Lunes, 26 de octubre de 2020

Estamos perdiendo calidad de vida

“La existencia está tejida de un material de mala calidad que se encoge con el uso” (Rosa Montero)

La única manera de salvar el planeta. Cuando se trata de proteger el medio ambiente, casi cualquier sistema social sería mejor que el que tenemos ahora. El capitalismo es la primera organización social en la historia humana en poner en peligro la supervivencia de nuestra especie y la vida en la tierra en general.

El capitalismo ofrece incentivos para explotar y destruir la naturaleza, y crea una sociedad atomizada que es incapaz de proteger el medio ambiente. Las empresas están autorizadas para fabricar millones de toneladas de plástico, cuya mayor parte son envases desechables, a pesar de no tener un plan para deshacerse de ellos, ni tan siquiera una idea de qué va a pasar con todo eso: el plástico no se descompone, por lo que la basura de plástico está llenando el océano y aparece en los cuerpos de las criaturas marinas, pudiendo durar millones de años.

Para salvar a los rinocerontes amenazados por los cazadores furtivos, quienes los protegen de la caza han comenzado a cortarles sus valiosos cuernos; pero los cazadores furtivos los están matando de todos modos, porque una vez que se hayan extinguido, el valor de los pequeños trozos que queden de marfil de rinoceronte se pondrá por las nubes.

 Para evitar que el cambio climático global provoque un colapso ecológico total, para detener la contaminación y la superpoblación que matará a la mayoría de la población de mamíferos, aves, anfibios y la vida marina del planeta, tenemos que cambiar rotundamente nuestra forma de vida, tenemos que implicarnos en soluciones, y en participar activamente en las tareas de nuestra colectividad, ser menos beligerantes y poner de manifiesto nuestra educación, nuestro sentido común, y del deber etcétera, en las próximas décadas.

El efecto invernadero ha sido ampliamente reconocido desde hace casi dos décadas. Lo mejor que ha creado la ingenua reputación del libre mercado, es el comercio del carbono, una farsa ridícula. La primera preocupación de un gobierno es siempre mantener su propio poder, y construye la base de ese poder en las relaciones económicas. La élite gobernante debe mantener una posición privilegiada y ese privilegio depende de la explotación de otras personas y del medio ambiente.

Las sociedades locales e igualitarias, unidas por la comunicación global y la toma de conciencia, son la mejor oportunidad para salvar el medio ambiente. Las economías autosuficientes y autónomas no dejan casi ninguna huella de carbono. No necesitan del petróleo para importar mercancías y exportar desechos, ni de grandes cantidades de electricidad para mover complejos industriales y así producir bienes para la exportación.

Deben producir la mayor parte de su energía por ellos mismos a través de la energía solar, eólica, biocombustibles y tecnologías similares, y se basan más en lo que se puede hacer manualmente que en los aparatos eléctricos. Tales sociedades contaminan menos, ya que tienen menos incentivos para la producción en masa y no tienen los medios para volcar sus desechos en las tierras de otros.

En lugar de aeropuertos repletos, autopistas atestadas por el tráfico y largos desplazamientos al trabajo, podemos imaginar bicicletas, autobuses, trenes interregionales y veleros. Podemos comenzar a construir un mundo ahora, aprendiendo de las sociedades indígenas ecológicamente sostenibles, saboteando y avergonzando a quienes contaminan, extendiendo el amor por la naturaleza y la conciencia de nuestras regiones y estableciendo proyectos que nos permitan satisfacer nuestras necesidades de alimentos, agua y energía a nivel local.

No queremos entrar por el aro, de forma  organizada, sosegada y en paz, de que hay que cambiar radicalmente nuestro sistema de vida, que hemos de estar preocupados, por ir formando un mundo menos mercantilista, menos capitalista, y enfrascado en el tener en vez del ser, y eso, ya lo estamos viendo, ira pasando la factura, nos ira venciendo, sucumbiremos por la degradación codiciosa, egoísta y perniciosa, que venimos haciendo por tierra, mar y aire.

Pueden, si lo quieren comprobar, tan solo mirando a su alrededor, parándose a pensar por un momento, las barbaridades que estamos cometiendo todos, donde incluso nos va llegando la deshumanización, la ausencia de empatía, el compartir, sentirse querido, sin poder dar suelta a tus emociones y alegrías.

No se trata de trazar un mundo trágico y desgraciado, por la sencilla razón que hay aún recursos para evitarlo, pero evidentemente será nuestra responsabilidad ponernos ya; a trabajar, a colaborar incluso a exigir y participar en ese cambio… De lo contrario… ya estamos siendo advertidos…

¡Y aquí lo dejo!...

                Fermín González  salamancartvaldia.es         blog taurinerias