Viernes, 27 de noviembre de 2020

¿Un cuento?

En un planeta no muy lejano y no hace mucho tiempo, se reunieron representantes de los tres reinos de la Naturaleza, a saber, animal, vegetal y mineral. Todos acordaron que la sesión fuera presidida por el pingüino ya que su atuendo era el más apropiado dada la solemnidad que exigía tan importante sesión plenaria, y aunque hubo quien votó por el pavo real se consideró que su plumaje resultaba exagerado.

El único tema en el Orden del Día fue qué hacer con los seres humanos que llevaban siglos atentando y maltratando a los habitantes de los reinos sin hacer ningún caso de las serias advertencias que con frecuencia se les habían hecho llegar. El Presidente preguntó al representante del reino animal:

  • ¿Qué puedes sugerir tú? A fin de cuentas hablamos de animales racionales.
  • Pues no sé qué deciros – respondió un viejo elefante - cada vez tenemos más dudas de que en realidad sean racionales. Muchas especies han desaparecido a causa de su insaciable afán depredador ¡Pero si incluso han exterminando a miembros de su misma especie! Concluyó  levantado el tono y dando una fuerte patada en suelo.
  • También nosotros somos víctimas de ellos, interrumpió el representante del reino vegetal - una gran secuoya de California que tenía más de 1000 años – han desparecido ya muchas especies y 1 de cada 5 está en grave riesgo de hacerlo en los próximos años. Sufrimos numerosas talas indiscriminadas, sobrexplotación e incendios provocados, lo que está ocasionando que en grandes extensiones de terreno la vida de cualquier ser vegetal resulte ya imposible y por tanto el avance de los desiertos imparable.

El pingüino preguntó entonces al representante del reino mineral

  • ¿Qué nos puedes decir tú? Vosotros tenéis desde siempre una poderosas alianza con las fuerzas de la Naturales?
  • Sí, es cierto, respondió la representante de las reservas minerales africanas - Señora Diamante - pero al igual que vosotros sufrimos su irresponsabilidad. Montañas dinamitadas, perforación de infinitas galerías y túneles para extraer recursos que nos ha llevado milenios fabricar; construcción de enormes presas y canalizaciones de ríos; contaminación de acuíferos que cuesta siglos limpiar. Y hay que tener en cuenta que todo esto acarrea graves consecuencias también para los otros reinos.

Todos estuvieron de acuerdo con la señora Diamante. El delegado de la fauna marina – una tortuga Carey llegada desde el Océano Pacífico - tomó la palabra e informó de las dramáticas consecuencias que la actividad humana estaba ocasionando en los océanos:

  • Vertidos tóxicos como pesticidas, dioxinas, fenoles, residuos radiactivos y metales pesados. Los humanos tiran al mar más de 200 kilos por segundo de plásticos y llevan a cabo una pesca abusiva e indiscriminada ¡Pero hombre, si hasta nos roban los huevos! Corales, esponjas y muchos tipos de algas se mueren y ciertas especies desaparecerán pronto.
  • ¡Tenemos que hacer algo! - gritó desde el fondo de la sala, el representante de las especies en peligro de extinción – el koala - Cada vez son más los que se suman a nuestro colectivo procedentes de todos los continentes y reinos.

El presidente tomó de nuevo la palabra, y con voz potente, lanzó al aire una pregunta

  • ¿Qué podemos hacer para defendernos?

El representante de las fuerzas de la Naturaleza – una tormenta tropical llamada Josephine - dijo:

  • Pues lo cierto es que nosotros y nosotras tampoco sabemos ya que hacer. Llevamos décadas enviando mensajes: terremotos, huracanes, tifones, granizos, olas de calor y sequías prolongadas, más recientemente hemos echado mano de elaboradas ciclogénesis explosiva. Tampoco sirvieron de nada los últimos tsunamis, gotas frías y lluvias torrenciales a lo largo y ancho del todo el planeta. Sabemos que especies de otros reinos se han visto seriamente afectados por el aumento de la temperatura de las aguas con el consiguiente deshielo de parte de los casquetes polares y la subida de los niveles de los mares. Pero nada parece hacerles entrar en razón, nada parece ser suficiente para que adviertan el peligro que corren ¡Se limitan a ponernos nombres! La única solución sería provocar su extinción.

El clima se hacía cada vez más tenso, un angustioso silencio se extendió por la sala y el pesimismo empezó a apoderarse de todos. En realidad muchos lamentaban que aquel pudiera ser el único camino, había seres humanos que no lo merecían.

Desde fondo de la sala alguien pidió la palabra.

  • Bueno, nosotros también lo hemos intentado sin éxito desde hace tiempo, pero entendemos que llegados a este punto no queda otra que optar por acciones más radicales. Llevamos tiempo ensayando y creo que podemos proponeros una medida que podría funcionar, aunque no estamos seguros al 100%. Se trata de algo que iría muchos más allá de poner en riesgo sus vidas, también correría grave peligro algo que para algunos de ellos parece ser más importante, su economía. Creemos que únicamente afectará a los seres humanos, pero podría descontrolarse y sus efectos ser muchos más serios que otras advertencias llevadas a cabo con anterioridad. Claro que si no hay más remedio y la Asamblea lo autoriza comenzaremos el proceso.
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  • El que así habló fue el representante de los organismos microscópicos - A(H1N1) más conocido por Gripe estacional – que, acto seguido, procedió a dar todos los detalles de la estrategia a los asistentes. Tras algunos turnos de réplica, se procedió a votar la propuesta y ésta resultó aprobada por unanimidad: Autorizar la liberación de lo que los seres humanos bautizarían como COVID-19.
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  • Para concluir el acto, se procedió a fijar fecha para una nueva reunión con el fin de evaluar los resultados.
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  • Flora Tristán, escritora y feminista francesa del siglo XIX escribió: Dos cosas me llaman la atención, la inteligencia de las bestias y la bestialidad de los hombres.