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Lunes, 18 de enero de 2021

La quinta de abono

En las charlas de café con amigos de distintas procedencias, era frecuente la consabida broma: ¡Hombre, eres de tierra de cuernos! Ante la retranca del comentario, caben varias actitudes: la primera, desde luego, tomárselo también a broma; otra sería asentir, a secas, y, por último, responder con otra ironía: Sí, pero nosotros los exportamos. De la misma forma que, por vivir donde hay más cuernos, no somos parridarios de tenerlos dentro de casa, tampoco somos tan incautos como los ratones para seguir al primer flautista de Hamelín que pase por nuestra puerta.

Precisamente por estar en territorio claramente taurino, una de las expresiones empleadas en los tentaderos para poder medir la mayor o menor facilidad que tienen las reses para embestir, o sea, para averiguar su grado de bravura, es comprobar si se arrancan, o no, a los engaños, si entran al trapo. Las anheladas son aquellas que se dejan engañar una y otra vez embiestiendo al capote o la muleta que emplea el torero, y no a su cuerpo , que está a tan pocos centímetros. Por larga que sea la faena, si el animal es bravo, ni la fatiga ni el castigo consiguen que cambie de conducta. Es capaz de hacerlo hasta perder la vida en el empeño.

La pasada semana se celebró en el coso de la Carrera de San Jerónimo el quinto festejo de abono que, como es sabido, consiste en un concurso de gnaderías en el que se pone en juego el Escapulario del Cristo de la Censura. No como crítico, sino como modesto aficionado me limitaré a escribir una crónica de los participantes que contaban con mayor número de simpatizantes en la plaza. Tiempo desapacible, por estar fuera de temporada, y poco más de media entrada en los tendidos. A pesar de la falta de transmisión que tuvieron las distintas faenas, se notó a la legua la escasez de conocimientos de los espectadores,a juzgar por las repetidas, y demasiado largas, ovaciones que se concedieron en momentos carentes del empaque que se exije en esta clase de festejos.

Abrió plaza el toricantano Santiago “El ciclón de Bilbao”, sobrado de valor pero un tanto escaso de maneras, con una faena , a mi entender, demasiado larga. Recibió al morlco a porta gayola, trasteó por ambos lados y levantó los primeros olés. Crecido de moral, por un momento pareció haber encontrado su sitio. Pronto se vio que no se acoplaba porque estaba abusando de la derecha.  Sin dar ni un pase de pecho, una y otra vez intentó sacar derechazos cuando ya no quedaba agua en el pozo. En ese momento, se echaba de menos algún natural para haber rematado una faena aseada. De esta manera, la impecable labor del principio se vio ensombrecida por unos modales algo pasados de moda.Se oyeron las primeras protestas, pero siguió a lo suyo. Al final, recibió los aplausos de sus incondicionales pero, tal vez, llevó el desengaño a más de un aficionado que esperaba algo más. Mantener la actitud de lidiar en contra de los cánones que se siguen en este mundillo –y en Europa- es querer socavar los cimientos de una fiesta nacional que quiere ser aceptada entre por nuestros socios.

Actuaba como maestro de lidia Pedro “El doctor Bolas” que, en su afán por doctorar sibilinamente al aspirante, no dudó en hacerle repetidos quites, tratando claramente de ensombrecer su faena. Como dueño de la empresa, y siendo empleada suya la presidenta del festejo, abusó de su posición con faroles fuera de lugar y demasiadas miradas al tendido buscando el aplauso fácil. Actuaba como si quien recibía la alternativa fuera en realidad un espontáneo al que hay que dejar hasta que sufra algún percance, o hasta que la res adquiera unos vicios que hagan más difícil su faena. Para conseguirlo, no dudó en cargar la mano del castigo, porque es de los que están en sintonía con Maquiavelo, por aquello del fin y de los medios. No en vano dispone de un astuto apoderado.

A continuación, intervino el maestro castellano Pablo “El pasmo del Otero”. Ante lo que había sucedido en el ruedo hasta ese momento, el palentino quiso dejar bien claro cuál era su lugar en ese festejo. Los que le habían precedido en la arena habían querido pisar sus terrenos, una vez más. La competencia es tal en ese mundillo que los golpes bajos vienen de donde menos te lo esperas. Como primero del escalafón, “El Doctor” no admite la más mínima competencia en su privilegiada posición. Por no perderla está dispuesto –como ha demostrado- a aliarse con las distintas mafias de estemundillo que se venden siempre al mejor postor. Llegados al poder, no admiten que alguien pueda siquiera criticar sus enjuagues. Por otro lado, también el neófito quiso exhibir sus habilidades tratando de convertirse en el verdadero contrincante del oligarca. Por todo ello, el de Tierra de Campos hubo de dejar las cosas muy claras desde los primeros pases.Sin descomponerse, se mostró algo más entrado que el aspirante si bien, a mi entender, se excedió en la réplica. No dudó en emplear bajonazos y algún metisaca. No obstante, su toreo convenció a quienes dudaben de la fuerza de su repertorio. Dejó muy clara su personalidad, pero sin renegar de una escuela más acorde con los estilos de los países donde se ejerce esa mima profesión.

La última reseña correponde a la actuación de Pablo “El Lennin de la coleta”. Algo menos destartalado que otras veces, todavía se presentó con un atuendo poca adecuado para el puesto que ocupa – vicio muy extendido entre sus colegas. Saltó al ruedo muy despacio, midiendo los tiempos, sin los sobresaltos de otras veces, tratando de mostrar una calma para la que no está hecho. Entrevistado en el callejón, hizo unas declaraciones en las que criticaba duramente la actuación del aspirante y, por difícil que parezca, elogiaba la de su tocayo. La sorna con que se expresó fue suficiente para que, en repetidas réplicas, los dos aludidos salieran al quite para dejar al descubierto los turbios deseos del provocador.

Al final del festejo, por esta vez quedó vacante la concesión del escapulario.

Pido disculpas por haberme tomado la libertad de tratar en clave de humor un un hecho trascendental, pero es una forma más de ofrecer mi opinoón. Ahora, en serio y con pocas palabras, quiero resumir la sesión.

Abascal comenzó muy bien cantando las verdades del barquero y tuvo su momento sublime cuando leyó el nombre de todas las víctimas de ETA. Bastaba ver algunos rostros para comprobar que estaba haciendo pupa, pero pronto se equivocó de adversario con algunos ataque a Casado que estaban fuera de lugar. Cuando hizo referencia a Bruselas y a muchos aspectos de política exterior, acabó con la ilusión de quienes esperaban de él una señal de querer aglutinar todas las fiuerzas alejadas de la izquierda, pero que tienen tsu asiento en el Parlamento Europeo.

 Pedro Sánchez estuvo en su línea de siempre. Siguió mintiendo y, ante el tirón de orejas de Bruselas, quiso convencer a Casado de que le ofrecía negociar la renovación del CGPJ. Otra mentira más. De ninguna manera esá dispuesto a dejar de sacar tajada en la parcela de la Justicia. Si no anda listo Casado, volverá a engañarle. Si el del PP tenía alguna duda, ahí está el pacto firmado con todos los anti españoles para seguir en el sillón.

En cuanto Casado subió a la tribuna, acabaron las dudas que había sobre su postura. Han sido muchos días de presiones,de uno y otro lado, con las que se quería socavar su actual posición. Cualquier decisión sería mal interpretada. Un mecanismo que la Constitución pone para examinar al Presidente del Gobierno se ha querido emplear contra el partido que, mientras no se demuestre lo contrario, es la segunda fuerza del hemiciclo. Sánchez está obligado a curarse en salud, pero Abascal llegó al Congreso con dos fallos previos: el primero, anunciar la moción de censura sin comentarlo con quienes presuntamente podían prestarle su voto; el segundo, haberse negado, en su día, a presentarse a las últimas elecciones con esas mismas fuerzas en un solo bloque –si con Cs.hubiera accedido, hoy podía estar en el banco azul. Optó por el NO para que no haya ninguna duda de su condición de derecha moderna y centrada.

Iglesias dejó muy clara su táctca cuando comenzó alabando el discurso de Casado. Lagarto, lagarto. Ya no engaña a nadie. Tampoco a Sánchez.

En las próximas elecciones se verá quién se equivocó.