la ficha, que es muy importante para su localización, sino la información. Eso que la gente no sabe y se llama el internet de las cosas. Subes una foto y hay que describirla para que, si yo busco “mujer sentada con vestido de flores” pueda encontrar la foto que sube Carmen. Eso es lo que hay detrás, aparte de los algoritmos, las matemáticas. Se trata de saber de la información, saber dónde está y saber acceder a ella, eso es la competencia informacional.

El libro, el CD, el vídeo como objeto…

Nosotros Hemos aumentado el número de carnets en la biblioteca en la pandemia para acceder a plataformas. La Unión Europea pronosticó que el libro como objeto desaparecería en 2018 y no, y para mí es un verdadero placer. En la pandemia he leído mucho en digital, como hace tiempo que no leía, y con esto voy a recordar el poder salvador de la lectura. Es increíble, es que te salva, tú te metes en la lectura y te olvidas durante dos horas del problemón que tenemos. Leo mucho en digital, pero también en físico.

Antes hablabas de las dos crisis de las bibliotecas…

Con la crisis de la pandemia nos cerraron los edificios y aunque llevamos trabajando desde hace mucho, quizás no estamos abriendo con la celeridad con la que deberíamos. Nos ha salvado el patio, ha sido aire, nunca mejor dicho. Yo no tengo miedo, pero sí precaución, y apelo mucho al sentido común, si en el supermercado voy a coger la leche y hay una persona que está ahí, espero a que termine. Y nadie me está diciendo cómo lo tengo que hacer.

Hablabas de la información y vivimos un momento lleno de falsas noticias.

No hay una sola información que no tenga intención, una intención política, económica, un sesgo ideológico. Detrás de eso hay una empresa, todos quieren obtener algún beneficio, y eso es lo que está pasando con las fake news. Nosotros en las bibliotecas lo que enseñamos es a responder a  las preguntas esas de los periodistas, las 5’W, por qué, cuándo, cómo, quién. Es importante saber, cuando lees una opinión, saber quién lo dice. No vale todo. Vosotras estáis rodeadas de nativos digitales y saben manejar los medios fantásticamente, pero mi pregunta es si saben lo que hay detrás de los medios, de la tecnología pura, por eso estoy en contra del concepto digital, porque me supone una instrumentalización del concepto. Es decir, yo sé manejar el móvil ¿Ya tengo la competencia? A nosotros, que somos inmigrantes digitales, que tenemos que aprender a base de dedicarle muchas horas, nos cuesta aprender a manejar el instrumento, la tecnología, que para nosotros es muy visible, cosa que para ellos no, porque la tecnología es una extensión de sus dedos.

¡Qué razón tienes!

Lo que pasa en este momento es que una gran cantidad de gente, se cree sin dudar, lo que les llega a su móvil, sobre todo los adolescentes, nativos digitales.  A nosotros, los inmigrantes digitales, aún nos queda un poco eso de preguntarnos quién dijo esto y por qué. Como tenemos que aprender a manejar la herramienta y poco tiempo, somos selectivos y preguntamos ¿Y esto para qué me sirve? Vamos más allá de lo que es el propio instrumento, creo, profundizamos más. Pero ellos no.

De ahí la importancia de enseñarles a manejar la información…

La gente no sabe buscar libros en las estanterías y eso es formación de usuarios y lo otro, la alfabetización informacional, con eso hay que trabajar. En las visitas hay que enseñarles el espacio físico, muchos pasan, otros se aburren. Y alguno entra en la fonoteca y dice ¡Esto es el paraíso! ven allí cantidad de discos que ya no se usan porque tenemos otra forma de consumo cultural. Pero más allá de eso deberíamos trabajar con vosotros los profesores, en las medidas estas que os digo: buscar fuentes fiables, proyectos documentales integrados que giren en torno a un tema, y eso es difícil porque ni todo el mundo quiere, ni todo el mundo sabe. Eso es la alfabetización transmedia y la biblioteca tiene que apoyar todos estos proyectos educativos.

La biblioteca ya completamente diferente a lo que era.

Las bibliotecas son centros custodios, contenedores de recursos, pero no solo de recursos. La biblioteca es algo más, no es un lugar aburrido, ni es un lugar de estudio, la gente las desconoce, y eso es un poco mi intención, en los cursos, poner de manifiesto esta capacidad de la biblioteca, mucho más que una sala de estudio, nosotros afortunadamente tenemos solo 36 puestos de lectura  y eso es importante porque la gente ya sabe a lo que va. Va a una biblioteca, no a una estudioteca, no de silencio pero siempre de respeto. Va a un lugar de encuentro, de debate, de aprendizaje, de escucha, de intercambio de experiencias, a un lugar vivo, cercano y humano, a un lugar seguro, que tanto necesitamos en este momento.