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Jueves, 28 de enero de 2021

Crispación

Se queja el Gobierno español actual, y yo también, de que hay mucha crispación. El Rey Felipe VI, que cuando habla de política lo hace con conocimiento del Gobierno –y si eso no es así, que lo desmienta una voz autorizada-, nos ha pedido a todos, en el contexto de la concesión de los Premios Princesa de Asturias, que todos hagamos un gran esfuerzo colectivo, un gran esfuerzo nacional de entendimiento y de concordia.

     Dice el Diccionario de la RAE que crispar es “causar contracción repentina y pasajera en el tejido muscular o en cualquier otro de naturaleza contráctil”. Pues menos mal, porque la crispación puede ser dolorosa, dolorosísima, pero si es pasajera no hay que alarmarse demasiado. Hay una segunda acepción del término crispar: “irritar, exasperar”. Esta segunda ya me parece más peligrosa. Por ejemplo, los ciudadanos están ya hasta el gorrito de discusiones estúpidas y sin sentido entre los partidos políticos. Con la que está cayendo –pandemia y crisis económica- nuestros políticos andan crispados con casi todo:

1) si el Gobierno tiene que atar más de cerca a los jueces o tiene que devolverles la independencia que, en una democracia digna de tal nombre, les corresponde, es decir, la anterior a 1985.

2) si los “cuidados paliativos” económicos, o sea, el Ingreso Mínimo Vital, está funcionando o no, que parece que más bien no y los pobres, que se las habían prometido medianamente felices, están cada día más crispados y más deprimidos, o si lo que hay que hacer es bajar los impuestos y dejar que los empresarios emprendan y creen puestos de trabajo.

3) que cómo se puede ayudar mejor a los enfermos graves o cuya enfermedad cursa con un intenso sufrimiento, si potenciando las Unidades de Cuidados Paliativos o facilitando el suicidio asistido y la eutanasia. Si es verdad o no que hay asociaciones de muerte digna que la ofrecen por el módico precio de unos pocos euros, o eso son leyendas urbanas que crispan el ambiente social sin fundamento.

4) que cómo se puede ayudar mejor a nuestros jóvenes mediante el sistema educativo, si consiguiendo que adquieran los títulos de Secundaria o de Bachillerato aunque atesoren unos cuantos suspensos -igualdad por abajo-, o fomentando la meritocracia a través de la Enseñanza privada en colegios, institutos y universidades de postín, o en Centros públicos convenientemente seleccionados -bastarían uno o dos cada 100.000 habitantes- que apliquen el proverbio de “el que hizo la ley hizo la trampa”, de modo que de esos centros públicos, que deberían fomentar la igualdad por abajo, salgan los mejores, no muchos, pero sí suficientes para “mantener el sistema” -igualdad por arriba-.

    Recuerdo que, en 1975, el ambiente estaba muy crispado entre dictadura o democracia. Y creo recordar también que los políticos franquistas, que eran una piara, se dejaron hacer, o incluso colaboraron activamente -capitaneados por el Rey Juan Carlos I, que todavía tenía poderes absolutos- a hacerse el harakiri político y dar paso voluntaria y conscientemente a la democracia; o sea, renunciaron al chollo, al privilegio y a la prebenda por las buenas. ¿Serán capaces los actuales partidos políticos de renunciar a algo o seguirán crispándose ellos e irritándonos y exasperándonos a nosotros? O de otra manera: ¿serán capaces de hacer unos cuantos Pactos de Estado, o unos meros acuerdos, aunque para ello tengan que recibir un empujoncito de las instituciones de la Unión Europea?

N.B.: por lógica y por sentido común tiene más capacidad de crispar el que tiene más poder, incluyendo el poder del PIR SL,  aunque el PIR SL diga lo contrario. Porque  “el Ser es y el no ser no es” (Parménides, filósofo griego).

Aclaración de siglas: el PIR es el “Ministerio” de Propagandas Iván Redondo…