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Domingo, 24 de enero de 2021

Una noche con los voluntarios de la Unidad de Emergencia Social de Cruz Roja: la dureza de vivir en la calle

Cinco noches a la semana, la U. E. S. recorre las calles de la ciudad para identificar nuevos usuarios que están en situación de calle y poder cubrir sus necesidades básicas

Voluntarios de la Unidad de Emergencia Social acercando productos alimenticios a las personas más vulnerables | FOTOS: Lydia González

Son las 22:00 horas de la noche y tres voluntarios de Cruz Roja Salamanca parten de su sede con una furgoneta identificativa. Pertenecen a la Unidad de Emergencia Social (UES). El destino no es otro que la calle. Agudiza la lluvia y las temperaturas siguen bajando. El frío está ahí fuera y cubre el rostro de los más vulnerables. Su trabajo diario va más allá de entregar a los que han perdido su hogar café, caldos, bocadillos, fruta y galletas. Su trabajo se basa en mirarlos de frente, en ofrecer sin nada a cambio esa cercanía que tanto reclama la soledad; es la empatía, la mano amiga.

Compartimos con ellos el recorrido mientras en la ciudad se apodera el silencio de las calles vacías. Raquel Jiménez, responsable de la Unidad de Emergencia Social en Salamanca, explica la rutina diaria de todo el equipo. “Se trata de una unidad móvil que patrulla por toda la ciudad para identificar nuevos usuarios o usuarias que están en situación de calle y poder cubrir sus necesidades básicas. Nuestro objetivo final es poder sacar a las personas sin hogar de la calle, que utilicen los recursos sociales de Salamanca para poder realizar un plan personalizado de intervención con ellas”.

“La unidad va dirigida a la población en riesgo de exclusión social que vive o deambula en la calle debido al desconocimiento de recursos existentes, a la falta de capacidades para planificar su situación, por haber sido expulsados/as de otros recursos o por ser una decisión personal de vida”.

Estas personas pueden presentar múltiples patologías y normalmente no tienen un plan claro de futuro. Por eso, la atención prestada desde la U.E.S se enmarca dentro de tres grandes pilares: la cobertura de necesidades básicas (es decir: entrega de alimentos, artículos de higiene, material de consumo y prevención, además del reparto de mantas y ropa de abrigo), un  segundo pilar sería la atención socio-sanitaria y psicosocial de las personas (ofrecerles ese apoyo humano, es fundamental. Es importante saber que  las personas sin hogar también hacen referencia a esa carencia afectiva, a la soledad, al abatimiento, a no tener apoyos para hacer frente a los obstáculos enormes con los que se enfrentan, y último pilar e igual de importante es la información y derivación de recursos en Salamanca, por lo que los técnicos hacen un seguimiento diario de la situación de las personas usuarias. 

Se sienten invisibles, se sienten rechazados, por eso el simple hecho de que los voluntarios se acerquen y les llamen por su nombre “les alimenta más incluso que un bocadillo”.


Salen todos los días excepto miércoles y domingo. La plantilla de esta unidad está completa al 100% por voluntarios: uno de ellos conduce el vehículo, otro es el responsable del turno y el tercero es un voluntario de acompañamiento. Dentro de su rutina, hay paradas fijas y esas personas ya esperan la llegada. El primer punto de encuentro son los alrededores de las piscinas de Tejares; la siguiente parada es fija y está en la zona de la Estación de Autobuses y la tercera es la parada del autobús en el Paseo de la Estación, a la altura del Centro Comercial Vialia. “Además de esos puntos fijos, luego hacemos una ronda por todo lo que es la zona de María Auxiliadora, los alrededores de la Carretera Ledesma y la zona centro. Vamos alternando dependiendo de las necesidades de estas personas y sobre todo con el objetivo de identificar personas que puedan estar en cualquier cajero o en cualquier lugar que nos digan. Cualquier ciudadano que nos indique donde hay una persona durmiendo en la calle, allí vamos, porque esa persona puede ser atendida”, explica Jiménez.

Según añade la responsable, “a veces puede dar la sensación de que no quieren la ayuda, y sabemos que al acercarnos pueden rechazarnos, pero sí quieren, lo que pasa es que muchas veces no saben canalizarlo. Ellos tienen que saber que hay muchos recursos para ellos y que esos recursos pueden ayudarles a cambiar sus vidas”.

Un camino difícil pero “muy gratificante”

Tanto para la responsable de la unidad como para los voluntarios que forman parte de este proyecto saber que esas personas vulnerables puedan salir de la calle es “lo más gratificante”. “El camino desde que te los encuentras totalmente desolados hasta que pones en marcha el proyecto de intervención y logran los objetivos a pesar de los baches que puede haber en el camino es sin duda lo que le da sentido a nuestro trabajo”, explica.

Lo peor es justo eso, ser testigo de sus recaídas. “Ya de por sí es difícil convencerlos de que vengan aquí, y cuando eso se consigue y se trabaja con ellos, ves que se van curando, que son cada vez más autónomos y por ser tan vulnerables tropiezan y vuelven al inicio es muy duro porque no se lo merecen. Recaen porque son personas extremadamente vulnerables. Es un volver a empezar”, añade.

A pesar de todo, siempre merece la pena seguir. La sonrisa y la actitud “irreprochable” de los voluntarios es lo que mantiene viva esta unidad en la que trabajan siempre desde el silencio, cuando la oscuridad vence y todos dormimos mientras la dura realidad está a nuestro lado, ahí fuera, aunque muchas veces no queramos verlo.