Miércoles, 28 de octubre de 2020

¿Qué pretendemos?

No es lícito –y la ciudadanía tendría que irse manifestando en tal sentido– que se esté utilizando la crisis sanitaria, provocada por el COVID-19, en esta segunda oleada en la que estamos, como arma de lucha política. Parece más bien una actitud miserable.

Porque la salud pública ha de estar por encima de intereses particulares o partidistas, sean del tipo que sean, así como por encima de los negocios, tengan también el carácter que tengan.

Ahora, cuando esta segunda oleada del ataque del virus corona no hace más que crecer, no se puede pedir que se desconfine la capital de España, cuando es uno de los focos europeos más atacado por la pandemia.

Y ahora, cuando Francia, Alemania y otros países europeos están tomando medidas severas, por lo eficaces que puedan ser, como toques de queda, diversos tipos de confinamientos y otras por el estilo, no es bueno que esa chulería, de la que se hace excesivo alarde entre nosotros, vaya en sentido contrario, porque es un acto de irresponsabilidad, porque también es un acto de falta de respeto por la salud de la ciudadanía.

¿Qué pretendemos? Las autoridades habrían de dotar mucho mejor a la sanidad pública de recursos y de personal humano. Los recortes de la misma y las políticas que se han escorado hacia los intereses privados ya vemos las consecuencias que traen de desatención y precariedad cuando llegan este tipo de pandemias.

E igual que hay que dotar de mayores recursos y de personal humano cualificado a la sanidad pública, ha de hacerse asimismo con la educación, pues, pese a todo, mantener, hasta donde sea posible, la transmisión presencial de la docencia y el desarrollo con la mayor normalidad que se pueda de los cursos es algo que nos beneficia a todos.

No puede ser que, mientras que Europa está comenzando a poner medidas, que indudablemente incomodan a la ciudadanía, en la medida en que impiden el desarrollo de la vida normal a la que estamos habituados, para frenar el repunte del virus corona en esta segunda oleada, lo mismo que está realizando la mayoría de las comunidades autónomas en nuestro país, la de Madrid se plante en sentido contrario, de un modo obstinado y desafiante, con una chulería que no es de recibo.

¿Es Madrid más España que el resto de España? ¿Es Madrid de primera y el resto del país cumple meramente una función subalterna y secundaria? Parece que por ahí fueran los tiros. Con lo cual, ese proceso descentralizador y modernizador que hemos emprendido como país, con todas las dificultades y contradicciones, a lo largo de nuestra andadura democrática, parece que hubiera fuerzas que lo ponen en cuestión.

¿Es eso lo que se quiere? Posiblemente, el sentir mayoritario de la ciudadanía estará sintiendo: “No es eso, no es eso”.