Viernes, 4 de diciembre de 2020

Tertulias: la voz de la afición

La afición a las fiestas taurinas, amén de manifestarse en las plazas de toros, constituían después de las corridas y durante la temporada muchas reuniones en cafés y casinos
La tertulia

La afición a las fiestas taurinas, amén de manifestarse en las plazas de toros, constituían después de las corridas y durante la temporada muchas reuniones en cafés y casinos donde se congregaban individuos reducidos en número pero selectos en calidad, para hablar de la fiesta, comentando sus accidentes, juzgando lo bueno y lo malo de las ganaderías y apreciando la capacidad y valor de los lidiadores. No existían apenas peñas o círculos organizados como los hay ahora, donde se juntan los partidarios de determinados diestros.

Los cenáculos de la época eran absolutamente particulares, se componían de aficionados de diferentes gustos y de distintos pareceres en cuanto al mérito de los toreros. Cada uno tenía su preferido y en las discusiones que se suscitaban, defendían lo que estimaban mejor de sus dotes gesto y torería del espada simpatizante. Había aficionados de total competencia en la materia, que los juicios sobre reses y toreadores los escuchaban con respeto los más acreditados ganaderos y los más afamados ases de la torería que alguna que otra vez hacían acto de presencia y oían sin perder detalle las indicaciones y consejos de aquel tribunal, cuyos fallos gozaban de un razonable prestigio.

Eran reuniones, donde casi todos los asistentes eran de edad madura, por lo tanto habían tenido ocasión de presenciar y dar fe de los contrastados estilos que mantuvieron los gloriosos espadas. Al tiempo que se les concedía a los más viejos cierta autoridad, puesto que sus opiniones se difundían entre los aficionados, sirviéndoles para orientarse en sus observaciones y dictámenes en la plaza. Estas tertulias apenas tienen hoy razón de ser, porque aparte de saberlo todo, hoy no sabemos escuchar, todos somos unos entendidos, aunque luego en la plaza haya un palmaria demostración de ignorancia, de aplaudir con frenesí, y solicitar los trofeos sin tasa ni medida que lo justifique. Convendrán conmigo que hoy a los públicos asistentes les faltan “cimientos taurinos”. Claro que estos son los que más gustan a empresas y toreros, y si entre ellos se encuentran los turistas mucho mejor; lógico.

Considero de mayor interés, la idea de promover conferencias, disertaciones, coloquios, así como la exposición por parte de aficionados o profesionales de cualquier expresión artística en consonancia con el mundo del toro. También para los más jóvenes; al igual que se realizan clases magistrales por toreros en distintas calles, plazas y plazuelas de  localidades españolas, seria muy ilustrativo complementarse y dar a conocer todo aquello que  puede plasmar este arte en sus más variadas expresiones culturales, desde la fotografía, grabado, pintura, dibujo, manualidades en distintos materiales, etcétera, así como la técnica que pudiera emplearse en la iniciación a estos trabajos. No estaría de más la convocatoria por edades, de practicar los mismos sin excluir, la poesía, la redacción o cualquier otro tipo de narrativa. La convocatoria seria realizada por peñas, museos, asociaciones y empresas.


Digo: que en cuanto a la primera parte de este enunciado, siempre es instructiva la polémica, se cruzan ideas, opiniones, dictámenes, historias… y ello sirve para mantener viva la afición;  estas tertulias o conferencias algunas de ellas suelen ser  realmente interesantes, pues en el sugestivo tema taurómaco, pueden hacerse referencias y manifestaciones sobre críticos, comentaristas, toreros, ganaderos y otros que gozan de protagonismo o actúan de alguna forma en este mundillo, del que nunca falta que hablar. Estimo que todo lo que se haga para fomentar la tauromaquia y resaltar sus valores, el sistema de coloquios y conferencias a cargo de personas preparadas, siempre resulta una experiencia que, además de agradable, se suscitan juicios y razonamientos de provecho.

En toda manifestación de arte, la palabra y la oratoria de los doctos, tiene un carácter instructivo, la presencia de los que, con inequívoca expresión testimonial de estar informados concurren a escuchar, dialogar, contrastar ideas y explicaciones, reflejando un ambiente que para todos debe ser estimulado, y ser un complemento eficiente para los aficionados, por ese afán de discernir, y polemizar sobre quienes con reconocida autoridad aleccionan en uno u otro tema al auditorio. Todo cuanto sea formación siempre será acogido por el verdadero aficionado de forma positiva y, esta repercutirá en su actitud, juicio y criterio de lo que pueda acontecer en una tarde de toros. Esto seria lo deseable, el toreo, la tauromaquia en estos momentos y en todas sus facetas, necesita de viva voz, pero lamentablemente apenas quedan foros, apenas se montan charlas, coloquios y tertulias donde debatir, cambiar impresiones donde se pueda sentir el aficionado.

Tiene razón los más viejos de hoy. “Los toros ya no son lo que eran”. Gentes extrañas, palabras raras y egoístas posturas los han adulterado. Pero siempre  quedan rincones-pocos- no contaminados, todavía se habla de ellos y se fantasea, se critica y se elogia buscando la gracia, lo romántico más que el mezquino interés. Aun le quedan a esta Fiesta soñadores con quien compartir, historias, añoranzas, pasiones, palabras máximas y elocuentes, frases, sentencias y costumbres que otros hicieron cuestión de honor conservar, de los que fueron  un día, Padres de la Tauromaquia.