Viernes, 30 de octubre de 2020

Algo más que un rifirrafe (Unamuno y Millán-Astray)

Nada más mencionar el fusilamiento del poeta Rizal, el general legionario se puso en pie, golpeó la mesa con la mano, fuera de sí, y gritó: ¡Muera la intelectualidad traidora! Testigos presenciales de ese acto del Paraninfo, en las entrevistas con algunos biógrafos, aseguraban que sí hubo vehemencia y gran tensión. “En esso momentos se armó un gran alboroto, un enorme vocerío..., quizás ese día salvara la vida Unamuno por salir del Paraninfo acompañado de Carmen Polo y su escolta personal”.

Lo sucedido en el Paraninfo de la universidad salmantina en octubre de 1936, ha sido sido motivo de muy diversas polémicas, y aún lo sigue siendo. Y es que el tema –ya muy manido– desarrolla numerosas versiones que no concuerdan. A pesar de las últimas investigaciones, excelentes, de Severiano Delgado y del matrimonio Rabaté –prestigiosos hispanistas franceses biógrafos de Unamuno–, el asunto todavía va a dar mucho de sí. 

Qué pasaría si aparecieran ahora, más fotos, o un archivo sonoro de esos discursos y de la disputa entre Millán-Astray y Unamuno. En lo esencial sería más o menos lo ya dicho, y lo redicho, cambiando algunos aspectos anecdóticos. Últimamente se anuncian otros relatos inéditos de ese grave incidente en el auditorio universitario (“Miguel de Unamuno,1864-1936: convencer hasta la muerte”y nuevos documentos y notas sobre el “Resentimiento trágico de la vida” del matrimonio Rabaté, o el próximo film documental sobre Unamuno, de Manuel Menchón “Palabras para un fin del mundo”). Es la crónica del nunca acabar; pero tenemos nuestras sospechas que como en otras ocasiones hay un cierto sesgo por arrimar el ascua a la sardina de cada uno. Veremos.

En un principio, los altos mandos de los militares golpistas no le dieron demasiada relevancia a lo ocurrido en el Paraninfo. “En el cuartel general de Franco querían restar toda importancia al incidente, ni siquiera volver a mencionarlo”. Creemos que la obtusa sociedad charra y algunos antiguos compañeros, derechistas, agrandaron el percance, queriendo ser más papistas que el Papa para estigmatizar a Unamuno. Franco, ni sus generales, tenían tiempo para la riñas de salón entre el indócil Rector y el jefe de la Legión. Lo importante ­era la guerra y solo la guerra; ese era su gran negocio y preocupación.

Sean cual fuesen las palabras entrecruzadas por Millán-Astray y Unamuno, y ocurriera lo que ocurriera ese día en el Paraninfo –y a la salida de la universidad–, tuvo que ser dialéctica y emocionalmente muy violento el encontronazo que se vivió allí.

El investigador Severiano Delgado en su publicación (2019) Arqueología de un mito, afirma:“…Pero si nos atenemos a lo realmente sucedido, podemos asegurar que Unamuno fue destituido de sus cargos por haber denunciado abiertamente la represión sangrienta en la que se hallaba sumida Salamanca y la retaguardia”.

Unamuno, como se ha dicho siempre, no pensaba hablar. Realmente él no buscaba en un principio atacar a Millán-Astray (porque este no había hablado aún, ya que no estaba entre los conferenciantes). Pero tampoco tenía pensado postularse radicalmente, rechazando el nuevo régimen franquista ni sus barbaries. Solo quiso, indignado y desesperado, responder a las insinuaciones y ofensas de los discursos de Pemán y de los profesores Maldonado y Ramos Loscertales, que le parecieron execrables. Por eso criticó a los autores de la sublevación militar, aseverando que su guerra es salvaje e incivil; luego ataca su idea de anti-España y el desprecio de los fascistas hacia vascos y catalanes… Pero el tono de su voz sí que demostraba ese sentimiento doloroso –o resentimiento trágico– de lo que llevaba en su corazón y en su mente desde hace días (amigos asesinados o encarcelados, ejecuciones en las cunetas de gente de bien, inocentes, a manos de los sublevados...) Al final de su breve intervención sostuvo que el Imperio español no se basaba en la raza, sino en la lengua española, como José Rizal, ejemplo de la brutalidad agresiva e incivil de los militares. Nada más mencionar a Rizal, el general legionario se puso en pie, golpeó la mesa con la mano, fuera de sí, y gritó: ¡Muera la intelectualidad traidora! 

Testigos presenciales de ese acto del Paraninfo, en las entrevistas con algunos biógrafos, aseguraban que sí hubo vehemencia y gran tensión. El catedrático de Psiquiatría, P.L. Villamil: “…Terrible, aquello fue tremendo. Pasamos momentos de gran miedo…, con las ametralladoras y pistolas amartilladas de los legionarios y falangistas…, gritando con ademanes hostiles”. Y el dirigente de Renovación Española, Vegas Latapie: …”En ese momento se armó un gran alboroto, un enorme vocerío..., quizás ese día salvara la vida Unamuno por salir del Paraninfo acompañado de Carmen Polo y su escolta personal”.

Los exabruptos patrioteros de Millán-Astray, jaleados por los insultos, abucheos y amenazas, no acallaron a Unamuno. Como insinúan Salcedo y otros, ahí sí; ya se dijeron de todo. Unamuno:”…podréis vencer, pero no convencer…” 

Al final salió del brazo de doña Carmen Polo para evitar males mayores e irreparables. Todo ello, a pesar de que las fotos publicadas (habría más, censuradas) y las noticias de prensa salmantinas no demuestren esa violencia final ni publican las polémicas palabras de Unamuno.Y eso es así porque Millán-Astray lo controlaba todo, pues aunque formalmente aún no fue nombrado jefe de la Oficina de Prensa y Propaganda de la dictadura franquista, ejercía como tal. Y temían dar una malísima imagen a España y al mundo entero, y más estando presente el obispo de la ciudad y la esposa del jefe del Estado y generalísimo de los militares insurrectos, y serían las primeras imágenes que se publicarían de un importante acto de los sublevados.

El final de la ceremonia fue de todo menos “brutalmente banal”, entre chillidos y fanfarronadas patrioteras.