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Miércoles, 27 de enero de 2021

¿Somos media naranja predestinada a encontrar “la otra mitad”?

Entre los viejos mitos sobre las relaciones sexuales y amorosas, comenzamos hoy con el de la “media naranja”

Supuestamente estaríamos predestinados a unirnos a una persona concreta, nuestra otra mitad, para rodar juntos de por vida. ¿Y quién nos ayudaría a encontrarla, reconocerla, seducirla y mantenerla toda la vida? ¿Sería de nuestro entorno, no familiar, o con la globalización nos tienen predestinada una media naranja en cualquier parte del mundo? Esto del matrimonio nos lo ponen cada vez más difícil. Antes, con los matrimonios concertados, los padres y la Iglesia nos solucionaban estos problemas. Se repartían el trabajo: los padres seleccionaban que mitad nos convenía y la Iglesia nos hacía un seguro de vida.

La vida moderna y secular se ha vuelto más complicada.

 Nos hemos dado cuenta de que no somos media naranja predestinada a juntarse con la otra mitad, para formar una unión de por vida. Todo se ha vuelto más complicado: buscar, seleccionar, equivocarse, volverse a equivocar, experimentar a ver si funciona, tener que ganarse el “sí” cada día, etc. ¿Y separarse? Vaya tragedia, si nos llega a ocurrir, porque uno cae en la cuenta que no puede rodar solo; media naranja no rueda ¿Y cómo  repartir la hacienda y los hijos?

 Está claro que la vida era más fácil; todo se ha complicado.

¿Y si siendo media naranja, la otra parte, se va de picos pardos y nos deja tirados? La iglesia tenía la solución con la confesión y el perdón ¿Qué podemos hacer ahora, en este mundo secular?

Entrañables lectores, ya saben que la libertad tiene un precio muy alto. Aun así, el loco de Don Quijote en uno de sus muchos momentos de inspiración, en medio de la Mancha,  dijo: “Sancho, la libertad es el don más grande que nos ha dado Dios”, o algo muy similar. ¿Fue un loco o un  sabio Don Quijote? Yo creo que vale la pena escucharle.

La monogamia heterosexual y de por vida ha sido una forma de organización social. En cuanto la convirtieron en una doctrina obligatoria, ha sido un mito  defendido por la Iglesia y autores que manipulaban la ciencia, legitimando esta falsa creencia. La formulación  más generalizada puede decirse así: “hombres y mujeres han sido creados el uno  para el otro, son como media naranja destinada a formar una naranja entera”. En las versiones más fuertes se ha llegado a decir, con mucho romanticismo, que las personas que se enamoran y se casan han sido creadas para encontrarse y formar un matrimonio para toda la vida.

Nada tengo  contra la monogamia, ni contra las parejas que permanecen juntas de por vida. Los seres humanos podemos decidir tener una vida sexual y amorosa,  con biografías muy  diferentes unos de otros. La monogamia es una alternativa que ha demostrado funcionar también bien en muchos casos. Pero convertir en ley  y en moral esta doctrina  es negar la capacidad de decidir la propia biografía sexual y amorosa, la libertad que nos ha dado la naturaleza. Mejor me parece que aceptemos esa libertar en cada uno de nosotros y en los demás, a la vez que educamos a los niños y niñas, adolescentes, adultos y mayores, sin olvidar a las personas viejas,  a ser  libres y éticos. No es una tarea fácil, pero es lo más inteligente y responsable que podemos hacer.