Viernes, 23 de octubre de 2020

Los obreros macoteranos que emigraron a los Alpes en 1961

El investigador y maestro, Timi Cuesta, rescata esta imagen en el jardín de la estación y recupera la historia de este grupo de salmantinos

Me he hecho con la fotografía de los obreros macoteranos que marcharon a los Alpes, y que fueron los pioneros de la emigración en 1961. No están todos, pues lo más jóvenes se marcharon de pindongo. Entre ellos, se encontraban Juan Machaca, José el Cabra, Miguel Barroso, Miguel Berrendo, Pedro Hernández, Francisco Purina y Antonio Pondera. Todos los demás posaron ante la cámara en el jardín de la estación.

Me resulta difícil tratar con rigor la emigración macoterana al extranjero por su dispersión y porque no se conservan datos de antaño en el Instituto de Emigración de Salamanca. Por ello, he optado por echar mano de la experiencia de José el Cabra y de su cuñado Antonio Seisdedos, dos de los integrantes de la primera hornada de macoteranos, que, en abril de 1961, partió hacia Francia rumbo a los Alpes.

“El trabajo no era un regalito: la corta de pinos. La operación entrañaba un peligro terrible. Los pinos habían crecido en una ladera empinada y el abismo te esperaba abajo. Para poder serrar un tronco teníamos que agarrarnos a otro, porque, al menor descuido, te precipitabas a tumba abierta” “Vivíamos en barracones y fuimos engañados”, - me cuenta José. No aguantaron más que quince días.

“En un autocar, llegamos a Grenoble y, con tanta curva y vericueto, el piso del vehículo parecía una piscina”. Seguieron viaje hasta Lyon, y tres días a pan y agua, les dieron de comer en un restaurante pequeño. “Entrábamos de siete en siete. Teníamos más hambre que los pollos de Manolo”. La mayor parte regresó a Macotera sin cumplir el contrato. “Quedamos unos cuantos: Antonio el Seisdedos, mi hermano Mateo y yo. No recuerdo si permaneció alguno más. Hablamos con un refugiado político español, encargado del Instituto Nacional de Emigración, y él nos buscó un nuevo trabajo.”

Teníamos tres opciones: fábrica, construcción y agricultura. Nosotros elegimos agricultura, pues era un trabajo que conocíamos bien del pueblo”, dice Antonio Seisdedos.

Regresaron en Navidad y, poco después, José marchó a rozar al campo de Salamanca, a la finca Turra, cercana a Vecinos, propiedad de don Alipio Pérez Tabernero. “Me harté de trabajar con el pico y volví a Francia de turista, con dos c.. y un palo”.

En aquellos años, Francia estaba en guerra por la independencia de Argelia. “Recuerdo que la señora Anita la Gala le dijo a mi madre, Quica la Bellota: “¿Cómo dejas ir a tu hijo a Francia si están en guerra?”

En este segundo viaje, a José el Cabra le fueron mejor las cosas. Entró a trabajar en R.B.A (Resines y Barnices Artificiales), una fábrica de productos químicos, desde marzo del 62 hasta junio de 69. De aquí, ingresó en una filial de la Renault hasta que, en el 77, decidió volver a España.

“Nos exprimían lo que podían y, si les daba la ocasión, se quedaban con alguna perra; en cambio, nos dieron un trato correcto. La cosa cambiaba a nuestro favor una vez conseguías la carta de trabajo”, - me comenta Antonio Seisdedos.

“Recordamos a los macoteranos que trabajaron en Lyon y en su entorno: Francisco Purina; José el Cabra, sus hermanos, Mateo, Teresa y Andrés; Juan el Comenencias y su hermano Gene; Antonio Pondera y su hermano Francisco; Antonio Placidín; José el Belloto; Marino y Rufo Esquiliches, y sus primos, Juan Manuel y Gabriel.”

Se casaron varios de ellos y llevaron a sus mujeres.

En el norte de París, había una buena colonia de macoteranos. Me da nombres, pero seguro que no recuerda la mitad de ellos: Los Rubios, los Hernández, Jerónimo Punzón, Tacones, Alejandro Pilili.

En Estrasburgo, otro grupo de macoteranos trabajaron en la metalurgía:Jerónimo Sánchez, su hermano Serafín, Antonio el Sacristán, Fernando Ronquillo, Juan Machaca, Laureano Guiña y su hermano Antonio, Gabriel Sandín, Rogelio Gallinero y Miguel Gallique.

Timi Cuesta