Viernes, 4 de diciembre de 2020

Ventana al porvenir

El matemático y filósofo inglés fallecido a mediado del pasado siglo XX, Alfred North Whitehead, afirmaba que: “La peligrosidad es intrínseca al futuro. Los más notables avances de la civilización son procesos que casi aniquilan a las sociedades en cuyo seno se producen.

De modo general, entendemos por “civilización” el conjunto de organizaciones, instituciones, estructuras sociales, tecnología y forma de explotación de recursos que sustentan una sociedad compleja. En un sentido amplio puede usarse como sinónimo de “cultura” cuando incluimos una cierta visión del mundo, ideologías, creencias, valores y costumbres compartidas. Bien, pues muchas de estas cosas vienen haciendo aguas o experimentado profundos cambios desde hace tiempo en Occidente.

En mi opinión organizaciones, instituciones y estructuras sociales son los cimientos fundamentales que soportan el pesado y complejo edificio de cualquier civilización. Hoy las organizaciones se han atomizado, los idearios de sindicatos y partidos políticos se han diluido y en su seno los intereses por la defensa de derechos y bienes comunes inspirados en visión de estado a largo plazo, están perdiendo la batalla frente a lo privado y el cortoplacismo electoral. Los ciudadanos hace tiempo que no se siente representados por las instituciones, no las sienten como suyas – en realidad no lo son ya – y únicamente las consientes como mal menor. ¿Y que decir de las estructuras sociales[1]? Pues que han cambiado tanto que ya no las reconoce ni la madre que las parió. Muchas de las cosas que están sucediendo desde hace algunas décadas torpedean sin piedad la delgada línea de flotación las democracias..

Un solo ejemplo creo que resume lo dicho. El 450 Presidente de los Estados Unidos, el republicano Donald Trump, en la rueda de prensa que dio en la Casa Blanca la misma noche en que se aún se contaban los votos, unión en una misma frase su triunfo en las elecciones y una acusación de fraude electoral si él no era de nuevo presidente, poniendo así en entredicho todos los mecanismos democráticos que le habían colocado en el puesto que ha venido ocupando los últimos 4 años. ¡Es el colmo del disparate!

Monarquías caduca, anquilosadas y corrompidas, responsables políticos incapaces de alcanzar consensos y que se lanzan, a la menor oportunidad, a la yugular de sus opositores porque están más interesados en mantener sus ínfimas cuotas de poder y aniquilarlos, que en lograr el bienestar de sus ciudadanos. Una “convivencia” social judicializada ¡todo se decide en los juzgados!. Organizaciones europeas e internacionales cuyo acuerdos no son respetados ni por los Estados que forman parte de ellas porque van a la deriva pues hace demasiados años tienen pendientes reformas organizativas que no se atreve a realizar no vaya a ser que pongan en peligro las posición de privilegio que gozan algunos de sus miembros.  La pandemia que hoy vivimos ha puesto sobre la mesa muchas de estas cuestiones y creo que si algo positivo puede salir de ella es que los ciudadanos tomemos conciencia de ello.

En mi opinión nuestra orgullosa y egocéntrica civilización occidental está necesitando con urgencia que se refuerces sus cimientos, o quizás que se dinamiten por completo, para construir otros sobre los que levantar nuevas organizaciones, nuevas instituciones, nuevas estructuras. Un edificio con grandes ventanales a través de los cuales los ciudadanos podamos ver lo que sucede en el interior y por los que nuestros representantes puedan asomarse para observar cómo nos va la vida, cuáles son nuestras necesidades, qué queremos de ellos.    

No es pesimismo, es sólo que en ciertos momentos hay que alejarse un poco de la cotidianidad del dia a dia para tener uan mejor prespectiva y esta casi aniquilación, a la que se refiere el Sr. Whitehead, es lo que veo. Las civilizaciones son organismos vivos y como tales nacen, crecen, alcanzan su esplendor y, sino evolucionan, terminan por morir. Una nueva civilización es necesaria. No cuento con verla, así que me limitaré a observar con tristeza como se derrumba la antigua y aplicaré los cuidados paliativos que estén en mi mano para evitar en lo posible lo traumático del proceso, eso sí, con la esperanza de que lo que vendrá será, sin ninguna duda, mejor para las generaciones futuras. Y es que como acertadamente afirmó la escritora francesa Françoise Sagan: Sólo cerrando las puertas detrás de uno se abren ventanas hacia el porvenir.

 


[1] En sociología se entiende como la forma adoptada por el sistema que se crea a partir de las relaciones que mantienen los integrantes de una sociedad.