Jueves, 3 de diciembre de 2020

1935: Cuando Miguel Hernández recitó versos en la Ramajería

Uno de los poetas españoles más conocidos del siglo XX fue Miguel Hernández, sobre el que se han llegado a escribir libros, hecho documentales, editado numerosas veces sus obras... Sin embargo, un dato bastante desconocido de su biografía es su paso por la comarca de la Ramajería entre los días 20 y 25 de abril de 1935, cuando visitó con las Misiones Pedagógicas las localidades de Iruelos, Ahigal de Villarino, Brincones y Puertas.

 

La primera parada que hizo este poeta de Orihuela en su llegada al noroeste salmantino fue en Iruelos, el 20 de abril de 1935, acompañado de quienes fueron sus dos compañeros de las Misiones, Enrique Azcoaga y José Antonio Maravall, así como del Inspector de Primera enseñanza de la zona, Juan Francisco García, siendo recibidos por las autoridades locales, que les dirigieron hacia las escuelas, donde a las siete de la tarde iniciaron su actividad, con un lleno de público.

 

Respecto a qué hicieron en concreto Hernández y sus compañeros en Iruelos, ha de señalarse que, tras una breve presentación llevada a cabo por Maravall y Azcoaga, proyectaron el documental “El cultivo del arroz en la isla de Formosa. Cultivo del té y del azúcar”, donde según crónica de El Adelanto del 30 de abril de 1935, a los iruelenses les habían “hecho gracia los trajes de los habitantes de dicha isla”.

 

Después de esta película-documental, el Inspector de zona, Juan Francisco García, intervino hablando acerca de la poesía, antes de dar paso a Miguel Hernández, que recitó los romances de “La loba parda” y “Los peregrinitos”, que tuvieron que ser repetidos ante el entusiasmo del público tras escucharlos, siendo el primer pueblo ramajero en que Miguel Hernández actuó frente al público.

 

Al día siguiente, 21 de abril, estaba previsto que Hernández, Maravall y Azcoaga se llevasen a los niños al campo para ponerles canciones al aire libre con un gramófono. Sin embargo, el mal tiempo, con lluvia y frío intenso, provocó la cancelación de esta actividad, limitándose el programa a la proyección nocturna, ya bajo techo, del documental “Grandes construcciones de automóviles por equipos”, para visualizar la cual se acercaron vecinos no sólo de Iruelos, sino también de Brincones y El Manzano. Tras este documental, hubo de nuevo recitaciones de poemas y escucha de discos, para dar paso posteriormente a las proyecciones de “Grecia. Egipto” y “La Princesita rana”, que pusieron punto final a las Misiones Pedagógicas en Iruelos.

 

Como curiosidad del paso de Miguel Hernández por Iruelos, cabe decir que, según dejó escrito el propio poeta, el alcalde de Iruelos le tuvo que prestar su capa para que pudiese protegerse del frío. Y es que Hernández, procedente de las tierras valencianas limítrofes con Murcia, con un clima mucho más cálido en primavera que el vetusto y recio Reino de León, no fue consciente de este hecho, reconociendo a posteriori que “como el viaje fue por los finales de abril, salí a cuerpo limpio para allá.”

 

Pero la capa del alcalde de Iruelos no fue la única capa ramajera que se enfundó Miguel Hernández, ya que en Ahigal de Villarino tuvo que prestársela el maestro, mientras que en Brincones y Puertas fueron dos campesinos quienes le cedieron su capa. Así, el poeta oriolano describía que “el frío me cogió y tuve que pedir auxilio a la capa del alcalde en el primer pueblo, a la del maestro en el segundo, a la de un labrador en el tercero y a la de otro en el cuarto”.

 

Sea como fuere, después de finalizar su labor en Iruelos, los miembros de las Misiones Pedagógicas se trasladaron a Ahigal de Villarino, donde Azcoaga relató a posteriori que los vecinos se preguntaban cómo iban a realizar las proyecciones al no haber llegado la luz a la localidad. Sin embargo, esto no fue un problema, ya que los miembros de las Misiones llevaban una especie de baterías que suplían esas carencias. Así, en Ahigal de Villarino se realizaron lecturas de poesías de Juan Ramón Jiménez y Antonio Machado, se pusieron discos, y se proyectaron documentales, acudiendo vecinos de Trabanca a estas actividades.

 

Por cierto que la llegada a Ahigal de Miguel Hernández y sus compañeros fue especialmente fría por parte del vecindario, ya que según escribió el poeta posteriormente, fueron recibidos por los campesinos de la localidad “recelosos y cejijuntos”. Ante tal actitud, Hernández preguntó al maestro del pueblo a qué se debía dicha hostilidad, ante lo que, según el oriolense, le contestó que “creen que venís a platicar contra don … -el dueño de aquellos campos, no hago memoria del nombre-, y dicen que si es así os iréis malparados”.

 

Sin embargo, tras esta difícil llegada marcada por los prejuicios, Miguel Hernández, que entonces tenía 24 años, así como sus compañeros, acabaron haciendo buenas migas con los vecinos de Ahigal. De esta manera, el poeta de Orihuela escribió que “tan diferentes nos hallaron de lo que ellos pensaban que hasta dormimos en la casona de don… no sé cómo, y aquella misma tarde iban hombres y rapaces dando calles abajo la noticia y la hora de la función, que así designaban nuestra labor, con caracolas y cencerros alborotados.”

 

Tras finalizar su labor en Ahigal, Miguel Hernández se encaminó junto a Azcoaga y Maravall a Brincones, donde desarrollaron actividades similares a las llevadas a cabo en Iruelos y Ahigal de lectura de poesía, proyección de documentales y audición de música española en los días 23 y 24 de abril de 1935. Además, a  estas actividades en Brincones acudieron según crónicas de la época no sólo los vecinos de esta localidad, sino también de pueblos aledaños como Sanchón de la Ribera y, curiosamente, Iruelos, de donde precisamente venían de actuar.

 

Del paso de las Misiones Pedagógicas por Brincones llama la atención una anécdota sobre la que escribió el propio Miguel Hernández, que narró que el cura de la localidad, en la misa del domingo previo a su llegada “clamó y trinó contra los ateos destructores de la Iglesia que habían llegado al pueblo”. Por otro lado, Hernández comentó en sus escritos que, según algunos vecinos, este reverendo de pelo rubio “hacía negocio con la cera”, llegando algunos a atribuirle varios hijos en el pueblo: “–Aquellos dos zagales son suyos y de la… -me dijo uno señalándome dos rubiancos arrebatados. Y añadió socarrón: ¡Y quince o veinte más que andan por ahí desperdigados!”.

 

Sea como fuere, lo cierto es que tras este paso por Brincones Miguel Hernández y sus compañeros recalaron en Puertas, el 25 de abril de 1935, donde fueron recibidos por el maestro y los niños de la localidad, siendo el lugar donde cerraron su ronda por la Ramajería. Como primera actividad en este pueblo, a las tres y media de la tarde del mentado día organizaron una sesión al aire libre, llevándose a los niños al campo, donde se les explicó cómo funcionaba el gramófono, poniéndoles varios discos antes de regresar a las escuelas de la localidad. En estas, ya bajo techo, proyectaron dos películas infantiles, actividad a la que se sumaron los maestros de Cerezal de Puertas, Manceras, El Groo y Espadaña.

 

Posteriormente, a eso de las ocho de la tarde, se iniciaron los actos diseñados para todo el pueblo, que se acabaron realizando al aire libre al no entrar todo el público en las escuelas. Unos actos a los que asistieron, además de los propios vecinos de Puertas, otros de Cerezal de Puertas, Espadaña y Villargordo, y que contaron con la recitación por parte de Miguel Hernández de “La loba parda”, “A la verde, verde”, “La dama y el pastor” y “Chuflillas toreras”. Además, entre lectura y lectura se visionaron los documentales “Playas del Sur”, “Fuerza hidráulica” e “Industria del automóvil”, poniéndose también discos con canciones de Cataluña, Valencia, Galicia y Andalucía, contando la actividad con una película cómica como punto y final. Tras esta, Azcoaga entregó al maestro de Puertas cien libros en nombre de las Misiones Pedagógicas, encargándole organizarlos y ponerlos a disposición de los vecinos a modo de biblioteca, encargo que se haría al resto de pueblos visitados con otros tantos libros.

 

Por otro lado, cabe destacar del paso de Miguel Hernández por Puertas un peculiar apunte en sus escritos, en el que describía la proyección realizada en esta localidad, con el muro de la iglesia ejerciendo como pantalla: “Era cosa de ver los labradores sentados sobre arados y carretas volcadas, la cigüeña de la torre asustada, los candiles con que alumbrarnos en la vara levantada de un carro, las estrellas temblando de frío por mí y yo envuelto en mi capa parda de un labrador.”

 

Finalmente, tras dormir en Puertas esa noche, Miguel Hernández marchó hacia Madrid con sus compañeros el 26 de abril de 1935, siendo este itinerario por tierras ramajeras la única ocasión en que el poeta realizó las Misiones Pedagógicas, tal y como indicó posteriormente, señalando que “he hecho una sola misión y ha sido por tierras, mejor dicho, por piedras salmantinas. Inolvidables para mí los espectáculos de los cuatro pueblos en que estuve y sus gentes de labor”.

 

Y es que, tras haber recitado poemas en Iruelos, Ahigal de Villarino, Brincones y Puertas, Miguel Hernández no volvió al noroeste salmantino, marcando su destino el estallido de la Guerra Civil apenas un año después, tras cuyo final fue encarcelado por su filiación comunista, falleciendo el 28 de marzo de 1942 en la cárcel de Alicante a los 31 años de edad, dejando como herencia numerosas poesías, cuya calidad le sirvió para ser reconocido como uno de los grandes poetas de esa “Madre España” a la que dedicó uno de sus poemas.