Viernes, 4 de diciembre de 2020

Sánchez, Iglesias, Celáa: la sombre de FRANCO (... Bahamonde, Francisco) es alargada

Ya fue mala suerte tenerme que estrenar como cura rural, en noviembre de 1975, con el funeral de Franco. No conocía yo entonces la Ley de Murphy, pero ella actuaba ya en mí de modo que hemos acabado siendo muy amigos, Murphy y yo. Dos refranes populares: “No hay mal que por bien no venga” y “de aquellos polvos vinieron estos lodos”. Lo recuerdo porque ahora, fuera de mi ventana, está lloviendo. La mala suerte de tener que empezar mi tarea pastoral con el funeral de Franco, que ya son ganas, con la cantidad de acontecimientos amables –y de todo tipo- que ha tenido la historia en estos años, fue bueno para mí: luchador en pro de la democracia desde mediados de los sesenta, desde que tenía “uso de razón política”, vaya, puedo afirmar y afirmo que uno de los principales escollos para su advenimiento –el dictador Francisco Franco Bahamonde- había muerto, porque si no hubiera muerto ¿qué hacía yo celebrando su funeral? De todos es sabido que un buen funeral, no como los que, por desgracia, estamos celebrando en tiempo de pandemia, es condición indispensable para pasar el duelo…y pasar página…política.

     Ingenuo de mí…andando el tiempo estoy descubriendo que la sombra de Franco es alargada y llega más lejos de lo que él mismo hubiera soñado, ni hubiera podido imaginar, cuando aquello de que lo había dejado todo “atado y bien atado”. Es tan alargada que llega hasta hoy, porque los malos hábitos son, quizá, fáciles de arraigar y difíciles de erradicar y tienen tendencia al rebrote, como el coronavirus. Así que, al grano: constato que, en 2020, están resurgiendo algunos de los males políticos de hace más de 80 años: 1) Control del poder Legislativo y del poder Judicial desde el Ejecutivo; 2) Estatalización de la Enseñanza (la Enseñanza privada, en el franquismo, era tolerada, porque nadie podía oponerse a la politización franquista del sistema educativo, pero la Policía Secreta sabía desde muy pronto que las Órdenes Religiosas de la Enseñanza estaban trufadas de demócratas y de rojos disimulados y, por lo tanto, no se podía uno fiar de ellos); yo mismo lo sufrí en mis carnes estudiantiles: por ser alumno de un Colegio de curas, dos Reválidas tuve que pasar en el Instituto Público y una en la Universidad Pública; ya se sabe, la Iglesia, con esa manía de “las dos espadas”, tenía una cierta tendencia a salirse del corral de la granja, como más adelante se comprobó. 3) Propuesta de que el español o castellano deje de ser Lengua vehicular en la Enseñanza en democracia como el catalán, el gallego y el vasco fueron lenguas prohibidas en la Enseñanza franquista. 4) Propuesta de creación de un “Ministerio de la verdad”, porque la Verdad está siendo muy maltratada por los bulos y las desinformaciones en los medios y en las redes, so capa democrática de libertad de expresión mal entendida; a mí me recuerda la Delegación Nacional de Prensa y Propaganda de FET y de las JONS, o el Ministerio de Propaganda de Largo Caballero y Carlos Esplá, de ERC por cierto, ambos creados en 1936, o el del Reich, de 1933, con Goebbels como mandamás, o la todavía más antigua Agitprop de la Unión Soviética, donde todo era propaganda. En la España franquista fui testigo más tarde de una versión aligerada, el Ministerio de Información, es decir de Censura, no el de Turismo, que el Turismo ya se las apañará solo cuando cese la pandemia. Bueno, a fin de cuentas, Propaganda y Censura son dos caras de la misma moneda de la mentira.

     En cuanto al control del Poder Judicial, parece que en la Unión Europea se han echado las manos a la cabeza y puede que no se lleve a cabo. Ventajas de los Clubes democráticos.

     El PSOE creó la Enseñanza concertada y el PSOE quiere cargársela. Por la vía de los hechos, sin diálogo ni debate público, despóticamente, aprovechando el confinamiento alarmado del Parlamento. También quiere cargarse la Educación Especial, decretando en el BOE que los diferentes son iguales, como si la realidad obedeciera a los dictados de los asesores. EEUU necesita un plan de gobierno basado en la cohesión nacional y en la moderación política, dice un diario dominical, para restaurar y sanar la convivencia, tan deteriorada. Pero aquí, en España, parece que seguimos la estela de Trump: división, confrontación, guerracivilismo, decretazo.

     Franco impuso que el catalán no fuese lengua vehicular en la escuela. ¿Lo consiguió? No, porque era absurdo obligar a pensar a los niños en una lengua que no fuera la materna. ¿Lo conseguirán Celáa, Podemos y ERC? No, porque no se puede embridar una lengua que más de quinientos millones de niños han escuchado desde la teta y han balbuceado desde la cuna (¡Amá, tero aba!). Además, en democracia no se debe intentar imponer leyes o decretos que no se puedan cumplir. Es de sentido común. En 1951 se reunieron en México representantes de 21 academias de la Lengua Española; ahora son 23. A no ser que sea una mera “maniobra de distracción” para aprobar los Presupuestos.

     En cuanto a la Verdad, la mejor manera que tiene un Gobierno de defenderla es diciéndola. O sea, se trata de decir la verdad. Claro que, por muy Gobierno que sea, podría estar equivocado. ¿Y cómo lo va a saber si instaura la Censura y la Propaganda obliga a creer a pies juntillas el “nuevo catecismo”, sin control por parte del Parlamento –confinado por pandemia- ni de los Medios de Comunicación ni de las redes sociales? Cada ciudadano tenemos también la obligación de hacer brillar la verdad. Yo, al menos, creo que soy capaz de captar muchos de los bulos que se difunden y de decírselo así a mis contactos, y eso que soy un analfabeto funcional cibernético, pero conozco a muchas personas que lo hacen con más perspicacia que yo.  ¿De verdad necesitamos un Ministerio de la verdad? ¿Y quién lo va a pagar? ¡Qué pregunta más tonta! Pues yo…y mis impuestos; contra mi voluntad. No es bueno cabrear al contribuyente, aunque sea “amigo”.

     Cuando las barbas de tu vecino Trump… Antes de que venga un Biden desde Bruselas o desde las urnas, mejor sería que todos nos moderáramos. Pero no es moderación comulgar con ruedas de molino, por más artísticamente que vengan envueltas. Moderación es también criticar dentro de las reglas de juego democrático; la verdad la puede decir un porquero, o un cura, o un ciudadano normal; Agamenón tendría que reconocerla si no quiere romperse los morros y rompernos los nuestros contra la realidad, que es mostrenca. Todo fluye, todo es líquido en la actualidad, pero lo que es, es y lo que no es, no es. Ya lo dijo Parménides.