No manipulen a Unamuno

La versión de Portillo "Venceréis, pero no convenceréis parece un intento de enfrentar directamente el discurso de Unamuno a las tesis sublevadas. Pero en base al pensamiento unamuniano como a las notas que no dejó el filósofo su frase exacta fue: “Vencer no es convencer". Recogido en este acta del momento. Afirmación más general, más filosófica, que pudo fácilmente ser malinterpretada por los asistentes en el contexto de la repulsa de Unamuno a las críticas a Cataluña y el País Vasco.  Mucha imaginación,  mucha creatividad y mucha ideología actual, mata lo que realmente pudo suceder.  Este cambio y afán de sacar a Unamuno de la tumba casi un centuria después de su fallecimiento, las campanas repican  a memoria democrática  muy bien  subvencionada. Creo que el valor del discurso de Don Miguel Unamuno en el paraninfo de Universidad de Salamanca va mucho más allá de la interpretación estrictamente política Al final del día, da igual si Unamuno se adscribía a las tesis de los sublevados, si acabó despreciándolas y hablando contra ellas, o si se limitaba a criticar la violencia por ambas partes. Sus palabras trascienden la situación particular de la España de la época.

“Vencer no es convencer. Conquistar no es convertir.” Son las palabras más importantes del discurso. No sólo por la claridad y concisión del lenguaje, o por la belleza lírica de su estructura. Lo que transmiten va mucho más allá. No está hablando del bien y del mal, de la razón o sinrazón de una u otra causa: está abstrayéndose de todo ese batiburrillo ideológico, haciendo una crítica sobre la naturaleza humana, la imposición forzosa de las visiones particulares que salen a relucir cuando los conflictos ideológicos desbordan la razón. Es una afirmación profunda y filosófica, tratar de reducirla a un mensaje político, es caer en el mismo error en que cayeron los asistentes al paraninfo. Es descorazonadoramente simplista, intentando  matar la intelectualidad.

Las críticas al investigador sobre su  orientación política, o su ensalzamiento prematuro, caen en esta misma simplificación de una realidad profunda hacia el ámbito ideológico. Si esta nueva versión recogida en acta es verídica o no, habrá que verlo cuando se publique. Si es cierta, bienvenida sea, porque arroja algo más de luz sobre uno de los discursos trascendentales y sus consecuencias. Si la autenticidad de las fuentes es cuestionable, saldrá a relucir y quedará como un mero ejercicio cinematográfico, no menos interesante porque al fin y al cabo acerca la historia al público general.

Pero independientemente de si esas fueron las palabras exactas o si el devenir de una dictadura y el paso del tiempo han conseguido que se olviden, y manipularlas, la verdadera esencia de la misiva  sigue estando ahí, demasiado poderosa para silenciarla. Quédense con el mensaje, y olvídense de lo políticamente correcto o incorrecto actualmente. De aquí a unos cientos de años  la Guerra Civil habrá pasado al ámbito académico, nadie hablará de Franco, de Millán Astray,  de cómo gracias a los socialistas  llega la II  República. Pero el mensaje de Unamuno nunca, va a dejar de ser cierto.

Para terminar mi reflexión decir que “palabras para un fin del mundo” del director M. Mechón, como poco son identitarias con su pensamiento. Creo que el valor del discurso de Unamuno en el paraninfo de Salamanca va mucho más allá de la interpretación estrictamente política que se le suele dar. Al final del día, da igual si Unamuno se adscribía a las tesis de los sublevados, si acabó despreciándolas y hablando contra ellas, o si se limitaba a criticar la violencia por ambas partes. Sus palabras trascienden la situación particular de la España de la época, sobre la que también incide de forma magistral.

«Vencer no es convencer. Conquistar no es convertir.» Son las palabras más importantes del discurso. No sólo por la claridad y concisión del lenguaje, o por la belleza lírica de su estructura. Lo que transmiten va mucho más allá. No está hablando del bien y del mal, de la razón o sinrazón de una u otra causa: Está abstrayéndose de todo eso, haciendo una crítica sobre la propia naturaleza humana, sobre la imposición forzosa de las visiones particulares que sale a relucir cuando los conflictos ideológicos desbordan el umbral de la razón. Es una afirmación profundamente filosófica, y tratar de reducirla a un mensaje político es caer en el mismo error en que cayeron los asistentes al paraninfo, y el propio Millán Astray. Es descorazonadoramente simplista, es matar a la intelectualidad.

Las críticas al investigador por su orientación política sin siquiera esperar a ver su trabajo, o igualmente su ensalzamiento prematuro, caen en esta misma simplificación de una realidad más profunda hacia el ámbito ideológico. Si esta nueva versión recogida en acta es verídica o no, habrá que verlo cuando se publique. Si es cierta, bienvenida sea, porque arroja algo más de luz sobre uno de los discursos trascendentales del habla castellana y sobre sus consecuencias. Si la autenticidad de las fuentes es cuestionable, saldrá a relucir y quedará como un mero ejercicio cinematográfico, no menos interesante porque al fin y al cabo acerca la historia al público general.

Pero independientemente de si esas fueron las palabras exactas o si el devenir de una dictadura y el paso del tiempo han conseguido que se olviden, el mensaje sigue estando ahí, demasiado poderoso para silenciarlo. Quédense con ese mensaje, y olvídense de lo demás. Porque de aquí a mil años la guerra civil habrá pasado al ámbito académico, ya nadie hablará de Franco, de Millán Astray, de la república ni de nada de eso. Pero la naturaleza humana seguirá siendo exactamente la misma, dentro de miles de años. Y eso significa que el mensaje de Unamuno nunca, jamás, va a dejar de ser cierto. El documental “Palabras para un fin del mundo” de M Mechán simplista, es la forma que entiende  unidas a sus derivas políticas para enrarecer el fallecimiento de Unamuno en base a conjeturas, sospechas, testigos que no están, y solo especulan y siembran dudas. El método historiográfico brilla por su ausencia y el documental parece sacado de un chiste de Gila,: " Alguien ha matado a alguien"…  ahí lo dejo.

Por favor, más seriedad, a la hora de aportar luz sobre hechos históricos,  documéntese, de lo contrario, pensaremos que todo es producto de la tan manida MANIPULACIÓN y SECTARISMO, tan comunes en estos tiempos convulsos y enrarecidos que vivimos