Viernes, 4 de diciembre de 2020

Gilisostres

Viriato, el terror de Roma, hijo de dos ríos, amante del Monte de Venus cuando le dejaba la púnica  (nada que ver con la trama corrupta de la banda de Aguirre),  no era español.  Preguntad por él  a Apiano, Diodoro, Eutropio, Orosio, Suidas, Tito Livio, Floro, Gaba, Vetilio, Plaucio, Unimano, Fabio, Lelio, Cecilio, Popilio, y otros  para quienes ser español no era una de las pocas cosas serias que se puede ser en el  mundo, sino una impertinencia.

No le digáis nada a Audax, Minuro y Ditalco, que estos andan con las orejas gachas escudriñando futuros después de votar en contra de la moción de censura de Vox. No vaya a ser que Abascal se crea Cepión y diga eso de que él no paga traidores.

Lo que yo crea sobre el españolismo importa menos que un colibrí sin furor. Me parece que soy un accidente, pero dentro de esa circunstancia tengo que comportarme con dignidad. Y es que, a propósito de ser español o no, viene muy a cuento la conversación de Unamuno con  el fundador de la Falange. El vasco rector de Salamanca, después de exterminar a Arana y Maciá, le espeta a los presentes que lo importante es el hombre, la dignidad humana; después lo demás, la sociedad, el Estado.

Ahora se habla, se escribe y se rueda sobre la muerte de Unamuno. Incluso se pronuncia la palabra terrible: asesinato. Mi cabeza se nutre de su pensamiento, tan actual, y sus advertencias de entonces: el peligro de desmentalización de los muchachos o su tendencia pasional. Y casi al final de la conversación cuando don Miguel es rotundamente humano: ¡Sin xenofobia. El hombre, el hombre!

No sé si la ultraderecha española ha pensado alguna vez en don Miguel de Unamuno. Oído lo oído, me temo que lo contrario. Mi amiga Lola S. Rozas escribió hace tiempo que el fascismo se cura viendo Callejeros viajeros. Es una manera muy joven de expresar la misma agudeza mental que Pío Baroja cuando sostenía: “El carlismo se cura leyendo y el nacionalismo, viajando”.

Quien espera desespera, dice el dicho popular sobre la ansiedad, ese vals venezolano que escribió en 1955  José Enrique Sarabia y que popularizó  Nat King Cole. Luego se han hecho más de 800 versiones, hay que ver lo que da de sí la tristeza. (Venezuela: ¿quién ha pagado la huida de Leopoldo López y a cuenta de quién corren los gastos de su estancia en la Madre Patria?).

Y en este hervidero de interrogaciones deben de andar el PP y Vox, hasta hace unos días hermanos de leche. Ambos mamaban de la misma teta y luego les salían los mismitos exabruptos que ni juntos ni por separado llevaban a alguna parte a un país que se está muriendo.

¿Se repartirán ahora, después de la traición, las tetas? ¿Hay en la derecha española suficientes tetas para todos? ¿Pagará los platos rotos la niña del policía salmantino  de Salmoral?

Yo no soy politólogo ni me aproximo. Soy una víctima de los dos. Un hombre con curiosidad. Pero me da en el hocico que antes de la traición, ya había preparada una maquinaria de propaganda para uno de los bandos. Porque el jefe de opinión (¿pero un tipo así puede ser jefe de opinión?) de un periódico que querría ser importante, se apresuró a escribir la hagiografía de Casado en la que literalmente le besaba el culo.

Y sin embargo ese jefe de opinión tiene un perfil más del otro. Su intolerancia, su pobre bagaje intelectual, su marrullería al no dejar hablar a los demás en los debates que hay en la tele entre programas de cocina, sus desatinos mentales, le pegan mucho al bando contrario. Pero me temo lo peor para la señora Monasterio.

Porque la maquinaria mediática al servicio de una cierta refundación -por enésima vez- del partido tiene las espaldas cubiertas. Como bien abrigados estaba Mola y su familia cuando el Poder le encargó un golpe de Estado destinado a fracasar. El hijo de la cubana sabía que en Londres había depositado el banquero más importante de entonces  una fortuna para todos, incluidos los biznietos. No sé si Inglaterra devolvió el dinero.

Y en este sotobosque de trampas andamos.

No muy bien de ánimos, porque espanta que hasta en los pueblos pequeños preñados de patriotismo hasta los topes, intentas parlar algo sobre lo que pasa en el 2020 y la tribu de los cachorros te sale con Paracuellos.

Tampoco hay que extrañarse mucho porque La 2 de Televisión Española acaba de emitir la vida, obra, proceso y muerte de Miguel Hernández en un horario infame que acabó a las 2 de la mañana. A Miguel Hernández le dejaron morir, y ahora entre el alcalde Almeida arrancando sus versos de Madrid y Rosa María Mateo (¿pero no habíamos quedado en que era la musa de la transición?) han vuelto a matarlo.

En fin, que don Miguel de Unamuno, cuando dijo no a la xenofobia, se refería también a Ansu Fati que es uno de los angelitos negros que escribieron Eloy Blanco y Álvarez Maciste para Machín, lo mismo que a Biri Biri que llegó de Banjul para ser lo que  no quería: icono del fascismo sevillano.

Con Pelé, el jugador más completo de la historia del fútbol, no se ha atrevido ningún gilisostres. No porque a los 17 años ya fuese campeón mundial,  o porque  ni siquiera él sabe los hijos que tuvo después de campeonar con las mises más hermosas, sino porque en 1977  Naciones Unidas le nombró Ciudadano del Mundo. Algo que  deberíamos ser todos, aunque no la metamos ni desde el punto de penalty. Y sin embargo él  tiene el mismo color que produce el rechazo de los camaradas henchidos de patria.

Vamos valientes ¿por qué sólo sois racistas con la izquierda,  los niños, las mujeres y los pobres?

¿Se enterarán todos ellos de que en Cerdeña ha nacido un perro verde y que Australia está llena de cisnes negros? Porque a estos gilisostres les sacas de su inmóvil afonía bajo la batuta de Miguel Ángel Rodríguez, ese nuevo  millonario de palabra tabernaria condenado por injurias y calumnias,  y no dan más que para dirigir una tuna de seminaristas.

Y además, les ha parido la abuela. Para rellenar un hueco nombraron a una señora que hasta entonces había hecho muy discretamente su papel de ama de cura. Pero entre el virus, la doctrina rupestre de Rodríguez, y la inexistencia de la izquierda madrileña, la mujer se les ha subido a las barbas después de salir como un alien de la barriga de Ian Holm y está fuera de control.

La política es demasiado noble para dejarla en manos de un dron. O de los Trump de aquí que piensan lo mismo que el de allí: sólo valen los votos cuando van destinados a ellos. Os lo dice un ilegítimo, vosotros sabréis qué hacer conmingo.