Miércoles, 28 de octubre de 2020
Ciudad Rodrigo al día

Emplatando irresponsabilidad

Rubén Juy habla sobre lo que se vivió el viernes por la mañana en la Plaza Mayor de Salamanca con la grabación de MasterChef

Todavía recuerdo el primer día en el que vi un lobo, mi animal favorito de pequeño. Les tenía idolatrados; eran feroces, rápidos, y, en la pantalla de mi tele, parecían gigantes que pudieran tragar a una persona en apenas un segundo. Cuando tuve, frente a frente, a aquel animal, fue una de las mayores decepciones de mi vida. Era un perro distinto, nada más. Mismos rasgos, mismo color, pero no más grande que un chucho y, enjaulado detrás de unos barrotes, mostraba mucha más flaqueza que valentía. Realmente su apariencia me chocó, pero lo que me decepcionó, de verdad, fue mi credulidad ante aquello que se proyectaba en la pantalla de mi casa. Me habían engañado y yo, como un iluso, había pasado años de mi vida deseando encontrarme con estos animales y poder disfrutar de su presencia, aunque fuera tan solo unos segundos y separado de ellos por una valla.

¿Qué creéis que le habrán contado a sus familiares los cientos de personajes que se agolparon en la Plaza Mayor de Salamanca, a tan solo unas horas de decretarse el confinamiento de la ciudad, para ver a unas personas haciendo simplemente su trabajo? Realmente me los imagino llenando las redes sociales con fotos, a decenas de metros de ellos, dando gritos como gilipollas y saludando a unas personas que ni les miran. Pero una foto es una foto, y el decir que han estado viendo a sus particulares ‘lobos’ puede más que el contagiarse de un virus, que ojalá no sea letal ni para ellos mismos, ni para sus propios familiares.

¿De verdad hemos llegado a este nivel de fanatismo que hace cegar hasta nuestro propio sentido común y nos obliga a agolparnos, unos a otros, con el único objetivo de ver unas caras conocidas? ¿En serio? ¿Vivimos de forma tan imbécil? Son iguales que en la tele; me refiero a que, si os fijáis, tienen dos orejas, nariz, van vestidos, caminan, sonríen, hablan... ¡Son como nosotros! Que puñetera maravilla ¿verdad?

Si os soy sincero, para mí hay tres grupos de culpables principales en todo esto:

En primer lugar, a nivel político, el Ayuntamiento de Salamanca debería haber tenido las suficientes agallas como para negarse a acoger un evento así, viendo la situación que afronta la ciudad en estos momentos. Repito, esto ocurrió tan solo unas horas antes de que decretaran el cierre de la ciudad. Señor García Carbayo y demás gobierno provincial; yo entiendo que, detrás de ese rodaje habría mucho dinero para las arcas públicas, no digo que no, pero quizás, si hacemos cuentas, el coste sanitario, social y sentimental que puede causar ese programa, a la larga, va a ser mayor que los beneficios recibidos por el mismo. No sé, piénsenlo ustedes.

En segundo lugar, hay que apuntar hacia el propio programa, MasterChef. Mismo perro con distinto collar, pues el dinero mueve el mundo y este contenido televisivo se rige por lo que se rige; nada nuevo que nos sorprenda. La culpa es de quienes los ven, simple y llanamente. Sin público y sin pelas, se acabó el chollo.

Y, en último lugar y quizás los más importantes, todos y cada uno de los y las energúmenas que acudieron a semejante cita. La única explicación que encuentro a todo esto es que, cada una de esas personas han tenido la gran suerte de no tener ningún caso grave de Covid en sus familias o en sus propias carnes. No hay cabeza humana, con dos dedos de frente, en la que entre un comportamiento semejante en una situación de esta gravedad.

Personalmente, como salmantino que soy, me avergüenzo enormemente por dar una imagen así a la población española y al mundo entero, pues hoy en día las noticias rompen fronteras.

Tan solo deseo que los miles de contagiados que se van a producir en los siguientes días en mi provincia salgan para adelante sin problemas, exactamente igual que en el resto de España.

Hoy tengo que acabar con un refrán salmantino, no me queda otra.

“Salamanca no hace milagros, el que va jumento no vuelve sabio”.

Nos leemos el próximo domingo por aquí o, hasta entonces, por Instagram.

@rubenjuy