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Domingo, 24 de enero de 2021

El bosque de coníferas del Ártico se muere

Hasta no hace mucho, los científicos creían que el bosque de coníferas del Ártico, conocido también como bosque boreal o taiga, podría superar el calentamiento global y la polución sin demasiados problemas, puesto que se pensaba que los árboles que viven ahora en regiones que experimentan un constante aumento de las temperaturas se irían desplazando hacia el norte

Es el bosque de coníferas más extenso del mundo, ocupando una superficie de 12 millones de kilómetros cuadrados. Es, por lo tanto, el más importante que hay en el planeta, en el que habitan principalmente coníferas que pueden superar los 40 metros, además de otros organismos como los líquenes.

Distintas especies de abetos, pinos, píceas, y alerces comparten un mismo hábitat desde hace millones de años. Sin embargo, ahora su hogar puede acabar siendo su tumba como consecuencia de la contaminación.

Hasta no hace mucho, los científicos creían que el bosque de coníferas del Ártico, conocido también como bosque boreal o taiga, podría superar el calentamiento global y la polución sin demasiados problemas, puesto que se pensaba que los árboles que viven ahora en regiones que experimentan un constante aumento de las temperaturas se irían desplazando hacia el norte. Pero un estudio científico demuestra que la realidad es muy distinta. De hecho, este extenso y espectacular bosque se está secando desde la década de 1970.

¿Cómo lo saben? Los científicos analizaron los anillos de crecimiento de los árboles que ya murieron de una localidad siberiana llamada Norilsk, cuyos ingresos provienen principalmente de las minas que hay por la zona. Esta actividad minera envía a la atmósfera un promedio de 1,8 millones de toneladas de sustancias contaminantes al año, y de esa cifra un gran porcentaje, superior al 90%, es solo de dióxido de azufre, que es uno de los más peligrosos puesto que su exposición causa dificultad para respirar.


Todas estas emisiones han acabado perjudicando enormemente a los árboles, sobre todo a los que se encuentran más cerca de las minas puesto que han formado una nube opaca por encima de ellos que impide que los rayos del sol consigan llegar a sus hojas. Como consecuencia de ello, el proceso de fotosíntesis se detiene, ya que sin luz no pueden realizarla. Y si no pueden, tampoco podrán producir alimento. Entonces, el crecimiento se suspende y las plantas comienzan a morir.

Pero aún hay más. Aunque estamos hablando de una localidad situada al norte del Viejo Continente, los efectos de los contaminantes nos afectan a todos, pues aunque en un país no haya minas por ejemplo, sí que se producirán o se importarán aerosoles. Estos, si bien pueden parecer inofensivos, contaminan la atmósfera enviando más y más partículas de dióxido de azufre. Cada una de esas partículas actúan como núcleos de condensación, que genera nubes las cuales reflejan la luz solar. Así, cualquier selva y bosque de la Tierra puede verse afectado.

Si estas plantas mueren, lo que va a pasar es que se va a liberar todo el carbono que contienen cada uno de esos árboles, acelerando el calentamiento global y empeorando sus efectos.