Viernes, 4 de diciembre de 2020

De cómo la burocracia parasita la consulta del médico… en el peor momento

Los que somos a la vez médicos y pacientes, los que tratamos con familiares de pacientes y tenemos también enfermos entre nuestros propios familiares, somos más conscientes que nadie de que no se está prestando la mejor atención. Es difícil acercarse al ideal en una situación tan compleja, pero lo honesto, para seguir aspirando a él, es admitirlo.

Gran parte de la población, o al menos una porción numerosa entre los que se animan a escribir en redes sociales o noticieros digitales, algunos con nombre y apellidos y otros desde un anonimato que arroja más dudas sobre lo afirmado, da por hecho que, desde marzo, los médicos de los centros de salud no vemos pacientes. Existe un muro real en el proceso de conseguir una cita, que será, en primer término, para una conversación telefónica, que rara vez satisface a los conversadores. Luego, quizá, una espera en un lugar inadecuado, la calle. Y después, al fin, la asistencia presencial, ansiada, supuestamente bien programada, en la mayor parte de las veces suficiente, porque casi todos los problemas de salud pueden quedar resueltos y se gestionan en el ámbito de la Atención Primaria.

Esa creencia popularizada tiene en qué sustentarse, porque se están dando demoras excesivas, impropias, debido a que los médicos de familia no somos suficientes en número (porque no se ha apostado a tiempo por esta especialidad), no estamos bien organizados (porque esa tarea sigue estando pendiente), y asumimos labores que lastran nuestra jornada: ¡la burocracia parasita la consulta!

Seré práctico desde la experiencia. En pleno noveno mes de pandemia, ¿cómo es posible que siga siendo necesario preguntar a cada paciente al que indicamos aislamiento preventivo su empresa, su puesto de trabajo, y luego imprimir, firmar, meter en un sobre y entregar el parte de baja, los de confirmación y el de alta? ¿No debería estar ya esto arreglado? Créanme, son muchas ventanas emergentes, muchos clics, mucho papel y mucho rugido de impresora.

¿Y qué me dicen de volver a cumplimentar volantes de interconsulta con servicios hospitalarios que decidieron devolverlos cuando se suprimió su actividad, que muchos de ellos han retomado también por teléfono aunque se supone que este vicio solamente pervierte a los centros de salud? No parece muy eficaz convertir a los médicos que deben gestionar de forma general e integral los problemas de salud en secretarios de otros médicos necesarios para resolver algunos problemas concretos.

Más vale que se rebajara la carga burocrática, pesadísima, y se renunciara a esas rebajas, arriesgadas y de poco fundamento epidemiológico, en los protocolos: ahora reduzco cuarentenas ignorando períodos de incubación, ahora suprimo una PCR aunque pierda contactos por el camino, ahora omito test de anticuerpos… Cuanto menos se diagnostique hoy más indiscriminado será el confinamiento mañana. Cuantos menos infectados se conozcan más ardua será la empresa, irrenunciable, de tratar a los enfermos, a los que necesitan al médico con el EPI puesto y el fonendoscopio sobre su pecho, no preguntando a Fulano si trabaja de albañil o de psicólogo, o solicitando para Mengana la revisión anual del oftalmólogo.

Esa porción numerosa que afirma que los médicos de familia no estamos trabajando quizá no conozca esto: por eso me animo a escribirlo. También suelen decir que la gente no muere de Covid, sino de todas las demás enfermedades desatendidas. Y añaden que parece que sólo existe el Covid, que a lo demás no se le presta atención. Espero que al menos acepten que si hay unos enfermos que no han sido suficientemente atendidos este año en España, han sido los de Covid. No todos los que lo han necesitado han tenido a tiempo un fonendoscopio sobre su pecho. No ha habido para todos cama de hospital, no digamos ya de UCI. Como no hubo EPIs para los sanitarios encargados de atenderlos. Eso sí, papeles por hacer, todos los del mundo. En el peor momento.