Viernes, 4 de diciembre de 2020

Que se vaya al cenagal / la bestia presidencial

    Que se vuelva a la ciénaga turbia de dónde salió.  Hace cuatro años yo estaba en Ciudad de México y no me creía lo que estaba viendo. Contaban y el Tipo como un Manchón ganaba. En meses anteriores me decía: dejadlo que diga barbaridades, idioteces. Cuántas más diga más se alejará de ganar. Y  al final ganó, algo increíble. Entonces supe que ese país estaba enfermo, contagiado por el virus de la bestialidad. Bajé al bar del hotel para olvidar con tequila.

    Seguramente cree que el vino tinto sirve para teñir el pelo. Seguramente no sabe qué se hace con los libros, cree que sirven para cascar nueces. No habrá abierto ni uno en su vida. Es tan ignorante y tan zafio que ni creerá en los espejos. Impuso durante años el método de la chulería y de la amenaza. Ni comparar con los mafiosos. Al  Capone era todo un gentleman comparado con él.

     Si diera nombres tal vez las máquinas me registrarían y la gente del Tipo me podría represaliar algún día. Pero las máquinas son idiotas y no entienden de alusiones, no conocen el espíritu del idioma. Solo manejan datos brutos sin alma. Me desternillo de risa con eso de la “inteligencia artificial”.  Que alivio siento. Me parecía insoportable que mandara esa Bestia  que aplasta toda sensibilidad, toda cultura.

      Su único programa fue la ignorancia y la prepotencia. Expulsar a todo el mundo y  aplastar a quien le molesta.  Ganar por cualquier medio. Considerar que los que murieron por defender la democracia son unos perdedores. Apuntar  con el dedo y el abrir la boca como una bestia. Cualquier orangután tiene mucha más elegancia.  Y ahora encenaga a su país y lo pone  en ridículo. Un país donde nació el jazz y donde escribió Faulkner.  Que se vuelva a su cenagal y beba su chapapote.

ANTONIO COSTA GÓMEZ, ESCRITOR