Viernes, 30 de octubre de 2020

La sombra de Miguel Delibes es alargada

Me percaté entonces de que la alegría es un estado del alma y no una cualidad de las cosas. Que las cosas en sí mismas no son alegres ni tristes, sino que se limitan a reflejar el tono con que nosotros las envolvemos

M. DELIBES, La Sombra del ciprés es alargada

 

…los protagonistas de mis relatos son inevitablemente perdedores, aplastados por la sociedad, la ignorancia, la política, la organización o el dinero, aquellos recursos que se vale el dictador para imponer su dominio.

M. DELIBES, Parábola del náufrago.

 

El 17 de octubre de 2020 se celebran cien años del nacimiento de Miguel Delibes, uno de los mejores escritores de nuestra lengua y de los más leídos junto con Camilo José Cela y Torrente Ballester. Tanto lectores como críticos coinciden en que se trata de uno de los autores más sobresalientes y más queridos por su honestidad para reflejar esos seres humanos corrientes con toda su carga a cuestas, un gran explorador del alma humana. Para todos, un clásico. Según palabras de Ítalo Calvino, los clásicos nunca terminan de decir lo que tienen que decir, de ahí que su potencial recorrido se antoje infinito. Solo por eso, sería un buen momento no solo para leer o releer sus obras, sino para reeditar sus obras completas.

Comentaba don Miguel, que su vida como escritor no sería como ha sido sino se apoyase en un fondo moral. Etica y estética han ido de la mano en su obra y en los aspectos de su vida. Se dio a conocer como escritor en el año 1947 al recibir el premio Nadal con su obra La sombra del ciprés es alargada, un viaje por dos de las que luego serán sus constantes narrativas: la infancia y la muerte. La muerte no es un tema recurrente, sino una parte esencial y determinante de sus obras, a través de la muerte alcanza su visión del mundo.

Nació en Valladolid en 1920, ciudad en la que también fallecerá. En plena postguerra termina la carrera de Comercio y comienza la de Derecho, será catedrático de Historia de la Cultura en la Escuela de Comercio. En 1941 ingresa como caricaturista en el diario vallisoletano El Norte de Castilla debido a su talento como dibujante. En Madrid realizará un curso intensivo de periodismo en 1943 y al año siguiente es nombrado redactor del periódico, profesión que simultaneará con la docencia. En 1958 será nombrado director del periódico El Norte de Castilla, año que publica su sexta novela Diario de un emigrante, dedicada a su esposa Ángeles de Castro.

Se jubilará como director del periódico, no sin dejarnos numerosas obras: Aún es de día, Mi idolatrado hijo Sisí, Diario de un cazador, (por el que se le concedió el Premio Nacional de Literatura “Cervantes” de 1955), La partida, El loco, Los raíles, La barbería, Siestas con viento sur (Premio Fastenrath), Diario de un emigrante, La hoja roja, Por esos mundos, Las ratas (premio de la crítica en Narrativa Castellana), el Hereje, etc.  En 1973 será nombrado Miembro de la Real Academia Española, para ocupar la letra “e” minúscula. En 1983, Premio Príncipe de Asturias de las Letras, que compartirá con Gonzalo Torrente Ballester; y, en 1991, Premio Nacional de las Letras Españolas entre otros grandes premios.

Quisiéramos detenernos en una de sus novelas que para muchos resulta atípica en el conjunto de su obra, ya que rompe con el contenido de sus novelas en conjunto y en ella Miguel Delibes da un salto del realismo social a la literatura fantástica. Se trata de la novela Parábola del náufrago, publicada en la editorial Destino, en junio del año 1969. Una de las obras más atrevidas e importantes de la postguerra. En ella el autor resume las inquietudes sociales y las preocupaciones sociológicas del sistema económico y político de su tiempo, así como el mundo caótico por el que se caminaba presionados por las imposiciones de la burocracia y la tecnología de la que ya no sabemos desprendernos.

Parábola del náufrago, no es una novela, es una parábola que comienza con una frase de Max Horkheimer: “Mi sentimiento principal es el miedo”. El miedo es la pasta con la que se hacen los testigos, la liberación comienza en el instante en que el miedo a uno mismo, al propio desprecio, es mayor que la opresión de la sociedad. En esta obra, el autor quiere dar una fuerte punzada por sorpresa a todo aquello que suena podrido y paternalista en el capitalismo de esos años. Delibes ataca cualquier dictadura y todo tipo de prepotencias, también las diferentes formas de la sociedad consumista que homologa las diferencias humanas con retóricas litúrgicas y lenguajes sin contenido. Es la parábola de un naufrago social que a todos nos atañe.

Jacinto San José, el protagonista, es el esquema caricaturesco del López, empleado modélico en la firma “Don Abdón S. L.”. Jacinto es un náufrago a la deriva y a punto de naufragar en un mundo deshumanizado en el que se mueve desde niño, un mundo despóticamente paternalista y arrogante que ha reducido al ser humano a un grisáceo servilismo. Es una denuncia valiente por parte del autor, de un ficticio y nefasto sistema de relación entre el poder represivo y el individuo temeroso y alienado.

Es necesario hacer referencia a La metamorfosis de Franz Kafka, que ya planteaba una situación paralela, al igual que los símbolos que ambos novelistas hacen uso, además, ambos protagonistas se asemejan de alguna manera. Los protagonistas de las novelas de Kafka y de Delibes, son seres intranscendentes inmersos en un sistema laboral opresivo que les conduce a la degradación física y moral. Ambos protagonistas, se acaban convirtiendo en seres irracionales, incapaces de mantener una convivencia lógica y normalizada con otras personas en la cotidianidad de la existencia.

Miguel Delibes, siempre entendió su oficio de escritor como una conciencia de su tiempo, como podemos ver en obras como El camino, Los santos inocentes, El disputado voto del señor Cayo o en El hereje, así como en Parábola del náufrago. El lenguaje satírico y crítico de Delibes abarca no solo a la sociedad de su tiempo, también a la nuestra: la violencia, la explotación del hombre, la dictadura, el paternalismo, el consumismo, la hipocresía, la soledad o la indiferencia. Su mirada crítica ante la vida y el mundo que le a tocado vivir se refleja en una denuncia serena y honrada en la mayoría de sus obras, en ellas levanta muros que separan y excluyen, ya que amaba profundamente al ser humano y a la naturaleza.

Sirvan estas palabras para un homenaje personal en el centenario de su nacimiento, para uno de mis escritores de cabecera y más queridos, que con el tiempo se ha intensificado en su palabra y en sus obras, un clásico que todavía tiene mucho que comentar y decirnos.