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Jueves, 21 de enero de 2021

El Papa Francisco y la homosexualidad

Nos alegra que el Papa Francisco haya dado un paso más en su postura sobre la Homosexualidad. En una entrevista, se muestra partidario de una solución legal para las personas homosexuales que formen pareja. “Deben tener cobertura legal”, ha llegado a afirmar. No habla de matrimonio, término que reserva para el matrimonio entre personas heterosexuales.

Ya había hecho una declaración hace tiempo, que me pareció muy evangélica: “¿Quién soy yo para condenar a los homosexuales?”

Ambas declaraciones son un gran avance porque no solo renuncia a presionar a los gobiernos para que sus leyes se acomoden a la doctrina moral tradicional de la Iglesia (ésta es, a mi entender, la gran novedad),  sino que apoya derechos civiles básicos de los homosexuales. Si esta postura se generalizara en la Iglesia católica, ayudaría a que muchos países, en los que están perseguidos,  acaben no solo de dejar de perseguirlos, sino encontrando una cobertura legal, sea equiparándolos al matrimonio, como en España y cada vez en más países, o con otras denominaciones legales.

Es otro gran avance para las personas homosexuales que sean católicas porque no les condena, ni les declara desviados, degenerados, etc. Además, parece que en algunos casos concretos que han recurrido al Papa personas o parejas homosexuales, les ha animado a vivir con normalidad sus creencias en la iglesia.

También es  un  gran alivio para muchos creyentes, que aceptan muy bien, desde hace tiempo, a las personas homosexuales. Y que se avergüenzan de este aspecto y de otros de la moral sexual católica.

Felicitémonos de que el Papa dé estos pasos; es probable que él esté dispuesto a dar otros, no lo sé. No debe tenerlo demasiado fácil.

Dicho esto, estamos lejos de una mejora   sustantiva de la moral sexual de la iglesia sobre este tema, las personas divorciadas, la anticoncepción, la actividad sexual de las parejas no casadas, etc.

La iglesia regula moralmente y con “el sacramento” del matrimonio, de por vida, la actividad sexual y amorosa de las personas, que solo puede empezar en la noche de bodas; y con la imposibilidad de “romper lo que Dios a unido”.

Poco tiene que ver la vida de muchos creyentes católicos con esta moral;  ya no se sienten culpables por vulnerarla, aunque que sigue siendo la “oficial”.

Para el resto de la población, no creyentes o alejados, en la práctica, de la iglesia, es también una  buena noticia, porque  por voluntad propia (como parece haber en el Papa y no pocos clérigos y creyentes) o por la imposibilidad de mantener este control moral sobre los ciudadanos (pretendido aún por judíos ortodoxos y clérigos y laicos cristianos muy conservadores), han  dejado de pensar en Estados confesionales.

¡Qué sigan las buenas noticias!