Crispar hasta la extenuación

Profesor de Derecho Penal de la Usal

En los informativos y en las tertulias de los diferentes medios de comunicación lo que más se resalta de la situación política actual es el nivel de enfrentamiento y crispación al que están llegando nuestros representantes con sus intervenciones en las instituciones y en los diferentes foros de debate.

 

            En las sesiones de control al gobierno, tanto en el Congreso como en el Senado, se formulan preguntas que poco o nada tienen que ver con la realidad que vive nuestro país. Los líderes de la oposición (fundamentalmente los de Vox y PP) dedican todo su tiempo a denigrar sistemáticamente al presidente y otros miembros del gobierno, en muchos casos no por su gestión sino con descalificaciones personales entrometiéndose muchas veces en la vida privada de éstos. Y el comentario generalizado de los medios de comunicación ante esta crispación infame es que “los políticos no se ponen de acuerdo y sólo les interesa la crispación…, la clase política no está a la altura…” y un largo etcétera en la que se mete a todos en el mismo saco, cuando hay que reconocer que las preguntas parlamentarias las realizan mayoritariamente los grupos de la oposición y se formulan, ya de inicio, con palabras gruesas, insultos y descalificaciones de todo tipo. Por lo que debemos individualizar a la hora de juzgar la crispación generada por unos y otros.

 

            Como prueba de ello voy a ilustrar al lector con algunas “perlas” escuchadas durante la semana. La senadora del PP Adela Pedrosa preguntó a la ministra de igualdad Irene Montero lo siguiente: “ De mujer a mujer, ¿siente usted vergüenza por compartir su vida con un machista o va a seguir callada?, ¿es usted sumisa a un macho alfa?, como puede deducirse, el supuesto “machista, macho alfa” es Pablo Iglesias. A esta señora los electores que la han elegido como representante política para que trabaje por el progreso de la colectividad y los derechos e intereses legítimos de los ciudadanos deberían pedirle que rindiera cuentas, porque en una situación tan cruel en la que nos encontramos por la pandemia y las consecuencias en la vida y salud de las personas y en la economía de nuestro país, esta senadora, como el resto de responsables políticos (TODOS) deberían unir sus fuerzas para combatir esta lacra con iniciativas, con propuestas, con pactos para aprobar unos presupuestos dignos a favor de la ciudadanía y acudir de la mano a Europa para reivindicar ayudas y mejoras para nuestro país. Que un político utilice la representación que le han dado miles de ciudadanos para estos menesteres es ruin y abominable. Además, la excesiva y ridícula teatralización de la senadora al formular la pregunta, implicando a la presidenta del Senado por llamarle la atención y repitiendo las preguntas compulsivamente y con una retórica mediocre, delatan la verdadera intención de la senadora: fomentar la crispación y la camorra colectiva para captar la atención de los ciudadanos y “pescar” un puñado de votos, aunque sea “poniendo de los nervios” a la mayoría de la sociedad.

 

            Capítulo aparte merecen las respuestas que la “Delegada” de cultura del Ayuntamiento de Madrid, Andrea Levy, hizo a las concejalas de la oposición, Pilar Perea, de Más Madrid, de la que se burló por el “collar de arte precolombino que llevaba” o a Mar Espinar, del PSOE, a la que acusó de ser una “socialista machista” y de ser una persona frustrada “por no ser nada ni nadie”. Desconozco si Andrea Levy puede alardear de  éxitos políticos personales y acusar a otros de frustraciones, cuando esta señora comenzó siendo diputada “popular” en el parlamento de Cataluña y como el partido al que representaba era y sigue siendo absolutamente residual en Cataluña, buscó amparo en el PP nacional, teniendo que emigrar a Madrid para no sentirse frustrada políticamente. Es lo que ocurre con algunos representantes del pueblo que hacen de la política su profesión; no les importa la ciudad o región a la que representan porque lo realmente importante es seguir “viviendo” de la política. Javier Maroto –que también salió frustrado como representante del PP al no conseguir revalidar su escaño de diputado por Álava en las elecciones generales de abril de 2019-, también fue designado senador a propuesta de las Cortes de Castilla y León y para ello tuvo que empadronarse en Sotosalbos, municipio de Segovia.