Advertisement Advertisement
Lunes, 1 de marzo de 2021

¿Salamanca puede viajar en tren?.

Con las cosas cada vez peor, hemos sido testigos de cierto debate ferroviario suscitado en Salamanca, incluido el Ayuntamiento, con las autoridades en la materia, incluido el PSOE, hasta epistolar. La pandemia trajo la repentina desaparición de medios de transporte públicos, sean de gestión pública (o se le supone) o privada. Luego con la desescalada reverdeció el viejo debate victimista desde Salamanca, ese que las autoridades ferroviarias gustan tanto de alentar con sus acciones.

La situación no puede ser más sorprendente. Si viaja mucha gente las probabilidades de expansión del virus por el territorio crecen, demasiadas pues vino desde China. Pero el modelo económico imperante necesita el viaje, cuanto más mejor, y se precisan servicios para ello. Y este resulta ser uno de esos momentos en los que se puede demostrar para qué sirve un servicio público con vocación de eso, de servicio público.

Supongo que esos negacionistas de súbita e insospechada abundancia, quizás para demostrar el verdadero nivel intelectual de nuestra sociedad, pensarán que la acción humana es ajena a las pandemias. Pues esta semana no tienen suerte, la “Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES)”, vinculada a la ONU, publica el informe “Escapando a la ‘era de las pandemias”. Cuya nota informativa dice “Las mismas actividades humanas que impulsan el cambio climático y la pérdida de biodiversidad también generan riesgos de pandemia a través de sus impactos en nuestro medio ambiente”, y vaticinan “Pandemias en el futuro surgirán con más frecuencia, se propagarán más rápidamente, tendrán mayor impacto en la economía mundial y podrían matar a más personas que COVID-19”.

Combatirlo con el uso masivo del vehículo privado, nada ajeno al empeoramiento del Medio Ambiente que a su vez se vincula al crecimiento de enfermedades, no parece el camino. Y de ahí la importancia del transporte, y en especial los medios utilizados. Así volvemos al tren salmantino, estrella en los Presupuestos Generales del Estado para la provincia en 2021 con un proyecto gestado 20 años (el acceso norte de la ciudad no tiene tanta suerte). La apuesta por un servicio público de calidad y seguro es más fácil desde medios públicos, propiedad de todos, y Renfe debería ser el instrumento. Puede tener razón el ministerio al recortar la cantidad de servicios, pero entiendo lo hace desde un profundo estudio de necesidades vinculada a la nueva situación de la pandemia.

Y a partir de ahí se dota de los medios necesarios, como ampliar el número de vagones y aumentar la distancia entre usuarios (supongo no olvidan la mal llamada distancia social) por poner un ejemplo. Los horarios entiendo tienen en cuenta a los usuarios que inevitablemente deban utilizarlo, garantizando tiempos entre servicios lógicos y razonables. Y por supuesto, son personas y no algoritmos quienes toman las decisiones para evitar trenes con la mitad de vagones vacíos. Naturalmente actúan con agilidad y crean títulos de viaje, que incomprensiblemente antes no existían, acomodados a la realidad de los usuarios y no de algún iluminado neoliberal que cuenta clientes.

En definitiva, hacer todo lo posible para asegurar una alternativa de viaje realmente segura y accesible, para evitar la carretera y medios de transporte privados contaminantes. Recuperando servicios cuanto antes también, y poniendo otros “nuevos” absurdamente desaparecidos tiempos atrás, ¿no estamos en transición ecológica y agendas varias?. No olvidemos “Compete a los poderes públicos organizar y tutelar la salud pública a través de medidas preventivas y de las prestaciones y servicios necesarios” (Constitución Española, artículo 43.2). Y no solo mata el Covid-19, la perdida de biodiversidad, contaminación y Cambio Climático también.