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Miércoles, 20 de enero de 2021

¿Hasta donde puede conducir el odio?...

Odio, del latín “odium”.  Antipatía o aversión hacia alguna persona cuyo mal se desea, sinónimo de hostilidad, resentimiento, rencor, lo cual genera un sentimiento de profunda enemistad y rechazo, que conduce a desear el mal o el deseo de enfrentamiento con la persona odiada.

Es un valor negativo, va en contra del amor, amistad,  familia,  solidaridad; la inquina conlleva en sus raíces y ramas afán de destrucción. La antipatía, acarrea consecuencias peligrosas, como agresiones físicas, psicológicas, y verbales; en ocasiones desear la muerte de la persona odiada.

Debido al confinamiento, restricciones, demasiadas horas encerrados, futuro incierto, miedo, falta de trabajo, medios económicos reducidos, tiendas cerradas  o en trámites, forman el amarillento y mal oliente caldo que hemos de ver en nuestro deambular por la ciudad. Son demasiado frecuentes las llamadas a la policía, indiferencia y/o agresiones dentro del hogar. Se ha obviado el AMOR,  fuente de calma, unido  a la Palabra.

El odio cronificado,  provoca, la aparición de problemas psicológicos e incluso físicos,   estrés, ansiedad, insomnio, deseos obsesivos, violencia, debilitación del sistema inmunitario, etc.  Las personas que viven bajo el odio,  en ocasiones unido al rencor, son incapaces de sentir  paz interior y mucho menos trasmitirla  ¿Culpable?  baja autoestima,  sentimientos de inferioridad,  envidiar lo que otros tienen, o son, olvidando la reflexión que yo he colgado en una de las paredes de  mi despacho:

No te preocupes por mis logros, mejor te muestro mis sacrificios

FABULA

LA MUJER SOÑADORA

 Ester, soñó que tiraba a un gato de color negro a un pozo y se olvidaba de él. Seis semanas después tuvo el mismo sueño. Pero con el desconcertante añadido, el gato, estaba vivo, abría y cerraba el hocico, aunque no salía ningún maullido. La mujer pensó que había sido en extremo inhumana y que era necesario  hacer algo. Tenía dos posibilidades. A)Tirarle una gran roca y aplastarlo, B) meterse al pozo y sacar al gato para dedicarse a cuidarlo hasta que se recuperara. Estaba en esta encrucijada, cuando despertó sobresaltada. Por un instante pensó que había sido injusto dejar el gato en la profundidad del pozo, pronto se recuperó al recordar que solo había sido una pesadilla. Sin embargo, el  mal sueño la mantuvo inquieta todo el día…  se sentía culpable, aunque no hubiera razón que lo justificara.

            Cuando se acostó por la noche, volvió a pensar en el minino, y rogó que retornara la pesadilla. Estaba dispuesta a tomar alguna determinación. No obstante, pasaron varias noches en la cuales el deseo no se cumple  y el sentimiento de culpa crece.

            Al sexto amanecer, despertó, con una jaqueca terrible. Supo que se iba a volver loca si no hacía algo. Sube a la buhardilla donde su esposo yace enfermo. Hace tiempo que no le cuida, son las manos de otra persona las que le atienden.. El hombre contempla admirado como su esposa se acerca, lo observaba con inexplicable expresión, se sienta al borde de la cama, le acariciaba la frente y luego, tras darle un beso en la mejilla,  cerró dulcemente sus ojos vidriosos que habían cambiado de color. Se acostó a su lado y pudo dormir como no lo había hecho en los años.

Mantener este sentimiento negativo durante tiempo prolongado, provoca, la aparición de problemas psicológicos e incluso físicos crónicos, tales como estrés, ansiedad, insomnio, pensamientos obsesivos, problemas de agresividad, debilitación del sistema inmunitario, etc. Lo peor radica en que las personas que viven bajo el odio, y en ocasiones también bajo el rencor, no son capaces de sentirse en paz.  ¿Culpable?  Tener baja autoestima o sentimientos de inferioridad,  envidiar lo que otros tienen o son, olvidando la reflexión que tengo en mi despacho:

No te preocupes por mis logros, mejor te muestro mis sacrificios