Miércoles, 28 de octubre de 2020

"Hoy estamos en torno a 300 monjas contemplativas. Hay mucho envejecimiento pero tenemos esperanza”

Asegura que los tiempos estan cambiando y que “donde hay un grupo grande, de hermanas jóvenes con capacidad de dialogo con el mundo, las vocaciones acuden, no faltan. Pero en las comunidades que se agotan por edad o circunstancias están en un fin de ciclo”
José Carlos López, responsable del Servicio de Vida contemplativa de la Diócesis de Salamanca

La situación de los Monasterios y conventos en Salamanca no pasa por su mejor momento. Tiempos de incertidumbre, en el que la avanzada edad de buena parte de sus moradores y la falta de vocaciones ante la vida contemplativa, están llevando a estas históricas congregaciones a una situación delicada, que vislumbra un complicado futuro ya a corto plazo.

El sacerdote diocesano José Carlos López Alejo, integrante de la directiva del Servicio diocesano de Monasterios de Vida contemplativa, realiza una radiografía del momento actual de la fe y muestra la realidad que hoy se vive tras los muros, además de no esconder la necesidad de un cambio en el modelo para darle continuidad a esta variante vital de la fe.

 

¿Cómo ve la situación actual de los Monasterios y conventos en Salamanca?

J.C.L: Pues hoy tenemos Monasterios con muchísima vida como el de Cantalapiedra con más de 50 monjas y por el contrario tenemos lugares muy vacíos…Estamos en una situación difícil pero también tenemos signos de esperanza. Hay lugares como el Monasterio de las Carmelitas Descalzas de Alba de Tormes, en el que descansa el cuerpo de Santa Teresa…lugares como este, tan especiales, tenemos que cuidarlos con mimo.

¿La edad es el principal problema al que se enfrenta la vida contemplativa en la provincia?

J.C.L: Esta muy envejecida aunque hay esperanza. Lugares como Mancera de Abajo, con 20 monjas también representan ese futuro. Por el contra vemos lugares históricos como los conventos de las Úrsulas o Santa Clara en Salamanca, que los hemos visto cerrar, algo que se repite por ejemplo en el de las Carmelitas de Ledesma, que ya llevan varios años cerrados.

¿Tiene un censo sobre los religiosos que hoy habitan en la vida contemplativa?

J.C.L: Abarcamos dos Diócesis, la de Salamanca y la de Ciudad Rodrigo. Pero podría decir que estamos en torno a 300 monjas contemplativas. Puede parecernos una cifra muy alta pero no tiene nada que ver con lo que hubo…Hay que tener en cuenta que tiempo atrás donde hoy hay 10 monjas antes había 20 y así podríamos seguir en los 20 Monasterios que hoy se mantienen en activo.

¿Con este planteamiento hoy, considera que hay exceso de Monasterios?

J.C.L: No sé si es así. Nosotros somos herederos de una situación anterior. En todas las ciudades históricas como Salamanca hay muchos Monasterios, no solo de monjas, sino de frailes, aunque estos últimos llevan la vida de otra manera y asumen las dificultades de hoy de otra forma, mientras que para la vida monástica, ser menos de diez es una tragedia. Un ejemplo lo encontramos en Alba de Tormes. Los Carmelitas de ahí, los frailes, llevan siendo dos unos cuantos años, pero ahora han nombrado un Prior para Alba y Salamanca, asique entre las dos serán seis en total, por lo que no presentan gran dificultad actualmente.

¿Cuál es el número mínimo de monjas para poder mantener un convento?

J.C.L: Pues según la ley actual deberían ser seis. Pero no es lo mismo un lugar en el que hay seis jóvenes, con proyección espiritual importante, que uno en el que hay seis mayores que requieren de personas que las cuiden y ayuden. La situación es muy desigual en general.

¿Cree que el cambio de los tiempos está haciendo mella en las vocaciones de vida contemplativa?

J.C.L: Claro, pero como en todo. Familia, vida social…todo está cambiando. Hay estilos de vida monástica que son antiguos, se necesita una enorme vitalidad. Donde hay un grupo grande, de hermanas jóvenes con capacidad de dialogo con el mundo, las vocaciones acuden, no faltan. Pero en las comunidades que se agotan por edad o circunstancias creo que debemos tener claro que estamos asistiendo al final de un ciclo…Se trata de seguir adelante, de continuar anunciando el evangelio adaptados a este tiempo. Hay ejemplos de desaparición como el Monasterio de las Úrsulas, en Salamanca. El Arzobispo Fonseca construyo una iglesia y un mausoleo maravilloso, fundando una congregación para que rezaran por él y cuidaran ese estilo. Hoy todo eso está agotado… ¿Quién hoy puede tener la sensibilidad de fundar algo así para enterrarse allí y que recen por él? Esto ya no puede ser, son cuestiones heredadas pero que nosotros hoy no podemos considerar como objeto de culto, sino turístico y cultural de enorme calibre sin duda. Estamos en otra batalla bien distinta a esta.

¿Haría un vaticino sobre el futuro de la vida consagrada a una década vista?

J.C.L: No me atrevo a realizarlo sinceramente. Sí que es verdad que por ley natural, por edad de las hermanas, el 50% de los monasterios puede desaparecer en unos pocos años, sin duda. En lugares así, tiene que producirse un cataclismo vocacional para que esto sobreviva y siga. Es una grave preocupación pero para nosotros debe ser un motivo para trabajar por permanecer en la vida consagrada.

Si hubiera alguien que tuviera hoy el pellizco de la vocación y necesitara ese impulso para dar el paso ¿Qué le diría?

J.C.L: Que llame a las puertas de cualquier Monasterio, probablemente se encontrara con la sorpresa. Si sienten inquietud espiritual por ello que no duden, que den el paso y se acerquen a cualquiera de ellos o pregunte a cualquier sacerdote.