Viernes, 4 de diciembre de 2020
Las Villas al día

Funcionamiento ejemplar de la escuela infantil Garabato de Villoria

Un diario escolar proporcionado por el Ayuntamiento facilita la comunicación y evita el contacto entre padres y cuidadoras

La escuela infantil Garabatos de Villoria acoge cada día a doce niños de hasta tres años de edad, entre ellos tres bebés de meses. Hasta el momento gozan de tranquilidad y seguridad sanitaria garantizada por el cumplimiento de una serie de normas estrictas, marcadas en un reglamento fijado por el Ayuntamiento y otro paralelo, propio de la guardería.

Las cuidadas instalaciones de este centro se prestan a un servicio óptimo, debido a la amplitud de las mismas y los elementos con los que cuentan. 

Las cuidadoras, Susana Sánchez Calvo y Virginia Marín Cascón, tienen el papel más importante. Ambas hacen uso de grandes dosis de responsabilidad, profesionalidad y tacto con los más jóvenes de Villoria. El buen hacer de ambas ofrece seguridad en este espacio de cuidado, educación y juego para los preescolares. 

En esta tarea también es muy importante el papel del Ayuntamiento. Este año, además de hacerse cargo de otros gastos fuera de cuota, costea el material del método de los niños de dos a tres años de edad y ha puesto a disposición de padres y cuidadoras unos diarios escolares que facilitan la comunicación entre ambas partes, evitando el contacto. A través de estos, los padres dejan por escrito “si han dormido o comido mejor o peor”, o cualquier otra cuestión que deba conocer la cuidadora, según explica Susana Sánchez. Ellas también les transmiten la información necesaria a través de dicho diario. 

Otro servicio que prestan desde Garabato es recoger a los alumnos del colegio que se quedan a comer en otra aula. En un futuro contarán con un comedor específico para ellos que están acondicionando junto a la guardería.

Esta ha sido una de las pocas guarderías que han abierto sus puertas en verano, eso sí, “con unas normas muy estrictas”, explica Susana Sánchez. Por un lado, sólo podrían acudir niños cuyos padres estaban trabajando y por otro lado, se les ha mantenido a una distancia superior a dos metros. Como sólo asistieron dos niños, cada uno de ellos estuvo en un aula diferente.


El inicio del curso fue un poco más complicado que otros, sobre todo para los nuevos alumnos. “La adaptación ha sido mucho más difícil que otros años”, explica Susana. Por ejemplo los bebés intentan quitarles las mascarillas. Con estas cubriendo parte del rostro se dificulta la incorporación de los nuevos porque al principio no conocían a las educadoras. 

Entre las normas obligatorias se encuentra la prohibición de entrar nadie en el centro que no sean los niños y las cuidadoras. Los alumnos, a su llegada diaria se toman la temperatura, se lavan las manos y se cambian de calzado. Cada niño tiene unas zapatillas destinadas únicamente a su uso en el centro. 

El protocolo establece muchas más medidas de seguridad, que acompañadas por la esmerada y precisa atención de las cuidadoras ayudan a mantener segura la guardería. Cuando algún niño ha empezado a tener mocos u otro síntoma, los padres no le han llevado a la guardería hasta que el pediatra ha dado su visto bueno. De momento ningún niño ha sido positivo. 

El contacto entre los niños es mínimo. Los juguetes son de uso individual y después las cuidadoras los desinfectan. Han retirado todos los juegos o piezas que antes se compartían. Con los bebés, evitar el contacto es imposible pues tienen que darles el biberón y es imprescindible más cercanía. “No tenemos más remedio que cogerlos”, anotan.

Susana Sánchez pone de relieve el buen comportamiento de los niños y la rápida asimilación de los nuevos hábitos, entre ellos, el de lavarse las manos correctamente con cierta frecuencia. Algo que les  facilitan con dinámicas divertidas.