Viernes, 4 de diciembre de 2020

Con la educación y la escuela

“Equilibrio mental, juicio recto, valor moral, audacia, resistencia, forma de tratar al projimo, y cómo sacar el mayor bien de los contratiempos, son cosas que no se aprenden en la escuela” (Alexis Carrel)

¿Qué ocurre con la educación, la parte que se imparte en los centros de formación, institutos y universidades etc.?. La educación ha sido desde siempre una prioridad de los gobiernos – o eso dicen- porque hay claras evidencias, de los “destrozos”, que sobre educación y formación  se han producido en el sistema escolar primario, secundario, formación profesional y universitaria.

Según el color político en el poder, cada ley, era conocida  con tal cantidad irreproducible de siglas, que además era implantada  acuerdos entre docentes, políticos y asociaciones u otros colectivos educativos, toda una crispación a la hora de consensuar, y formular una ley que diera sosiego, tranquilidad y estabilidad, además de dotarse de una continuidad, donde se fueran implementando mejoras en la misma, sin tener que cambiarla entera, con el consiguiente perjuicio, que esto nos ha traído, terminando siempre por debajo de nuestros vecinos europeos, que asistían perplejos a esta fanfarria de: finiquitado el gobierno: finiquitada la ley educativa… y vuelta a empezar. Y con ello los políticos de turno, en una actitud impropia, discutían sobre las mejoras, patrióticas, degradantes, manipuladoras y anestesiantes, sin formas y eficacia.

Así, las escuelas públicas rara vez ofrecen opciones validas, ni tampoco educan a los estudiantes sobre temas de utilidad inmediata como, por ejemplo, a sobrevivir en la infancia; a expresar emociones de forma sana; a desarrollar su potencial creativo propio; a hacerse cargo de su propia salud o del cuidado de los enfermos; a enfrentarse a la violencia de género, los abusos domésticos o el alcoholismo; a defenderse de los acosadores; a comunicarse con los padres; a explorar su sexualidad de una manera respetuosa; a encontrar un trabajo y un apartamento; a apañárselas sin dinero u otras habilidades que los jóvenes necesitan para vivir. En las pocas clases se enseñan habilidades manuales útiles ―, Es posible asegurar que la mayoría de los niños terminan la escuela secundaria ignorantes de cómo cocinar o arreglarse su ropa, los futuros trabajadores, sin saber cómo arreglar un desperfecto cualquiera, montar una instalación eléctrica, reparar una bicicleta, cambiar una rueda,  pintar una pared o trabajar con madera. Y en las clases de informática y tecnología, el hecho de que los estudiantes a menudo sepan más que los profesores es una clara indicación de que algo va mal con esta forma de educación.

 Las escuelas ni siquiera enseñan a los niños las habilidades que necesitan para los trabajos de mierda en los que van a terminar trabajando. La mayoría de estas cosas la gente las aprende por sí misma o con los amigos, compañeros, abuelos etc. Cuando los niños comienzan la escuela, se conducen a sí mismos, curiosos por el mundo en el que viven y creen que todo es posible. Cuando la terminan, son cínicos, ensimismados y suelen dedicar cuarenta horas de su semana a una actividad que nunca eligieron. También es probable que no sean instruidos en un buen número de temas como, quizá, el conocer que la mayoría de las sociedades humanas a lo largo de la historia han sido igualitarias, que la policía solo recientemente se ha convertido en una institución importante y necesaria; que su gobierno tiene un historial de corrupción, de nula imaginación, y sin capacidad de gestión y organización; que su estilo de vida está destruyendo el medio ambiente; que la comida y el agua están envenenadas o que hay una historia de resistencia de su propio pueblo esperando ser descubierta. No es de extrañar esta sistemática mala formación, dada la historia de las escuelas públicas, concertadas o no. Aunque las escuelas públicas se desarrollaron gradualmente a partir de una serie de precedentes, el propósito era preparar a los jóvenes para carreras en la burocracia o en la milicia, disciplinarlos, inculcarles el patriotismo y adoctrinarlos en la cultura y la historia de una nación como España que no había existido antes.

Hoy, y desde la llegada de la democracia, y a pesar de una clase política, que casi nunca encontró la línea a seguir, fuimos capaces de ponernos a un gran nivel, jóvenes salidos de nuestros centros universitarios, foros culturales, escuelas de alta formación etc., han dado lugar, a que los mismos se encuentren a la altura de otras naciones, donde evidentemente, la formación, la gestión y los saberes, ponen de manifiesto, cual es la primera inversión, y la locomotora, que mueve al País… Y en esas estamos…Tú...

                Fermín González  salamancartvaldia.es                      blog taurinerías