Martes, 20 de octubre de 2020

Los huertos familiares

 

 

“El pasado viernes el pleno del Ayuntamiento aprobó por unanimidad el reglamento y las bases para el funcionamiento de los 600 huertos urbanos de Salas Bajas, cuyas obras se encuentran ya en su recta final. La previsión es que las obras de este gran parque de 100.000 metros cuadrados concluyan en octubre. La previsión es que en enero del próximo año, se comiencen a entregar a quienes resulten adjudicatarios de estas pequeñas parcelas de 45 metros cuadrados para cultivo ecológico”.

Esta iniciativa se espabiló el recuerdo de los huertos familiares de Salas Pombo y aquella canción de mi pueblo que decía: “Todos pedimos un huerto/ para poner comer pan/…

“El folleto “5.000 huertos familiares en Salamanca”, publicado por Falange Española, se inicia con este titular  “El paro estacional, plaga social del campo de Salamanca”.

“ Se tenderá a dotar a cada familia campesina de una pequeña parcela, el huerto familiar, que le sirva para atender a sus necesidades elementales y ocupar su actividad en los días de paro”

                                                               (Párrafo 4º, libro V del Fuero del Trabajo).

Nunca había tecleado el ordenador con música de fondo, pero el tema de los huertos familiares me llevó a combinar las ideas con el tarareo del cantar; aquel cantar con el que el señor Agapito Blázquez, junto con el señor Jeromiche, su hija Vicenta, Remigia, Mónica la Porreta y su hermana Quica, Anita Cajarinas y Rosa Cabañas alegraron el carnaval del 1948.

“Todo pedimos un huerto/ para poner comer pan/…

El decreto de 14 de junio del 1950 explica la dimensión social de los huertos:

...el disfrute de ellos mediante el abono de un pequeño canon a obreros agrícolas, cabezas de familia que, con el cultivo de dicha clase de unidades, podrán obtener productos de consumo directo que completen su modesta economía familiar y que darán empleo a su actividad laboral durante los paros estacionales”.

El Ayuntamiento de Macotera disponía de un prado comunal, que le permitió llevar a cabo esta función social sin tener que recurrir a un gravoso desembolso. Pero, a pesar de esta situación ventajosa, tuvo que vencer otros inconvenientes: la oposición de los labradores que se sintieron perjudicados por la reducción de pastos para sus ganados y por las expropiaciones de fincas a que estos se vieron sometidos por el Gobierno Civil, en cumplimiento de la ley del 27 de abril de 1946, reguladora de la expropiación de inmuebles de carácter rústico por causa de interés social, para completar el lote demandado; en este caso, don Diego Salas Pombo, por la resistencia que ofrecieron algunos labradores, tuvo que tomar medidas tajantes, ya que el Ayuntamiento no podía, por sí solo, vencer la resistencia de algunos propietarios ni poseía predios que pudiera destinar a solventar la demanda de una numerosa población obrera.

Salas Pombo consciente de la situación económica del pueblo, en su visita a Macotera, por motivo de la inauguración del monumento al Sagrado Corazón de Jesús, el 10 de junio de l949, se reunió  con las autoridades locales, jefes de la Hermandad y de las Secciones Económica y Social y les dio cuenta de la concesión de una subvención de 24.037 pesetas para saneamiento de los huertos y apertura de accesos. Por la tarde, realizó una detenida visita a la zona adonde se encuentran los huertos, conversando ampliamente con las autoridades y los propios beneficiarios.

Salas Pombo entregó los títulos a los beneficiarios de los huertos el día 18 de mayo de 1947, domingo. Así lo narra el cronista de La Gaceta:

En la mañana del domingo, el gobernador civil hizo entrega en Macotera de 206 títulos de beneficiarios a otros tantos jornaleros agrícolas. El acto revistió gran solemnidad, pronunciando el gobernador civil un amplio discurso, en el que expuso las ideas del movimiento con relación a los problemas económicos y sociales de la agricultura”.

Como cuenta el diario provincial, en Macotera, se repartieron 206 huertos de una extensión de 0,11 Has (1.100 metros cuadrados) cada uno y que ocupan una superficie total de 33,36 Has (74,5 huebras), en total, incluidos los correspondientes a la Hermandad de Labradores Los huertos familiares fueron un alivio para los obreros:

Me lo contaba Miguelín, un obrero amigo:

“No nos faltó el caldero de patatas ni de fréjoles ni de tomates ni de manzanas ni de ciruelas ni de melocotones... Mataron muchas hambres. Allí sembrábamos de todo. Recuerdo que yo tenía dos manzanos que daban unas reinetas riquísimas. El mayor problema, que tuvieron los huertos, fue el agua. Yo tenía un pozo muy bueno, pero en el prao había poca agua, se las veían y deseaban para regar los cuatro o cinco canteros que cubrían los noventa y ocho estadales. Regábamos a cigüeñal y sacábamos quince o veinte calderos de agua y se agotaban, y mientras se recuperaba un poco el pozo, escardábamos los cuatro hierbajos y nos daba aún tiempo para echarnos un cigarro y un cacho  “parlao” con el vecino.

Las mujeres y los muchachos nos echaban una mano, pues nosotros teníamos que ir a segar o a ganar el jornal por las fincas de Salamanca y Ciudad Real. Recuerdo que me pagaron por cuatro meses, (120 días), en una finca de Ciudad Real, 1.000 pesetas. En cuatro meses, ganamos mil pesetas después de pagar el comestible. Pero, con el huerto, teníamos para saciar el hambre.

Con los céspedes, que se arrancaron del “prao”, se construyeron varias casetas donde guardábamos las herramientas y nos cobijábamos en los ratos de descanso: eran frescas en verano y calientes en  invierno”, me comentaba Miguelín.

La junta de huertanos la presidía Antonio Catalán, el jefe social (el hombre del traje de pana), como se le conocía en toda España)

Los huertos ya no tenían razón de ser, pues muchos obreros emigraron al extranjero y lo abandonaron. Aún se siguen cultivando algunos a la orilla del río. Se pueden contar con los dedos de la mano. El Ayuntamiento recuperó los restantes, ha cercado la zona y han recobrado su fisonomía original.