Viernes, 30 de octubre de 2020

Por glorificar el nombre

Cuando estas líneas vean la luz, más de 70.000 hombres y mujeres estarán celebrando la festividad de su Patrona, la Virgen del Pilar. Y lo harán a su manera, sin alharacas, con el mismo empeño y dedicación de siempre. Como para otros muchos españoles, para el guardia civil, el servicio abarca los 365 días del año.

La Virgen del Pilar comenzó a extender su manto sobre la Guardia Civil desde que en1964 se creó el Colegio de Guardias Jóvenes en Valdemoro y su primer capellán colocó una imagen de la Virgen del Pilar en la capilla –que todavía se conserva. Aquella devoción inculcada en el corazón de los jóvenes “polillas” fue suficiente para que todo el Cuerpo la venerara y Alfonso XIII firmara una Real orden circular, el 8 de febrero de 1913, por la que se proclamaba oficialmente este patronazgo.

Pocos guardias civiles se verán libres de vestir el uniforme en el día de hoy. Unos, porque lo primero es el servicio. La seguridad, el tráfico, el orden público y la persecución del delito no saben de fiestas ni de patronas. Otros, porque esa gran familia que se reúne en el segundo hogar que para todo guardia representa su cuartel, quiere rezar a la Virgen, homenajear a los compañeros que dejaron este mundo por razón de edad, o dando su vida para salvar las nuestras. También para brindar para que todos los servicios que vengan a continuación sirvan para glorificar aún más el nombre de este Benemérito Instituto, y que todos los españoles nos sintamos más seguros y tranquilos.

Cuando el duque de Ahumada tuvo la idea de crear este instituto armado, es muy posible que no entrara en sus cálculos la pervivencia del mismo 176 años después. La especial naturaleza de un cuerpo armado que nace con el apellido de civil, pero con esencia de fuerza armada, ha hecho de la Guardia Civil una institución peculiar dentro de las fuerzas de orden y seguridad de las diferentes naciones de nuestro entorno. La nomenclatura y formación castrense de sus componentes ha servido, en más de una ocasión, para que algunos políticos recelaran de que la Guardia Civil fuera en realidad una unidad más del Ejército.

Siendo fieles a nuestra historia debemos reconocer que nunca ha estado dotada del armamento y material propiamente necesarios para el combate. Es más, hasta bien entrada esta última etapa democrática, la dotación de instalaciones, armamento y material de nuestros guardias dejaban mucho que desear. El duro mosquetón Máuser, el viejo Land Rover de Santana, la pesada bicicleta, las casas cuartel sin servicios sanitarios y los exiguos salarios eran los lujos que convertían al guardia en esforzado cumplidor de su obligación, en condiciones difícilmente asumibles.

Aún tengo grabada la imagen de aquellos guardias (Turrión, Miguel, Jenaro, Cabaco,…) que visitaban a mi padre para que firmara el correspondiente boletín de correría. Veía cuerpos curtidos por fríos y calores extremos, que siempre llegaban tirando de su bicicleta, porque los caminos sólo eran transitables andando o en caballería. Nunca vi caras tristes ni quejas por el servicio. Bajo el prisma de un niño de siete u ocho años, eran superhombres a quienes todo el mundo respetaba, y temía. Poco a poco, fue anidando dentro de mí un sentimiento de admiración por la Guardia Civil. Admiración que persistía cuando, pasando los años, aquel niño se hizo joven y manifestó su vocación militar. La simpatía y cariño con que siempre me trataban se convirtió, de repente, en un continuo “acoso verbal” para que optara por ser Oficial de la Guardia Civil. Es muy posible que, en el subconsciente, algo influyera el uniforme, el concepto de disciplina o la idea de servicio para que mi vocación se dirigiera a la vida castrense. Pero lo cierto es que, desde siempre, mi vocación fue ser Oficial del Ejército. En mis años de cadete en Zaragoza, mi primera visita cada tarde de paseo –y la de muchos otros compañeros- era a la “Pilarica”.

Lo que nunca se borrará de mi corazón es el cariño y admiración que siento por este grupo de personas que llevan en su bandera el lema de paz y honor. Esas virtudes del Cuerpo han hecho que a lo largo de nuestra historia hayan podido escribir numerosas páginas de heroísmo y entrega en el cumplimiento de la misión encomendada. Ante graves desórdenes, lucha antiterrorista o calamidades de cualquier índole, la Guardia Civil siempre ha sido la primera ayuda para todo español en peligro.

Siempre estaremos en deuda con la Guardia Civil. La sensación de seguridad que transmite este benemérito cuerpo tiene su máxima expresión en el desasosiego que inunda a los habitantes de cualquier núcleo de población al que se le deja sin su cuartel de la Guardia Civil. Las regiones españolas contagiadas por el peligroso virus del separatismo han conseguido, a cambio de concesiones inconfesables, que la Guardia Civil abandone esos territorios en los que tantos compañeros perdieron su vida defendiendo la ley y el orden, y donde también ayudaron a españoles como ellos azotados por catástrofes de todo orden.

La exquisita formación del Oficial de la Guardia Civil que sale de la Academia, junto a la eficacia, precisión y escrupulosidad con que desarrolla este Cuerpo su misión, lo han convertido en una de las fuerzas policiales con mayor prestigio del mundo. Es una lástima que algunos políticos hayan pretendido envilecer los principios de independencia y escrupulosidad que siempre fueron el lema de estos hombres y mujeres. Una de mis mayores satisfacciones profesionales ha sido asistir, como mayor representante del Ministerio de Defensa en una ciudad española, a su fiesta del Pilar. Nunca se olvidan de sus héroes. De los anónimos del día a día y de los caídos por defender la ley. Por eso, desde aquí, y por glorificar su nombre, quiero acabar proclamando:

    ¡¡VIVA ESPAÑA!!   ¡¡VIVA EL REY!!   ¡¡VIVA LA GUARDIA CIVIL!!