Lunes, 26 de octubre de 2020

El coronavirus se hace universitario

El avance epidemiológico en los ámbitos de la enseñanza universitaria ha producido un inesperado crecimiento

Llevamos ya siete meses en que parece que no sabemos hablar de otro tema que del coronavirus. Pasamos hace cuatro meses la primera ola de la pandemia y estamos plenamente metidos en la segunda. Con preocupación, además, de que pronto nos puede llegar una tercera ola. Y con el agravante de que puede llegar la gripe estacional, que despiste la evaluación diferenciadora de estas dos enfermedades, y complique la asistencia de ellas en nuestros hospitales.

Después de las preocupaciones habidas por el avance de la pandemia en Aragón y Cataluña, la atención se ha centrado fundamentalmente en la situación y el avance de los contagios en la comunidad de Madrid.

En la comunidad de Castilla y León ha habido acuerdo sobre la forma de afrontar la pandemia en nuestras fronteras. Superado ya el confinamiento de Valladolid, Miranda de Ebro y Salamanca, primero, y a punto de concluirse los de León y Palencia, la comunidad parecía estar en camino de doblegar la orientación creciente de la pandemia.

Hace un mes se temía el crecimiento de los contagios como efecto de la apertura de los colegios de infantil y primaria o secundaria. Pero da la impresión de que eso ha quedado en un avance menor y que sólo ha causado el cierre de algunas unidades escolares.

En cambio, el avance epidemiológico en los ámbitos de la enseñanza universitaria ha producido un inesperado crecimiento. Y esto es muy notable particularmente en Salamanca, ciudad que funciona normalmente en torno a las aulas de la universidad; o universidades, puesto que en nuestro caso tenemos que considerar las dos universidades, la civil y la Pontificia.

El inicio del curso universitario ha traído los tradicionales abusos de las pruebas o inocentadas del comienzo de la actividad escolar. En Salamanca, el rector de la Universidad ha tenido que castigar a cerca de cuarenta jóvenes a ser privados de la asistencia a las clases regulares por no cumplir la normativa de la universidad.

Pero los contagios han seguido adelante porque los estudiantes, o al menos muchos de ellos, no tienen en cuenta las orientaciones de la autoridad sanitaria, y se encuentran en grupos en las terrazas de los bares y en los bares nocturnos o de copas. Y se saludan, se besan, se abrazan, bailan, beben por vasos o vasijas comunes, no llevan la mascarilla o no la llevan correctamente.

Parece que muchos jóvenes no se han tomado en serio los efectos del contagio general de la pandemia. Ni tienen en cuenta el propio contagio con las consecuencias de la enfermedad, ni mucho menos cuentan con el máximo riesgo de sus mayores, padres, abuelos, tíos y demás. Parece que tuvieran la idea de que la pandemia no contagia a los jóvenes o por lo menos no lo hace con tanta severidad.

Pero nuestro alcalde ha llamado la atención de los jóvenes pidiéndoles que cumplan las normas sanitarias, porque de hecho el contagio afecta en mayor proporción en este momento a los jóvenes entre los 15 y los 29 años.

En Salamanca en concreto, ha habido que clausurar tres colegios mayores universitarios. También en Granada ha sido clausurado otro colegio mayor.

¿A qué será debida la irresponsabilidad de nuestros jóvenes universitarios? ¿Simplemente a los naturales impulsos juveniles? ¿A la mala educación que en muchos casos no tiene en cuenta las necesidades y los derechos de los demás? Creo que tendremos que tomarnos más en serio también los mayores la situación y la educación de nuestros jóvenes.

El virus se está cebando con nuestros universitarios. ¿Podremos decir razonablemente que el virus ha querido hacerse también universitario?